Al parecer, ninguno de aquellos dos corazones podía encontrar la calma.
El sueño se negaba a llegar.
Jaejoong permanecía sentado sobre la cama, completamente a oscuras. Apenas la luz amarillenta de los faroles de la calle se colaba entre las cortinas y dibujaba sombras sobre el piso.
En la casa vecina, Yunho se abrigó y salió al jardín.
La noche era fría.
El viento arrastraba hojas secas que iban acumulándose a sus pies mientras él mantenía la vista fija en una única ventana.
Solo una pregunta ocupaba su mente.
"¿Me amarás mañana?"
La misma que Jaejoong le había hecho, tímidamente, aquella noche.
Ahora era él quien deseaba conocer la respuesta.
Las horas seguían avanzando.
El amanecer se acercaba.
Yunho cerró los ojos.
—Te amo...
El viento se llevó el susurro.
Esperó.
Esperó mucho tiempo.
Pero la ventana nunca se abrió.
Una pequeña sonrisa, triste y resignada, apareció en su rostro.
—Está bien...
Regresó lentamente a su habitación.
Las maletas ya estaban listas.
Solo quedaba marcharse.
Comenzar una vida lejos de allí.
Lejos de él.
Mientras tanto...
Jaejoong tampoco lograba dormir.
Se levantó varias veces.
Caminó de un lado a otro de la habitación.
Finalmente reunió valor.
Se acercó a la ventana.
Su corazón golpeaba con fuerza contra el pecho.
Con manos temblorosas corrió apenas las cortinas.
...
No había nadie.
Bajó lentamente la mirada.
Una extraña sensación de vacío le oprimió el pecho.
Ya no quedaba nada.
Al amanecer...
Junsu dudó varias veces antes de hablar.
—Sabes que Yoochun y yo...
Jaejoong levantó la vista.
—Anoche los chicos hicieron una reunión para despedir a...
Guardó silencio.
—...a Yunho.
Jaejoong permaneció indiferente.
—No me importa.
Junsu respiró hondo.
—Se emborrachó.
Otra pausa.
—Y gritó tu nombre.
Silencio.
—¿Qué dijo?
—"Kim Jaejoong... te extraño."
Jaejoong bajó la mirada.
En ese instante llamaron a la puerta.
Jaejoong frunció el ceño.
—¿Qué haces aquí?
Changmin permaneció unos segundos en silencio.
Jaejoong volvió a preguntar.
—¿Qué haces aquí?
Changmin entró despacio.
—Es muy cómodo ser la víctima de esta historia.
Jaejoong levantó la cabeza.
—¿Qué?
—Aceptemos algo.
Yunho fue un idiota.
Nadie lo discute.
Pero ya pagó por lo que hizo.
Jaejoong hizo una mueca.
Changmin continuó.
—Ese hombre te ama.
—No.
Lo que siente es culpa.
Si el accidente nunca hubiera ocurrido, seguiría siendo el mismo bravucón.
Changmin negó con la cabeza.
—Eso son suposiciones.
La realidad es otra.
Respiró profundamente.
—Lo que ves hoy es un chico profundamente enamorado.
Hizo una pausa y añadió con total seriedad:
—Y deja de mirarme así.
Hasta yo me sorprendo de estar diciendo cosas tan románticas.
Creo que debo dejar de ver tantos doramas.
Junsu soltó una risa que no consiguió contener.
Incluso Jaejoong estuvo a punto de sonreír.
Pero volvió a ponerse serio.
—No tienes idea de cómo me siento.
Changmin asintió.
—Tienes razón.
No la tengo.
Pero sí sé una cosa.
Llevas tanto tiempo abrazado a tu dolor que ya no sabes vivir sin él.
El cuarto quedó en silencio.
Changmin continuó con voz más tranquila.
—No te estoy diciendo que olvides lo que pasó.
Ni que finjas que nunca sufriste.
Solo pregúntate algo...
¿Quién es Yunho hoy?
No el niño.
No el adolescente.
El hombre que tienes delante.
Jaejoong permanecía inmóvil.
