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miércoles, 9 de julio de 2014

¿ME AMARÁS MAÑANA? 6 FINAL.

Es medianoche.

Al parecer, ninguno de aquellos dos corazones podía encontrar la calma.

El sueño se negaba a llegar.

Jaejoong permanecía sentado sobre la cama, completamente a oscuras. Apenas la luz amarillenta de los faroles de la calle se colaba entre las cortinas y dibujaba sombras sobre el piso.

En la casa vecina, Yunho se abrigó y salió al jardín.

La noche era fría.

El viento arrastraba hojas secas que iban acumulándose a sus pies mientras él mantenía la vista fija en una única ventana.

Solo una pregunta ocupaba su mente.

"¿Me amarás mañana?"

La misma que Jaejoong le había hecho, tímidamente, aquella noche.

Ahora era él quien deseaba conocer la respuesta.

Las horas seguían avanzando.

El amanecer se acercaba.

Yunho cerró los ojos.

—Te amo...

El viento se llevó el susurro.

Esperó.

Esperó mucho tiempo.

Pero la ventana nunca se abrió.

Una pequeña sonrisa, triste y resignada, apareció en su rostro.

—Está bien...

Regresó lentamente a su habitación.

Las maletas ya estaban listas.

Solo quedaba marcharse.

Comenzar una vida lejos de allí.

Lejos de él.


Mientras tanto...

Jaejoong tampoco lograba dormir.

Se levantó varias veces.

Caminó de un lado a otro de la habitación.

Finalmente reunió valor.

Se acercó a la ventana.

Su corazón golpeaba con fuerza contra el pecho.

Con manos temblorosas corrió apenas las cortinas.

...

No había nadie.

Bajó lentamente la mirada.

Una extraña sensación de vacío le oprimió el pecho.

Ya no quedaba nada.


Al amanecer...

Junsu dudó varias veces antes de hablar.

—Sabes que Yoochun y yo...

Jaejoong levantó la vista.

—Anoche los chicos hicieron una reunión para despedir a...

Guardó silencio.

—...a Yunho.

Jaejoong permaneció indiferente.

—No me importa.

Junsu respiró hondo.

—Se emborrachó.

Otra pausa.

—Y gritó tu nombre.

Silencio.

—¿Qué dijo?

—"Kim Jaejoong... te extraño."

Jaejoong bajó la mirada.

En ese instante llamaron a la puerta.


Jaejoong frunció el ceño.

—¿Qué haces aquí?

Changmin permaneció unos segundos en silencio.

Jaejoong volvió a preguntar.

—¿Qué haces aquí?

Changmin entró despacio.

—Es muy cómodo ser la víctima de esta historia.

Jaejoong levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Aceptemos algo.

Yunho fue un idiota.

Nadie lo discute.

Pero ya pagó por lo que hizo.

Jaejoong hizo una mueca.

Changmin continuó.

—Ese hombre te ama.

—No.

Lo que siente es culpa.

Si el accidente nunca hubiera ocurrido, seguiría siendo el mismo bravucón.

Changmin negó con la cabeza.

—Eso son suposiciones.

La realidad es otra.

Respiró profundamente.

—Lo que ves hoy es un chico profundamente enamorado.

Hizo una pausa y añadió con total seriedad:

—Y deja de mirarme así.

Hasta yo me sorprendo de estar diciendo cosas tan románticas.

Creo que debo dejar de ver tantos doramas.

Junsu soltó una risa que no consiguió contener.

Incluso Jaejoong estuvo a punto de sonreír.

Pero volvió a ponerse serio.

—No tienes idea de cómo me siento.

Changmin asintió.

—Tienes razón.

No la tengo.

Pero sí sé una cosa.

Llevas tanto tiempo abrazado a tu dolor que ya no sabes vivir sin él.

El cuarto quedó en silencio.

Changmin continuó con voz más tranquila.

—No te estoy diciendo que olvides lo que pasó.

