Otro día...
Junsu observa a su amigo una y otra vez.
Abre la boca para hablar.
Se arrepiente.
Vuelve a intentarlo.
—¿Qué me quieres decir?
—¿Yo?... Nada... nada... este... nada.
Jaejoong sonríe apenas.
—Te conozco, Kim Junsu. Habla o terminarás ahogándote con las palabras.
Junsu hace una mueca.
—Qué malo eres...
Guarda silencio unos segundos.
Respira profundamente.
—Yunho... se irá.
...
...
...
Jaejoong permanece inmóvil.
Solo baja la mirada.
—Te escuché.
El silencio pesa entre ambos.
Después de un largo rato, Jaejoong sonríe con esfuerzo.
—Bajemos a cenar.
—¿Tienes hambre?
Junsu comprende que no conseguirá nada insistiendo.
—Sí...
Pero, mientras salen de la habitación, no puede dejar de mirar la espalda de su amigo.
Más tarde...
—¿Y? —pregunta Yoochun.
Junsu suspira.
—Me ignoró por completo.
Changmin observa un enorme pastel tras la vitrina de una cafetería.
Suspira con auténtica admiración.
—Ahhhh... esos dos me aburren. Es como si estuvieran compitiendo para ver quién sufre más.
Se vuelve hacia el vendedor.
—Por favor... el trozo más grande.
Yoochun abre lentamente la billetera.
—Vas a dejarme en bancarrota.
Changmin sonríe.
—El conocimiento alimenta el cerebro.
Mira el pastel.
—Y esto alimenta mi alma.
El vendedor no puede evitar sonreír.
Hace tiempo que aquel muchacho de apetito infinito le parecía encantador.
Pero Changmin jamás se daba cuenta.
Mientras recibe el pastel continúa hablando.
—Aunque no soy precisamente un romántico...
Da un bocado.
—...hasta yo puedo ver que esos dos nacieron para estar juntos.
Luego mira al vendedor.
—¿Sonó demasiado cursi?
El muchacho baja la mirada, completamente sonrojado.
Yoochun ríe.
—Pero ¿qué importa? Yunho se irá a fin de año.
Hace una pausa.
—Dicen que amor de lejos...
Changmin lo interrumpe.
—...es para quienes nunca estuvieron realmente enamorados.
Yoochun alza una ceja.
Changmin continúa con inesperada seriedad.
—Cuando el amor es de verdad, el tiempo y la distancia solo lo ponen a prueba.
Suspira.
—El problema es que ellos dejaron demasiadas cosas sin decirse.
Yoochun guarda silencio.
Luego murmura:
—Si por lo menos Yunho supiera con certeza que Jaejoong todavía lo ama...
Changmin deja lentamente el tenedor sobre el plato.
Una idea acaba de cruzar por su cabeza.
Yoochun lo conoce demasiado bien.
—¿Qué estás pensando?
Changmin sonríe de medio lado.
—Aún no lo sé...
Pero esa sonrisa no prometía nada tranquilo.
En casa de Yunho...
La señora Jung no deja de hablar con orgullo.
—Ha obtenido las mejores calificaciones del curso. También destacó en deportes...
El señor Jung escucha atentamente.
Finalmente asiente.
—Eso confirma lo que siempre pensé.
Mira a su hijo.
—Hay que desarrollar esos talentos.
Hace una breve pausa.
—Estudiarás en el extranjero.
Yunho baja la cabeza.
—Sí, padre.
Para él, la palabra de su padre siempre había sido una ley imposible de cuestionar.
Aunque por dentro sintiera que el mundo entero acababa de derrumbarse.
Aquella noche...
El tic-tac del reloj rompe el silencio.
Yunho gira una y otra vez sobre la cama.
Otra noche sin dormir.
Poco a poco el cansancio vence.
Sus párpados se cierran.
Entonces...
Siente una presencia.
Abre los ojos.
—¿Jaejoong...?
Allí está.
Sonriéndole.
—Ya te perdoné.
Yunho siente que el pecho va a estallarle.
Se hace a un lado en la cama.
—Estoy soñando...
Ríe entre lágrimas.
—No quiero despertar.
Jaejoong acaricia lentamente su rostro.
—Ámame, Yunho...
Los besos llegan con una dulzura imposible.
Las palabras de amor.
El calor de un abrazo que había extrañado demasiado.