Changmin dio un último paso hacia él.
—Porque ese hombre está dispuesto a perderlo todo por ti.
Y tú...
¿De verdad estás dispuesto a perderlo a él?
Jaejoong no respondió.
Miró a Junsu.
—¿Escuchaste lo que acaba de decir?
Junsu sonrió con timidez.
—La verdad...
No me pareció tan descabellado.
Changmin suspiró.
—Ya dije lo que tenía que decir.
Miró el reloj.
—En dos horas Yunho se irá.
Tal vez no vuelvas a verlo nunca más.
Se dirigió hacia la puerta.
Antes de salir añadió:
—Si decides quedarte aquí lamentándote...
Que sea porque realmente ya no lo amas.
No porque tengas miedo.
La puerta se cerró.
Quedaron solo Jaejoong y Junsu.
Junsu respiró hondo.
—Yo pienso que...
Jaejoong levantó una mano.
Con una pequeña sonrisa cansada.
—No...
Por favor.
Ahora no.
Más tarde...
Jaejoong permanecía junto a la ventana.
La señora Kim lo observó unos instantes antes de hablar.
—¿Piensas seguir escondido detrás de esa ventana el resto de tu vida?
Jaejoong hizo una leve mueca.
—¿Qué dices, mamá?
Ella sonrió con ternura.
—El amor es dulce... y también es agraz. Llena tus recuerdos con la parte dulce y aprende a perdonar la amarga. Si el amor es verdadero, entre los dos podrán superar lo que duele.
Jaejoong bajó la mirada.
—¿Lo... agraz?
—Sí. Ningún amor está libre de heridas. Lo importante es decidir si vale la pena curarlas juntos.
Jaejoong permaneció en silencio.
Los minutos seguían pasando.
Sentado al borde de su cama, Yunho veía avanzar las manecillas del reloj con una rapidez desesperante.
Miró hacia la ventana de la casa vecina, pero no tuvo el valor de acercarse.
Se levantó y revisó una vez más su equipaje. Abrió un cajón, tomó su pasaporte y volvió a mirar la ventana.
Respiró hondo.
Tomó la maleta y bajó las escaleras.
Prefirió esperar con Yoochun y Changmin. Si permanecía un minuto más en aquella casa, correría una vez más a suplicar frente a esa puerta... y no estaba seguro de soportar otro rechazo.
—¿A dónde vas? —preguntó el señor Jung.
—Me reuniré con Yoochun y Changmin.
—No demores. En dos horas saldremos al aeropuerto.
Yunho asintió.
—Prefiero que nos encontremos directamente allá.
El señor Jung alzó una ceja.
—Está bien. Pero no creas que no te escuché llegar borracho anoche.
Yunho sonrió con tristeza.
—Los chicos organizaron una despedida. Solo fue eso.
—Como sea. ¿Tienes todo listo? No olvides nada.
—No se preocupe. Todo está listo.
Todo en su lugar... menos lo más importante.
Antes de salir hizo el firme propósito de no mirar hacia atrás.
Se quedó inmóvil apenas un instante.
Luego echó a andar y desapareció por una de las calles.
Junsu seguía de pie frente a su amigo.
—Bueno... ya sabes... Yoochun está triste por... bueno, por todo esto. Y como soy su novio debo acompañarlo...
Jaejoong suspiró.
—Deja de balbucear.
Junsu respiró profundamente.
—Entonces te lo diré de una vez.
Lo miró con absoluta seriedad.
—No seas testarudo. No permitas que se vaya sin conocer tus verdaderos sentimientos. El tiempo pasa demasiado rápido... y después ya no hay vuelta atrás.
Le dio una suave palmada en el hombro.
—Bueno... ya me voy.
Cuando volvió a quedarse solo, Jaejoong caminó lentamente por la habitación.
Cabizbajo.
Recordando.
A veces sonreía.
Al fin y al cabo... eran niños.
Y los niños suelen ser crueles sin comprender el peso de sus actos.
Sí, él lo había amado desde siempre.