Ni que finjas que nunca sufriste.

Solo pregúntate algo...

¿Quién es Yunho hoy?

No el niño.

No el adolescente.

El hombre que tienes delante.

Jaejoong permanecía inmóvil.

Changmin dio un último paso hacia él.

—Porque ese hombre está dispuesto a perderlo todo por ti.

Y tú...

¿De verdad estás dispuesto a perderlo a él?

Jaejoong no respondió.

Miró a Junsu.

—¿Escuchaste lo que acaba de decir?

Junsu sonrió con timidez.

—La verdad...

No me pareció tan descabellado.

Changmin suspiró.

—Ya dije lo que tenía que decir.

Miró el reloj.

—En dos horas Yunho se irá.

Tal vez no vuelvas a verlo nunca más.

Se dirigió hacia la puerta.

Antes de salir añadió:

—Si decides quedarte aquí lamentándote...

Que sea porque realmente ya no lo amas.

No porque tengas miedo.

La puerta se cerró.

Quedaron solo Jaejoong y Junsu.

Junsu respiró hondo.

—Yo pienso que...

Jaejoong levantó una mano.

Con una pequeña sonrisa cansada.

—No...

Por favor.

Ahora no.


Más tarde

Jaejoong mirando por la ventana.
Su madre, la señora Kim—Seguirás escondido detrás de la ventana por el resto de tu vida?

Jaejoong—Qué dices...

El amor, dice ella, es dulce y agraz...llena tus recuerdos con esas cosas dulces, y, al perdonar esa parte agraz, puede llegar a ser lo mejor de tu vida.
Lo agraz?
Bueno si el amor es fuerte, juntos lo superarán.


Los minutos pasan, Yunho ve pasar las manecillas del reloj tan rápido, permanece sentado al borde de su cama. Mira hacia la ventana pero no se acerca. Se levanta y revisa nuevamente su equipaje, abre un cajón y saca su pasaporte, mira nuevamente hacia la ventana. Respira hondo, toma su maleta y baja las escaleras...prefiere esperar en otro lugar con sus amigos, si se queda un segundo más, podría correr a suplicar nuevamente...no podría soportar otro rechazo.


Donde vas, pregunta el padre de Yunho
Me reuniré con Yoochu y Changmin.
No demores, en dos horas saldremos para el aeropuerto.
Prefiero, dijo Yunho, que nos encontremos allá.
El señor Jung alza una ceja—Está bien, pero no creas que no te escuché llegar borracho anoche.
Yunho—Los chicos organizaron una despedida, solo fue eso.
—Como sea, tienes todo listo? no olvides nada.
No te preocupes, contesta Yunho, todo está listo.

(Todo en su lugar...menos lo más importante)

Al salir hace el propósito de no mirar hacia atrás, se queda un momento quieto, luego camina y desaparece por una de las calles.

Junsu balbucea—Bueno, ya sabes...Yoochun está triste por...ya sabes, y como su novio debo apoyarlo, no te molestes conmigo, pero...
Jaejoong—Deja de balbucear
Junsu respira hondo—¡No seas testarudo! no permitas que se vaya sin saber tus sentimientos, tus verdaderos sentimientos. El tiempo pasa rápido y después ya no habrá vuelta atrás.  Bueno ya me voy.

Jaejoong camina cabizbajo por toda la habitación, recordando, a ratos sonríe, al fin y al cabo eran niños, generalmente los niños son crueles. Él lo amaba, es cierto, pero no podía obligarlo a sentir lo mismo. Toma aquel libro, suspira..."El niño que enloqueció de amor" hace una mueca...el niño de la historia no tuvo otra oportunidad, suspira. La vida a sido generosa, y...su voz era lo único que escuchaba en aquel sueño borroso, suspira, su voz me trajo de vuelta. Pero se burló de mis sentimientos, pero aquella noche...no pude equivocarme, yo sentí su ternura, sonrojo, me tomó con suavidad ¡Pero al amanecer todo cambió!  Él dijo, ha dicho tantas cosas...pero mi corazón.