La paz.
Y, como todo sueño...
El amanecer lo deshace.
Yunho abre los ojos.
Está solo.
Mira el lugar vacío a su lado.
Sonríe con tristeza.
—Era... un sueño...
Un poco más tarde...
Changmin observa por la ventana.
—¿Y tu vecino?
Yunho se encoge de hombros.
—Supongo que en la clínica.
—¿Todavía sigue con las terapias?
—Eso creo.
Changmin permanece unos segundos en silencio.
—¿Y tú?
Yunho tarda en responder.
—Estoy intentando sacarlo de mi vida.
Changmin gira lentamente hacia él.
—¿Y cómo piensas hacer semejante cosa?
Yunho dirige la vista hacia la ventana de la casa vecina.
Después de un largo silencio, responde casi en un susurro.
—El amor... no dura para siempre.
Changmin niega con la cabeza.
—Tal vez los amores pasajeros.
Da una palmada sobre el hombro de Yunho.
—Los verdaderos... esos se quedan para siempre.
Hace una pausa.
Luego se lleva una mano a la frente.
—¡¡Aggg!! ¿Qué me pasa? ¡Me estoy convirtiendo en un cursi!
Yunho no puede evitar reír.
Y, por primera vez en muchos días...
La risa le sale de verdad.
En la clínica...
El doctor Shirota revisa por última vez los resultados.
Sonríe satisfecho.
—Bien...
Levanta la vista.
—Es oficial. Te daré el alta.
Los ojos de Jaejoong se iluminan.
—¡¿En serio?!
—Sí.
El doctor ríe.
—Aunque, para ser sincero... es una lástima.
Jaejoong alza una ceja.
—¿Una lástima?
—Claro.
Cierra la carpeta.
—Dejaré de ver a mi paciente favorito.
Jaejoong sonríe con cierta timidez.
—No sabía que tenía ese honor.
—No lo desaproveches.
Ambos ríen.
De regreso...
Al llegar a la calle...
Las miradas vuelven a encontrarse.
Solo unos segundos.
Ninguno dice una palabra.
Yunho entra lentamente en su casa.
Jaejoong hace lo mismo.
Pero, una vez dentro...
Permanece varios segundos apoyado contra la puerta.
Suspira.
Su corazón late demasiado rápido.
Y, por un instante...
Tiene el impulso absurdo de volver a salir.
Solo para verlo una vez más.
Entonces escucha la voz de su madre.
—¡Hijo! ¿Ya llegaste? Cuéntame, ¿qué dijo el doctor?
Jaejoong se aparta de la puerta.
Sonríe.
—Me dio el alta.
Hace una pequeña reverencia teatral.
—Oficialmente soy un hombre sano.
Intenta volver a sonreír.
Pero aquella sonrisa dura apenas un instante.
La señora Kim aplaude emocionada.
—¡Eso hay que celebrarlo!
Piensa unos segundos.
—¿Qué te parece si este fin de semana hacemos una comida especial?
Jaejoong se rasca la nuca.
—Lo siento...
La madre entrecierra los ojos.
—Tengo... una cita.
Silencio.
La señora Kim sonríe con picardía.
—A ver, jovencito...
Cruza los brazos.
—Cuéntale todo a tu madre.
Jaejoong ya conoce esa expresión.
—Mamá...
Ella sonríe todavía más.
—¡No me digas que saldrás con Yunho!
La expresión de Jaejoong cambia por completo.
—¡No!
Hace una pausa.
—No tengo nada que ver con... con Yunho.
La señora Kim lo observa con ternura.
—Hijo...
Se acerca y acomoda un mechón de cabello detrás de su oreja.
—Yo siempre supe que ese amor platónico de tu infancia era Yunho.
Sonríe.
—Y también sé que el de ahora sigue siendo Yunho.
Jaejoong baja la mirada.
Aprieta lentamente los puños.
—Ya no...
Su voz apenas se escucha.
—Ya no es...
No consigue terminar la frase.
La señora Kim espera unos segundos.
Luego pregunta con suavidad:
—Entonces... ¿con quién vas a salir?
Jaejoong respira profundamente.
—Solo es un amigo.
Hace una pequeña mueca.
—No empieces a imaginar cosas.
La señora Kim sonríe para sí.
No insiste.
Porque las madres...
A veces entienden mucho más de lo que dicen.