Pero jamás podía obligar a Yunho a corresponderle.
Tomó el viejo libro entre sus manos.
"El niño que enloqueció de amor."
Sonrió con melancolía.
—Ese niño nunca tuvo otra oportunidad...
Acarició distraídamente la portada.
—Yo sí la tuve...
Su expresión cambió.
La voz de Yunho era lo único que recordaba de aquel sueño borroso.
Su voz fue la que me trajo de regreso.
Cerró los ojos.
—Pero también se burló de mis sentimientos...
Una pausa.
—Aunque... aquella noche...
Negó lentamente.
—No... eso no pudo ser mentira.
Recordó la forma en que Yunho había temblado.
La delicadeza con que lo había abrazado.
La ternura con que había acariciado su piel.
Y luego...
El amanecer.
Las palabras crueles.
Las lágrimas.
Las disculpas.
Las confesiones.
Los días enteros esperando frente a su puerta.
Abrió los ojos.
—Ha dicho tantas cosas...
Llevó una mano hasta su pecho.
—Pero... ¿qué dice mi corazón?
Las palabras comenzaron a regresar una tras otra.
"Escucha tu corazón."
El doctor Shirota.
"Te ama."
Su madre.
"Llena tus recuerdos con la parte dulce."
Changmin.
"No dejes que se vaya."
Junsu.
"Después ya no habrá vuelta atrás."
Todas aquellas voces resonaban dentro de él.
Jaejoong, que permanecía sentado al borde de la cama, se puso de pie de golpe.
Miró el reloj.
Su corazón latía con tanta fuerza que por un momento creyó que iba a salírsele del pecho.
Sonrió.
Por primera vez en muchos días...
Sonrió de verdad.
Ya no había confusión.
Solo había una certeza.
Quería ver a Yunho.
Salió apresuradamente de la habitación.
Atravesó el jardín casi corriendo y llegó hasta la casa vecina.
Tocó el timbre.
Esperó.
Escuchó pasos acercándose.
Su corazón comenzó a acelerarse.
La puerta se abrió.
Su sonrisa apareció al instante...
...pero se desvaneció igual de rápido.
—Señora Jung...
La mujer lo miró con cierta tristeza.
—¿Buscas a Yunho?
Los ojos de Jaejoong se iluminaron.
—¿Puede llamarlo?
La señora Jung consultó su reloj y suspiró.
—Lo siento, querido. Mi hijo y su padre ya salieron rumbo al aeropuerto. A estas horas deben estar abordando el avión.
Las palabras cayeron sobre Jaejoong como un golpe.
—Yo... no quise acompañarlos. Si iba a despedirme terminaría llorando. Más adelante viajaré para reunirme con ellos.
Le dedicó una sonrisa afectuosa.
—Ahora debo irme. Que tengas un buen día.
La puerta se cerró lentamente.
Jaejoong permaneció inmóvil.
Sin fuerzas.
Sin aire.
Unos segundos después...
—Mamá...
Su voz apenas era un susurro.
—Todos me lo dijeron una y otra vez...
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Y fui demasiado necio para escuchar.
La señora Kim lo abrazó con ternura.
—Mi niño precioso...
Le secó una lágrima con el pulgar.
—Tienes los ojos hinchados de tanto llorar.
Sonrió con dulzura.
—Vamos.
—¿A dónde...?
En el aeropuerto...
—Dejen de llorar... —dijo Yunho, avergonzado.
—¡No puedo! —sollozó Yoochun.
—¡Yo tampoco! —añadió Changmin, secándose los ojos con muy poca dignidad.
Junsu sonrió al ver a su novio y a Changmin llorando como dos niños.
Poco a poco todos guardaron silencio.
Yunho, en cambio, seguía mirando entre la multitud.
Buscaba un rostro.
Uno solo.
La voz del aeropuerto anunció el último llamado para abordar.
Los cuatro amigos se fundieron en un fuerte abrazo.
Al separarse, Yunho se acercó a Junsu.
—Yo... dile que...
Sacudió la cabeza.
—No. No le digas nada. Él ya decidió.