Escuchar mi corazón.



Para cualquiera el ser amado por alguien hace que la vida brille de esta manera,  si fuera yo fabricaría tu corazón una vez más cálido con una ternura eterna....


Más tarde...

Jaejoong permanecía junto a la ventana.

La señora Kim lo observó unos instantes antes de hablar.

—¿Piensas seguir escondido detrás de esa ventana el resto de tu vida?

Jaejoong hizo una leve mueca.

—¿Qué dices, mamá?

Ella sonrió con ternura.

—El amor es dulce... y también es agraz. Llena tus recuerdos con la parte dulce y aprende a perdonar la amarga. Si el amor es verdadero, entre los dos podrán superar lo que duele.

Jaejoong bajó la mirada.

—¿Lo... agraz?

—Sí. Ningún amor está libre de heridas. Lo importante es decidir si vale la pena curarlas juntos.

Jaejoong permaneció en silencio.


Los minutos seguían pasando.

Sentado al borde de su cama, Yunho veía avanzar las manecillas del reloj con una rapidez desesperante.

Miró hacia la ventana de la casa vecina, pero no tuvo el valor de acercarse.

Se levantó y revisó una vez más su equipaje. Abrió un cajón, tomó su pasaporte y volvió a mirar la ventana.

Respiró hondo.

Tomó la maleta y bajó las escaleras.

Prefirió esperar con Yoochun y Changmin. Si permanecía un minuto más en aquella casa, correría una vez más a suplicar frente a esa puerta... y no estaba seguro de soportar otro rechazo.


—¿A dónde vas? —preguntó el señor Jung.

—Me reuniré con Yoochun y Changmin.

—No demores. En dos horas saldremos al aeropuerto.

Yunho asintió.

—Prefiero que nos encontremos directamente allá.

El señor Jung alzó una ceja.

—Está bien. Pero no creas que no te escuché llegar borracho anoche.

Yunho sonrió con tristeza.

—Los chicos organizaron una despedida. Solo fue eso.

—Como sea. ¿Tienes todo listo? No olvides nada.

—No se preocupe. Todo está listo.

Todo en su lugar... menos lo más importante.

Antes de salir hizo el firme propósito de no mirar hacia atrás.

Se quedó inmóvil apenas un instante.

Luego echó a andar y desapareció por una de las calles.


Junsu seguía de pie frente a su amigo.

—Bueno... ya sabes... Yoochun está triste por... bueno, por todo esto. Y como soy su novio debo acompañarlo...

Jaejoong suspiró.

—Deja de balbucear.

Junsu respiró profundamente.

—Entonces te lo diré de una vez.

Lo miró con absoluta seriedad.

—No seas testarudo. No permitas que se vaya sin conocer tus verdaderos sentimientos. El tiempo pasa demasiado rápido... y después ya no hay vuelta atrás.

Le dio una suave palmada en el hombro.

—Bueno... ya me voy.


Cuando volvió a quedarse solo, Jaejoong caminó lentamente por la habitación.

Cabizbajo.

Recordando.

A veces sonreía.

Al fin y al cabo... eran niños.

Y los niños suelen ser crueles sin comprender el peso de sus actos.

Sí, él lo había amado desde siempre.

Pero jamás podía obligar a Yunho a corresponderle.

Tomó el viejo libro entre sus manos.

"El niño que enloqueció de amor."

Sonrió con melancolía.

—Ese niño nunca tuvo otra oportunidad...

Acarició distraídamente la portada.

—Yo sí la tuve...

Su expresión cambió.

La voz de Yunho era lo único que recordaba de aquel sueño borroso.

Su voz fue la que me trajo de regreso.

Cerró los ojos.

—Pero también se burló de mis sentimientos...

Una pausa.

—Aunque... aquella noche...

Negó lentamente.

—No... eso no pudo ser mentira.