En la casa vecina...
—Sería bueno que comenzaras a hacer tu equipaje. Solo queda una semana. No quiero andar con apuros después —dijo el señor Jung sin apartar la vista del periódico.
—No te preocupes. Ya está casi listo.
—Lleva solo lo importante. Lo demás podremos comprarlo allá.
Yunho bajó la mirada.
—Lo más importante...
Sin darse cuenta, dejó escapar un suspiro.
El periódico golpeó la mesa.
—¿Ahora suspiras como una niña?
La señora Jung intervino enseguida.
—Yunho está cansado por los exámenes y las competencias deportivas. Déjalo descansar.
El hombre se levantó.
—Ojalá sea solo eso.
Subió las escaleras sin añadir una palabra más.
Cuando quedaron solos, Yunho habló en voz baja.
—Mamá... yo...
—Mejor no digas nada. Tu padre sabe qué es lo mejor para ti.
—No lo dudo... pero ¿y lo que siento?
Ella permaneció en silencio unos segundos.
—Haré de cuenta que no escuché eso.
Antes de subir también, añadió:
—Sueño con ver esta casa llena de nietos correteando algún día.
Yunho intentó sonreír.
—Todavía soy muy joven para pensar en hijos.
—Con mayor razón. Es mejor enderezar el tronco mientras aún es joven.
Yunho cerró los ojos.
No respondió.
Más tarde...
—Perdona que lo diga... —comenzó Yoochun con cautela—, pero creo que tus padres...
Changmin terminó la frase.
—Necesitan un buen psicólogo. Esa homofobia que cargan no le hace bien a nadie.
Yunho hizo un pequeño puchero.
—No me gustan los hombres.
Los dos lo miraron.
—Solo me gusta Jaejoong.
Changmin soltó una carcajada.
—Entonces eres jaesexual.
Yunho terminó riéndose también.
—Qué bueno que alguien pueda reírse... Yo ya me compliqué demasiado.
Bajó la vista.
—Él ya no me quiere ni como amigo. Pronto me iré... y todo se arreglará.
Hizo una pausa.
—Yo también... estoy intentando olvidarlo.
Changmin lo observó unos segundos.
—¿Te creíste tú mismo eso que acabas de decir?
Yunho dejó escapar una risa cansada.
—No tienes compasión.
En ese momento Yoochun vio pasar a Junsu.
—Ahora vuelvo.
Y salió prácticamente corriendo.
Yunho lo siguió con la mirada.
—Los envidio. Se ven tan bien juntos.
Changmin sonrió de lado.
—Yo que tú agarraría a esa muñequita de porcelana, la besaría hasta dejarlo sin aire y le demostraría quién manda aquí.
Yunho abrió mucho los ojos.
—¡Estás loco! Me odiaría para siempre.
Hizo una pausa.
—...Aunque ganas no me faltan.
Changmin le dio una palmada en el hombro.
—Ven. Te invito algo dulce.
—¿Eso cura corazones rotos?
—No.
—Entonces...
—Pero al menos distrae.
Los dos terminaron sonriendo.
Mientras tanto...
—¿¡Que tiene una cita!? —exclamó Yoochun.
—¡Shhh! ¡Baja la voz! —susurró Junsu.
—Esto va a matar a Yunho.
—Pues no se lo cuentes. Tienes la pésima costumbre de contarle absolutamente todo.
Una mañana...
Jaejoong salió al jardín.
Las hojas amarillas del otoño cubrían por completo un pequeño rosal.
Se agachó despacio y comenzó a retirarlas una por una.
—La próxima primavera volverás a florecer...
Sonrió.
—Yo te cuidaré.
—Parece que estoy viendo al Principito hablando con su rosa.
Jaejoong levantó la vista.
Yunho estaba apoyado en la reja.
—Envidio a ese rosal. Le dedicas la atención que yo quisiera recibir.
Jaejoong se incorporó lentamente.
—¿No te cansas?
Yunho negó con una pequeña sonrisa.
—El amor no cansa.
Jaejoong dio un paso.
Todavía no recuperaba del todo el equilibrio y trastabilló apenas.
Yunho avanzó por instinto.
—¡Cuidado...!
Lo sostuvo del brazo antes de que cayera.
—...mi amor.
Silencio.
Jaejoong retiró lentamente el brazo.
—No me llames así.