Junsu bajó la mirada.
—Lo siento... de verdad lo siento.
—¡Yunho! —lo llamó su padre.
El moreno tomó aire.
—Debo irme... hasta pronto, amigos.
En la carretera...
—¿Por qué a todo el mundo se le ocurrió salir justo hoy? —protestaba la señora Kim.
Jaejoong apenas la escuchaba.
Sentía que el corazón le golpeaba con tanta fuerza que parecía querer escapar de su pecho.
A la salida del aeropuerto...
Changmin suspiró.
—Me siento desolado... mi amigo... mi hermano... se acaba de ir.
Yoochun frunció el ceño.
—Ese muchachito caprichoso... no vino.
Junsu guardó silencio.
Ellos salieron por una puerta.
Jaejoong entró corriendo por otra.
Pero ya era demasiado tarde.
Dentro del avión, una azafata pidió a los pasajeros que se abrocharan los cinturones.
Yunho apoyó la cabeza contra la ventanilla.
Miró por última vez el cielo de su ciudad.
Suspiró.
Cerró los ojos.
Un poco más tarde...
Los tres amigos permanecían en el local de pasteles.
—Susu... consuélame... —murmuró Yoochun.
Changmin levantó la mano.
—¡Minho! Quiero tres pasteles de chocolate. El mío debe ser el más grande. Tengo tanta tristeza... que casi no tengo hambre.
Minho sonrió divertido.
En ese momento sonó el teléfono de Junsu.
—¡Yoochun, suéltame! Es Jaejoong.
Contestó de inmediato.
—¿Qué?... No te entiendo... Respira primero.
Guardó silencio unos segundos.
—¿Qué dijiste?... ¿En serio?
Colgó lentamente.
Yoochun y Changmin lo miraban expectantes.
—Llegó tarde al aeropuerto.
Silencio.
—Esperó hasta el último momento para ir.
Changmin negó con la cabeza.
—Qué par de bobos.
Junsu sonrió.
—A mí me parece romántico.
Changmin ya sacaba su teléfono.
—Intentaré comunicarme con Romeo.
—¿Crees que tendrás señal?
—Si es necesario me subo al techo.
Minho soltó una pequeña risa.
—¿Estás bien? —preguntó la señora Kim.
Jaejoong intentó sonreír.
—Sí...
Pero no estaba bien.
Siempre había sabido que amaba a Yunho.
Solo que ahora ese amor parecía desbordarse por completo...
...y él ya no estaba para recibirlo.
Apenas habían pasado unas horas.
A Jaejoong le parecían años.
La noche cayó fría.
La señora Kim miró por la ventana.
—Qué extraño... esta noche caerá una helada.
Jaejoong observó el pequeño rosal del jardín.
Recordó aquellas palabras.
"Será el jardín más bello si el príncipe Jaejoong cuida de sus rosas. Confieso que les tengo envidia; reciben la atención que yo quisiera para mí."
Sonrió entre lágrimas.
Salió al jardín.
Con delicadeza comenzó a cubrir los rosales.
—Las cuidaré...
Su voz se quebró.
—Verán qué hermosas florecerán...
Entonces...
Una voz habló detrás de él.
—Y florecerán.
Jaejoong se quedó inmóvil.
—Porque el príncipe Jaejoong cuida muy bien de ellas.
Se limpió apresuradamente las lágrimas.
Se volvió lentamente.
Y allí estaba.
—Qué cara tan sucia... —dijo Yunho con una sonrisa—. Aun así sigues siendo el más hermoso.
Jaejoong lo miró sin poder creerlo.
—¿Eres... tú?
Yunho asintió.
—Supe que todavía tenías algo que decirme.
Al instante siguiente Jaejoong se lanzó a sus brazos.
—Lo siento...
Las lágrimas ya no podían detenerse.
—He sido un necio...
Se aferró con fuerza a él.
—Te quiero tanto...
Yunho lo abrazó todavía más.
—No vuelvas a pedirme perdón.
Apoyó la frente contra la suya.
—Ya eres todo lo que necesito.