Recordó la forma en que Yunho había temblado.

La delicadeza con que lo había abrazado.

La ternura con que había acariciado su piel.

Y luego...

El amanecer.

Las palabras crueles.

Las lágrimas.

Las disculpas.

Las confesiones.

Los días enteros esperando frente a su puerta.

Abrió los ojos.

—Ha dicho tantas cosas...

Llevó una mano hasta su pecho.

—Pero... ¿qué dice mi corazón?

Las palabras comenzaron a regresar una tras otra.

"Escucha tu corazón."

El doctor Shirota.

"Te ama."

Su madre.

"Llena tus recuerdos con la parte dulce."

Changmin.

"No dejes que se vaya."

Junsu.

"Después ya no habrá vuelta atrás."

Todas aquellas voces resonaban dentro de él.

Jaejoong, que permanecía sentado al borde de la cama, se puso de pie de golpe.

Miró el reloj.

Su corazón latía con tanta fuerza que por un momento creyó que iba a salírsele del pecho.

Sonrió.

Por primera vez en muchos días...

Sonrió de verdad.

Ya no había confusión.

Solo había una certeza.

Quería ver a Yunho.

Salió apresuradamente de la habitación.

Atravesó el jardín casi corriendo y llegó hasta la casa vecina.

Tocó el timbre.

Esperó.

Escuchó pasos acercándose.

Su corazón comenzó a acelerarse.

La puerta se abrió.

Su sonrisa apareció al instante...

...pero se desvaneció igual de rápido.

—Señora Jung...

La mujer lo miró con cierta tristeza.

—¿Buscas a Yunho?

Los ojos de Jaejoong se iluminaron.

—¿Puede llamarlo?

La señora Jung consultó su reloj y suspiró.

—Lo siento, querido. Mi hijo y su padre ya salieron rumbo al aeropuerto. A estas horas deben estar abordando el avión.

Las palabras cayeron sobre Jaejoong como un golpe.

—Yo... no quise acompañarlos. Si iba a despedirme terminaría llorando. Más adelante viajaré para reunirme con ellos.

Le dedicó una sonrisa afectuosa.

—Ahora debo irme. Que tengas un buen día.

La puerta se cerró lentamente.

Jaejoong permaneció inmóvil.

Sin fuerzas.

Sin aire.


Unos segundos después...

—Mamá...

Su voz apenas era un susurro.

—Todos me lo dijeron una y otra vez...

Las lágrimas comenzaron a caer.

—Y fui demasiado necio para escuchar.

La señora Kim lo abrazó con ternura.

—Mi niño precioso...

Le secó una lágrima con el pulgar.

—Tienes los ojos hinchados de tanto llorar.

Sonrió con dulzura.

—Vamos.

—¿A dónde...?


En el aeropuerto...

En el aeropuerto...

—Dejen de llorar... —dijo Yunho, avergonzado.

—¡No puedo! —sollozó Yoochun.

—¡Yo tampoco! —añadió Changmin, secándose los ojos con muy poca dignidad.

Junsu sonrió al ver a su novio y a Changmin llorando como dos niños.

Poco a poco todos guardaron silencio.

Yunho, en cambio, seguía mirando entre la multitud.

Buscaba un rostro.

Uno solo.

La voz del aeropuerto anunció el último llamado para abordar.

Los cuatro amigos se fundieron en un fuerte abrazo.

Al separarse, Yunho se acercó a Junsu.

—Yo... dile que...

Sacudió la cabeza.

—No. No le digas nada. Él ya decidió.

Junsu bajó la mirada.

—Lo siento... de verdad lo siento.

—¡Yunho! —lo llamó su padre.

El moreno tomó aire.

—Debo irme... hasta pronto, amigos.


En la carretera...

—¿Por qué a todo el mundo se le ocurrió salir justo hoy? —protestaba la señora Kim.

Jaejoong apenas la escuchaba.

Sentía que el corazón le golpeaba con tanta fuerza que parecía querer escapar de su pecho.