Yunho bajó la mirada.
—Lo siento... Mi corazón todavía no aprende.
Volvió a hacerse el silencio.
Por un instante, ambos se quedaron mirándose.
Ninguno fue capaz de apartar la vista.
—¡Yunho!
La voz grave del señor Jung rompió el momento.
Jaejoong dio un paso atrás.
—Buenos días, señor Jung.
El hombre apenas inclinó la cabeza.
—Yunho. Vamos.
Subieron al automóvil.
Durante unos minutos nadie habló.
Finalmente Yunho rompió el silencio.
—Fuiste muy frío con Jaejoong.
El señor Jung siguió mirando al frente.
—He sido demasiado tolerante contigo.
Entonces giró apenas la cabeza.
—No pongas a prueba mi paciencia.
Fin de semana...
Yunho volvía del supermercado cuando un automóvil estacionado frente a la casa vecina llamó su atención.
Frunció el ceño.
Era el auto del doctor Shirota.
Se quedó inmóvil observando.
Un momento después, Jaejoong salió de la casa. Reía por algo que el médico acababa de decir. Hacía mucho tiempo que Yunho no veía aquella sonrisa tan despreocupada.
El doctor le abrió la puerta del automóvil con naturalidad.
Jaejoong subió aún sonriendo.
El coche se alejó lentamente.
Yunho permaneció de pie hasta que desapareció al final de la calle.
Las bolsas del supermercado pesaban cada vez más entre sus manos.
—¿Qué está pasando...? —murmuró.
Las preguntas comenzaron a acumularse en su cabeza.
Ninguna tenía respuesta.
Un poco más tarde...
Sonó el teléfono.
—Vamos a algún lado —propuso Yoochun—. Changmin también vendrá.
—No tengo ánimo. Estoy preocupado por Jaejoong.
—¿Y ahora por qué? ¿No le dieron el alta?
—Sí... pero su doctor vino a buscarlo.
Al otro lado hubo un breve silencio.
—Ah... era eso...
Yunho frunció el ceño.
—¿Sabes algo que yo no?
—Bueno...
—¿Junsu te dijo algo?
—Este...
—¡Yoochun, habla de una vez!
Yoochun suspiró.
—No era una consulta médica...
...
...
...
—Salieron juntos.
Silencio.
—¿Yunho?
...
—¿Sigues ahí?
La voz del moreno apenas fue un susurro.
—Eso creo...
Yoochun intentó arreglar la situación.
—Solo fue una salida entre amigos.
Yunho dejó escapar una risa amarga.
—¿Con el doctor?
Hizo una pausa.
—No intentes verme la cara.
Más tarde...
Yunho aceptó salir con una compañera de la escuela.
Ella hablaba sin parar.
Le contaba anécdotas, se reía, hacía preguntas.
Él sonreía por educación.
Pero apenas escuchaba.
Su mente estaba en otra parte.
—¿Yunho?
Él levantó la vista.
—¿Eh?
—Hace rato que no me estás escuchando.
Yunho sonrió con culpa.
—Perdón...
La muchacha sonrió con amabilidad.
—No te preocupes.
Sin embargo, ambos entendieron que aquella salida no tenía sentido.
Poco después la acompañó hasta su casa.
—Gracias por venir.
—Gracias a ti...
Ella entró a su casa.
Yunho permaneció unos segundos mirando la puerta.
Luego dio media vuelta.
Más tarde...
Changmin caminaba junto a él mirando la vitrina de una pastelería.
De pronto frunció el ceño.
—¿Dónde está mi pastel de chocolate?
Entró decidido.
—¡Oye, Minho!
El vendedor levantó la cabeza, sorprendido.
—¿Sabes cómo me llamo?
—Claro.
El muchacho sonrió, ligeramente sonrojado.
—¿En serio?
—Lo tienes escrito en el delantal.
Minho soltó una pequeña risa.
—Ah... cierto.
—Quiero el pastel de chocolate de siempre. Uno grande... y otro para mi amigo.
Minho hizo una mueca.
—Lo siento... se acabó.
—Solo quedan de manjar y vainilla.
La expresión de Changmin cambió por completo.
—¿Cómo que se acabó?
—Lo siento mucho...
—Vengo todos los días.
—Lo sé.
—Entonces deberías reservarme uno.
El pobre Minho ya no sabía dónde mirar.