Jaejoong sonrió entre lágrimas.
—Ya no quiero escapar.
Nunca más.
De tu amor.
Yunho acarició su mejilla.
—Prometo hacerte feliz.
—¿Lo juras?
—Lo juro.
Jaejoong cerró los ojos.
—Entonces yo prometo amarte toda mi vida.
Yunho sonrió.
—Sabes que te amo...
Más que a mí mismo.
Más que a nada.
A unos metros de allí, la señora Jung salió apresurada de su casa.
La señora Kim la detuvo con suavidad.
—¿A dónde va, vecina?
La mujer señaló a los muchachos.
—¿Acaso no ve...?
La señora Kim sonrió.
—Venga.
La tomó del brazo.
—La invito a tomar algo caliente.
Luego volvió a mirar a los dos jóvenes.
—Déjelos ser felices.
Nos guste o no...
Este es el camino que eligieron.
Y fue el amor quien los llevó hasta él.
Mientras tanto...
Yoochun y Junsu abandonaban el local sin un rumbo demasiado claro.
Changmin se frotó las manos.
—Hace frío.
Miró a Minho.
—Quiero otro pastel para llevar.
—Lo siento.
Minho sonrió con pena.
—Se acabaron.
Además hoy cerraré más temprano.
Changmin hizo un puchero.
—Sabes que puedo ir a otra pastelería.
—Eres libre de hacerlo.
En ese momento entró otro muchacho.
—¡Taemin!
—¡Minho!
Ambos se abrazaron con naturalidad.
Changmin se quedó inmóvil.
No entendía por qué aquello le molestaba tanto.
Frunció el ceño.
Y salió del local.
Más tarde...
—¿Qué buena noticia? —preguntó Yoochun por teléfono.
—Sí...
—Pero te oyes raro.
—Es que...
—¿Qué?
Changmin resopló.
—¡Ese tarado de Minho me dejó sin pastel y se fue con un sujeto con cara de idiota!
Yoochun estalló en carcajadas.
—¡¿De qué te ríes?!
Mientras tanto...
—Pero... ¿cómo estás aquí? —preguntó Jaejoong.
—El avión tuvo que regresar.
Un pasajero sufrió una emergencia médica.
Hizo una pausa.
—A veces el destino concede una segunda oportunidad.
Jaejoong iba a preguntar algo más.
Pero la impaciente mirada de Yunho hizo innecesarias las palabras.
El viento seguía siendo frío.
Jaejoong tembló ligeramente.
—¿Tienes frío?
—No.
Sonrió.
—Es mi corazón.
Creo que se está derritiendo.
Como dos niños traviesos subieron de puntillas hasta la habitación.
Jaejoong permanecía sentado al borde de la cama, incapaz de ocultar el rubor.
Yunho se acercó despacio.
—Eres tan hermoso...
—Harás que me avergüence.
El moreno sonrió.
Primero buscó sus manos.
Luego un beso.
Después otro.
El resto de las palabras dejó de ser necesario.
Aquella noche solo existían ellos dos.
Después de tanto dolor, por fin podían volver a encontrarse.
Ya pasada la medianoche...
Jaejoong contemplaba el rosal desde la ventana.
Sonrió.
—Verdaderamente florecerán hermosas.
Sintió unos brazos rodear su cintura.
—¿No puedes dormir?
Jaejoong negó con la cabeza.
—Mira...
Las estrellas.
Yunho apoyó la barbilla sobre su hombro.
—Para mí brillan en tus ojos.
Jaejoong sonrió.
—Yunho...
—¿Sí?
—¿Me amarás mañana?
El moreno hizo que lo mirara.
—¿Acaso no ves?
Solo tengo ojos para ti.
A la mañana siguiente...
—¡Es domingo! ¿Por qué me despertaron tan temprano? —protestó Changmin.
Junsu miró el reloj.
—Son las once.
—Sigue siendo temprano.
Yoochun sonrió.
—¿Sabes algo de Yunho?
—Tiene el celular apagado.
—Jaejoong también.
Los tres se miraron.