A la salida del aeropuerto...

Changmin suspiró.

—Me siento desolado... mi amigo... mi hermano... se acaba de ir.

Yoochun frunció el ceño.

—Ese muchachito caprichoso... no vino.

Junsu guardó silencio.

Ellos salieron por una puerta.

Jaejoong entró corriendo por otra.

Pero ya era demasiado tarde.


Dentro del avión, una azafata pidió a los pasajeros que se abrocharan los cinturones.

Yunho apoyó la cabeza contra la ventanilla.

Miró por última vez el cielo de su ciudad.

Suspiró.

Cerró los ojos.


Un poco más tarde...

Los tres amigos permanecían en el local de pasteles.

—Susu... consuélame... —murmuró Yoochun.

Changmin levantó la mano.

—¡Minho! Quiero tres pasteles de chocolate. El mío debe ser el más grande. Tengo tanta tristeza... que casi no tengo hambre.

Minho sonrió divertido.

En ese momento sonó el teléfono de Junsu.

—¡Yoochun, suéltame! Es Jaejoong.

Contestó de inmediato.

—¿Qué?... No te entiendo... Respira primero.

Guardó silencio unos segundos.

—¿Qué dijiste?... ¿En serio?

Colgó lentamente.

Yoochun y Changmin lo miraban expectantes.

—Llegó tarde al aeropuerto.

Silencio.

—Esperó hasta el último momento para ir.

Changmin negó con la cabeza.

—Qué par de bobos.

Junsu sonrió.

—A mí me parece romántico.

Changmin ya sacaba su teléfono.

—Intentaré comunicarme con Romeo.

—¿Crees que tendrás señal?

—Si es necesario me subo al techo.

Minho soltó una pequeña risa.


—¿Estás bien? —preguntó la señora Kim.

Jaejoong intentó sonreír.

—Sí...

Pero no estaba bien.

Siempre había sabido que amaba a Yunho.

Solo que ahora ese amor parecía desbordarse por completo...

...y él ya no estaba para recibirlo.

Apenas habían pasado unas horas.

A Jaejoong le parecían años.


La noche cayó fría.

La señora Kim miró por la ventana.

—Qué extraño... esta noche caerá una helada.

Jaejoong observó el pequeño rosal del jardín.

Recordó aquellas palabras.

"Será el jardín más bello si el príncipe Jaejoong cuida de sus rosas. Confieso que les tengo envidia; reciben la atención que yo quisiera para mí."

Sonrió entre lágrimas.

Salió al jardín.

Con delicadeza comenzó a cubrir los rosales.

—Las cuidaré...

Su voz se quebró.

—Verán qué hermosas florecerán...

Entonces...

Una voz habló detrás de él.

—Y florecerán.

Jaejoong se quedó inmóvil.

—Porque el príncipe Jaejoong cuida muy bien de ellas.

Se limpió apresuradamente las lágrimas.

Se volvió lentamente.

Y allí estaba.

—Qué cara tan sucia... —dijo Yunho con una sonrisa—. Aun así sigues siendo el más hermoso.

Jaejoong lo miró sin poder creerlo.

—¿Eres... tú?

Yunho asintió.

—Supe que todavía tenías algo que decirme.

Al instante siguiente Jaejoong se lanzó a sus brazos.

—Lo siento...

Las lágrimas ya no podían detenerse.

—He sido un necio...

Se aferró con fuerza a él.

—Te quiero tanto...

Yunho lo abrazó todavía más.

—No vuelvas a pedirme perdón.

Apoyó la frente contra la suya.

—Ya eres todo lo que necesito.

Jaejoong sonrió entre lágrimas.

—Ya no quiero escapar.

Nunca más.

De tu amor.

Yunho acarició su mejilla.

—Prometo hacerte feliz.

—¿Lo juras?

—Lo juro.

Jaejoong cerró los ojos.

—Entonces yo prometo amarte toda mi vida.