Yunho negó con la cabeza.
—Changmin... todos los pasteles te gustan.
Changmin se quedó pensando unos segundos.
...
—Tienes razón.
Minho dejó escapar el aire que llevaba conteniendo.
Yunho no pudo evitar reír.
Una risa breve.
Pequeña.
Pero sincera.
Changmin sonrió satisfecho.
—¿Ves? Para algo sirven los pasteles.
Yunho permanecía inmóvil.
Las palabras de su padre seguían resonando en su cabeza.
"Mañana nos vamos."
Las clases habían terminado.
Los negocios también.
No quedaba ninguna excusa para permanecer allí.
Más tarde...
Los tres amigos estaban reunidos.
—¿Tan urgente tiene que ser? —preguntó Yoochun—. Puedes estudiar aquí.
Changmin negó con la cabeza.
—Esto nunca fue por los estudios.
Yunho sonrió con tristeza.
—Es para alejarme de él.
Nadie respondió.
Después de unos segundos Changmin suspiró.
—Ni siquiera alcanzamos a hacer un paseo de despedida... o una comida con muchas cosas deliciosas.
Yoochun lo miró.
—Siempre pensando en comer.
—Cada uno enfrenta el dolor como puede.
Los tres terminaron sonriendo.
Changmin volvió a ponerse serio.
—¿Qué harás con Jaejoong?
Yoochun añadió:
—¿Piensas despedirte?
Yunho bajó la mirada.
—Los voy a extrañar.
Yoochun sonrió.
—Nosotros también.
Changmin apoyó una mano en su hombro.
—Estamos juntos desde el jardín infantil.
Hubo un largo silencio.
—Supongo que ya es hora de abandonar el nido.
Más tarde...
—Hoy no logré tener tu atención —comentó Shirota mientras conducía.
Jaejoong sonrió.
—¿Qué dices? Me divertí mucho.
El médico también sonrió.
—Sí...
Hizo una breve pausa.
—Pero nunca dejaste de pensar en él.
Jaejoong guardó silencio.
—Doctor...
—Entonces deja de llamarme doctor.
Jaejoong levantó la vista.
—Llámame Yuu.
Después de unos segundos, sonrió con timidez.
—Está bien...
—Yuu.
Ambos rieron.
En ese momento sonó el teléfono.
Shirota respondió.
Su expresión cambió enseguida.
—Lo siento... surgió una emergencia.
Jaejoong sonrió.
—La vida de un doctor.
—Nos vemos.
—Cuídate.
El automóvil desapareció calle abajo.
Jaejoong caminó hacia la puerta de su casa.
Entonces alguien sujetó suavemente su brazo.
—¿Qué haces? Suéltame.
Era Yunho.
—Por favor...
Jaejoong retiró el brazo.
—No me toques.
Yunho respiró hondo.
—Solo quiero que me escuches una última vez.
Silencio.
—Cuando éramos niños, nunca entendí por qué me ponía tan nervioso cuando estabas cerca.
Sonrió con tristeza.
—Con los demás me sentía fuerte.
Contigo...
Negó con la cabeza.
—Las piernas me temblaban.
Jaejoong permanecía inmóvil.
—Fui un cobarde.
Pensé que, si te alejaba, dejaría de sentir todo aquello.
Pero solo conseguí hacerte daño.
Mucho daño.
Jaejoong desvió la mirada.
—Hace frío.
Adiós.
Se dio media vuelta.
Entonces escuchó aquella frase.
—Mañana me voy.
Se detuvo.
No giró.
Yunho continuó hablando.
—Mañana me iré del país.
Te esperaré hasta el último momento.
Si no vienes...
No volveré a molestarte.
Respiró profundamente.
—Estoy enamorado de ti.
No me avergüenza decirlo.
Cambiaste mi vida.
Gracias a ti aprendí en qué clase de persona quiero convertirme.
No espero que me perdones hoy.
Solo deseo que algún día...
cuando pienses en mí...
ya no recuerdes al niño que te hizo llorar.
Ojalá puedas regalarme una sonrisa.
Aunque sea una sola.
Silencio.
El viento movía lentamente las hojas secas del jardín.
Jaejoong seguía de espaldas.
Sin moverse.
Sin decir una palabra.
Yunho sonrió con tristeza.
Luego dio media vuelta.
Y comenzó a caminar.
CONTINUARÁ...