Junsu sonrió.
—Creo que eso significa que están juntos.
Changmin bostezó.
—Entonces me vuelvo a dormir.
Yoochun tomó la mano de Junsu.
—Es buena idea.
—Solo piensas en eso...
—¿Hay algo mejor que estar con quien amas?
Junsu sonrió.
—¿Me amas?
Yoochun respondió arrastrándolo consigo.
—Creo que tendré que demostrártelo otra vez.
Changmin los vio alejarse.
Rodó los ojos.
—Par de melosos...
Suspiró.
—Lo único dulce que me interesa son los pasteles de Minho.
Se quedó pensativo.
—...Eso sonó raro.
Al doblar la esquina...
—Hola, Changmin.
Él dio un pequeño salto.
—¡¿Eh?! ¿Ahora apareces cuando pienso en ti?
Minho sonrió.
—¿Estabas pensando en mí?
Changmin desvió la mirada.
—Qué ocurrencias...
Solo lamentaba que hoy fuera domingo.
Minho rió.
—Por un momento pensé que te alegraba verme.
Changmin carraspeó.
—¿Y tu amigo?
—Taemin.
Solo es un amigo.
Mi corazón le pertenece a otra persona.
Solo que esa persona aún no se da cuenta.
Changmin arqueó una ceja.
—Pues haz que lo descubra.
Ya tuve suficiente con Yunho y Jaejoong.
No quiero otra novela romántica.
Se dio media vuelta.
—Bueno... me voy.
Sin previo aviso...
Minho lo besó.
Changmin quedó completamente inmóvil.
Cuando por fin reaccionó, carraspeó.
—Definitivamente no es tan dulce como tus pasteles...
Hizo una pausa.
—Pero tampoco está nada mal.
En casa de Jaejoong...
La señora Kim abrió la puerta sin esperar respuesta.
Miró alrededor.
Sonrió.
—¿No piensan levantarse?
Jaejoong escondió el rostro bajo la sábana.
—Mamá...
—Les traeré el desayuno.
Se volvió antes de salir.
—También prepararé uno para Yunho.
Cuando la puerta se cerró...
Yunho salió de su escondite.
Jaejoong soltó el aire.
—A veces mi madre me da miedo.
Yunho rió.
Lo abrazó.
—Cuando vuelva a casa me espera un largo sermón.
—¿Quieres que te acompañe?
—No.
Le dio un beso en la frente.
—Mientras viva en tu corazón...
Nada podrá hacerme daño.
Los padres de Yunho tardaron mucho tiempo en comprender la decisión de su hijo.
No fue fácil.
Pero poco a poco dejaron de luchar contra aquello que era evidente.
Porque, al final...
lo mejor para Yunho siempre había sido Kim Jaejoong.
Otra tarde...
Yunho y Jaejoong caminaban tomados de la mano.
Unos pasos detrás iban Yoochun y Junsu.
—¡Espérenme! —gritó Changmin.
—Vamos a ver la puesta de sol —respondió Junsu.
Changmin rodó los ojos.
—Qué cursis...
Yoochun sonrió.
—¿Y Minho?
Changmin hizo una mueca.
—Está trabajando.
Luego señaló a Yunho.
—¡Oye! ¿Puedes dejar de tocar tanto a Jaejoong?
Miró a este último.
—¡Y tú deja de provocarlo!
Suspiró dramáticamente.
—Ninguno tiene compasión de un pobre soltero.
Yoochun y Junsu rieron.
—¿Qué?
Changmin levantó las manos.
—¡Me va a dar un coma diabético con tantos besos!
Más adelante...
Yunho y Jaejoong contemplaban la puesta de sol.
Nunca les había parecido tan hermosa.
Jaejoong nunca volvió a preguntar:
—¿Me amarás mañana?
Ya no existían las dudas.
El pasado había dejado cicatrices, pero también les había enseñado el valor de permanecer juntos.
Y desde aquel día construyeron su felicidad paso a paso, tomados de la mano y mirando siempre hacia el mismo horizonte.
FIN 🌹