Yunho sonrió.

—Sabes que te amo...

Más que a mí mismo.

Más que a nada.


A unos metros de allí, la señora Jung salió apresurada de su casa.

La señora Kim la detuvo con suavidad.

—¿A dónde va, vecina?

La mujer señaló a los muchachos.

—¿Acaso no ve...?

La señora Kim sonrió.

—Venga.

La tomó del brazo.

—La invito a tomar algo caliente.

Luego volvió a mirar a los dos jóvenes.

—Déjelos ser felices.

Nos guste o no...

Este es el camino que eligieron.

Y fue el amor quien los llevó hasta él.


Mientras tanto...

Yoochun y Junsu abandonaban el local sin un rumbo demasiado claro.

Changmin se frotó las manos.

—Hace frío.

Miró a Minho.

—Quiero otro pastel para llevar.

—Lo siento.

Minho sonrió con pena.

—Se acabaron.

Además hoy cerraré más temprano.

Changmin hizo un puchero.

—Sabes que puedo ir a otra pastelería.

—Eres libre de hacerlo.

En ese momento entró otro muchacho.

—¡Taemin!

—¡Minho!

Ambos se abrazaron con naturalidad.

Changmin se quedó inmóvil.

No entendía por qué aquello le molestaba tanto.

Frunció el ceño.

Y salió del local.


Más tarde...

—¿Qué buena noticia? —preguntó Yoochun por teléfono.

—Sí...

—Pero te oyes raro.

—Es que...

—¿Qué?

Changmin resopló.

—¡Ese tarado de Minho me dejó sin pastel y se fue con un sujeto con cara de idiota!

Yoochun estalló en carcajadas.

—¡¿De qué te ríes?!


Mientras tanto...

—Pero... ¿cómo estás aquí? —preguntó Jaejoong.

—El avión tuvo que regresar.

Un pasajero sufrió una emergencia médica.

Hizo una pausa.

—A veces el destino concede una segunda oportunidad.

Jaejoong iba a preguntar algo más.

Pero la impaciente mirada de Yunho hizo innecesarias las palabras.


El viento seguía siendo frío.

Jaejoong tembló ligeramente.

—¿Tienes frío?

—No.

Sonrió.

—Es mi corazón.

Creo que se está derritiendo.


Como dos niños traviesos subieron de puntillas hasta la habitación.

Jaejoong permanecía sentado al borde de la cama, incapaz de ocultar el rubor.

Yunho se acercó despacio.

—Eres tan hermoso...

—Harás que me avergüence.

El moreno sonrió.

Primero buscó sus manos.

Luego un beso.

Después otro.

El resto de las palabras dejó de ser necesario.

Aquella noche solo existían ellos dos.

Después de tanto dolor, por fin podían volver a encontrarse.


Ya pasada la medianoche...

Jaejoong contemplaba el rosal desde la ventana.

Sonrió.

—Verdaderamente florecerán hermosas.

Sintió unos brazos rodear su cintura.

—¿No puedes dormir?

Jaejoong negó con la cabeza.

—Mira...

Las estrellas.

Yunho apoyó la barbilla sobre su hombro.

—Para mí brillan en tus ojos.

Jaejoong sonrió.

—Yunho...

—¿Sí?

—¿Me amarás mañana?

El moreno hizo que lo mirara.

—¿Acaso no ves?

Solo tengo ojos para ti.


A la mañana siguiente...

—¡Es domingo! ¿Por qué me despertaron tan temprano? —protestó Changmin.

Junsu miró el reloj.

—Son las once.

—Sigue siendo temprano.

Yoochun sonrió.

—¿Sabes algo de Yunho?

—Tiene el celular apagado.

—Jaejoong también.

Los tres se miraron.

Junsu sonrió.

—Creo que eso significa que están juntos.

Changmin bostezó.

—Entonces me vuelvo a dormir.

Yoochun tomó la mano de Junsu.

—Es buena idea.

—Solo piensas en eso...

—¿Hay algo mejor que estar con quien amas?

Junsu sonrió.

—¿Me amas?

Yoochun respondió arrastrándolo consigo.

—Creo que tendré que demostrártelo otra vez.

Changmin los vio alejarse.

Rodó los ojos.

—Par de melosos...

Suspiró.

—Lo único dulce que me interesa son los pasteles de Minho.

Se quedó pensativo.

—...Eso sonó raro.


Al doblar la esquina...

—Hola, Changmin.

Él dio un pequeño salto.

—¡¿Eh?! ¿Ahora apareces cuando pienso en ti?

Minho sonrió.

—¿Estabas pensando en mí?

Changmin desvió la mirada.

—Qué ocurrencias...

Solo lamentaba que hoy fuera domingo.

Minho rió.

—Por un momento pensé que te alegraba verme.

Changmin carraspeó.

—¿Y tu amigo?

—Taemin.

Solo es un amigo.

Mi corazón le pertenece a otra persona.

Solo que esa persona aún no se da cuenta.

Changmin arqueó una ceja.

—Pues haz que lo descubra.

Ya tuve suficiente con Yunho y Jaejoong.

No quiero otra novela romántica.

Se dio media vuelta.

—Bueno... me voy.

Sin previo aviso...

Minho lo besó.

Changmin quedó completamente inmóvil.

Cuando por fin reaccionó, carraspeó.

—Definitivamente no es tan dulce como tus pasteles...

Hizo una pausa.

—Pero tampoco está nada mal.


En casa de Jaejoong...

La señora Kim abrió la puerta sin esperar respuesta.

Miró alrededor.

Sonrió.

—¿No piensan levantarse?

Jaejoong escondió el rostro bajo la sábana.

—Mamá...

—Les traeré el desayuno.

Se volvió antes de salir.

—También prepararé uno para Yunho.

Cuando la puerta se cerró...

Yunho salió de su escondite.

Jaejoong soltó el aire.

—A veces mi madre me da miedo.

Yunho rió.

Lo abrazó.

—Cuando vuelva a casa me espera un largo sermón.

—¿Quieres que te acompañe?

—No.

Le dio un beso en la frente.

—Mientras viva en tu corazón...

Nada podrá hacerme daño.


Los padres de Yunho tardaron mucho tiempo en comprender la decisión de su hijo.

No fue fácil.

Pero poco a poco dejaron de luchar contra aquello que era evidente.

Porque, al final...

lo mejor para Yunho siempre había sido Kim Jaejoong.


Otra tarde...

Yunho y Jaejoong caminaban tomados de la mano.

Unos pasos detrás iban Yoochun y Junsu.

—¡Espérenme! —gritó Changmin.

—Vamos a ver la puesta de sol —respondió Junsu.

Changmin rodó los ojos.

—Qué cursis...

Yoochun sonrió.

—¿Y Minho?

Changmin hizo una mueca.

—Está trabajando.

Luego señaló a Yunho.

—¡Oye! ¿Puedes dejar de tocar tanto a Jaejoong?

Miró a este último.

—¡Y tú deja de provocarlo!

Suspiró dramáticamente.

—Ninguno tiene compasión de un pobre soltero.

Yoochun y Junsu rieron.

—¿Qué?

Changmin levantó las manos.

—¡Me va a dar un coma diabético con tantos besos!

Más adelante...

Yunho y Jaejoong contemplaban la puesta de sol.

Nunca les había parecido tan hermosa.

Jaejoong nunca volvió a preguntar:

—¿Me amarás mañana?

Ya no existían las dudas.

El pasado había dejado cicatrices, pero también les había enseñado el valor de permanecer juntos.

Y desde aquel día construyeron su felicidad paso a paso, tomados de la mano y mirando siempre hacia el mismo horizonte.

FIN 🌹

domingo, 29 de junio de 2014

ME AMARAS MAÑANA? 5

Otro día...

Junsu observa a su amigo una y otra vez.

Abre la boca para hablar.

Se arrepiente.

Vuelve a intentarlo.

—¿Qué me quieres decir?

—¿Yo?... Nada... nada... este... nada.

Jaejoong sonríe apenas.

—Te conozco, Kim Junsu. Habla o terminarás ahogándote con las palabras.

Junsu hace una mueca.

—Qué malo eres...

Guarda silencio unos segundos.

Respira profundamente.

—Yunho... se irá.

...

...

...

Jaejoong permanece inmóvil.

Solo baja la mirada.

—Te escuché.

El silencio pesa entre ambos.

Después de un largo rato, Jaejoong sonríe con esfuerzo.

—Bajemos a cenar.

—¿Tienes hambre?

Junsu comprende que no conseguirá nada insistiendo.

—Sí...

Pero, mientras salen de la habitación, no puede dejar de mirar la espalda de su amigo.


Más tarde...

—¿Y? —pregunta Yoochun.

Junsu suspira.

—Me ignoró por completo.


Changmin observa un enorme pastel tras la vitrina de una cafetería.

Suspira con auténtica admiración.

—Ahhhh... esos dos me aburren. Es como si estuvieran compitiendo para ver quién sufre más.

Se vuelve hacia el vendedor.

—Por favor... el trozo más grande.

Yoochun abre lentamente la billetera.

—Vas a dejarme en bancarrota.

Changmin sonríe.

—El conocimiento alimenta el cerebro.

Mira el pastel.

—Y esto alimenta mi alma.

El vendedor no puede evitar sonreír.

Hace tiempo que aquel muchacho de apetito infinito le parecía encantador.

Pero Changmin jamás se daba cuenta.

Mientras recibe el pastel continúa hablando.

—Aunque no soy precisamente un romántico...

Da un bocado.

—...hasta yo puedo ver que esos dos nacieron para estar juntos.

Luego mira al vendedor.

—¿Sonó demasiado cursi?

El muchacho baja la mirada, completamente sonrojado.

Yoochun ríe.

—Pero ¿qué importa? Yunho se irá a fin de año.

Hace una pausa.

—Dicen que amor de lejos...

Changmin lo interrumpe.

—...es para quienes nunca estuvieron realmente enamorados.

Yoochun alza una ceja.

Changmin continúa con inesperada seriedad.

—Cuando el amor es de verdad, el tiempo y la distancia solo lo ponen a prueba.

Suspira.

—El problema es que ellos dejaron demasiadas cosas sin decirse.

Yoochun guarda silencio.

Luego murmura:

—Si por lo menos Yunho supiera con certeza que Jaejoong todavía lo ama...

Changmin deja lentamente el tenedor sobre el plato.

Una idea acaba de cruzar por su cabeza.

Yoochun lo conoce demasiado bien.

—¿Qué estás pensando?

Changmin sonríe de medio lado.

—Aún no lo sé...

Pero esa sonrisa no prometía nada tranquilo.


En casa de Yunho...

La señora Jung no deja de hablar con orgullo.

—Ha obtenido las mejores calificaciones del curso. También destacó en deportes...

El señor Jung escucha atentamente.

Finalmente asiente.

—Eso confirma lo que siempre pensé.

Mira a su hijo.

—Hay que desarrollar esos talentos.

Hace una breve pausa.

—Estudiarás en el extranjero.

Yunho baja la cabeza.

—Sí, padre.

Para él, la palabra de su padre siempre había sido una ley imposible de cuestionar.

Aunque por dentro sintiera que el mundo entero acababa de derrumbarse.


Aquella noche...

El tic-tac del reloj rompe el silencio.

Yunho gira una y otra vez sobre la cama.

Otra noche sin dormir.

Poco a poco el cansancio vence.

Sus párpados se cierran.

Entonces...

Siente una presencia.

Abre los ojos.

—¿Jaejoong...?

Allí está.

Sonriéndole.

—Ya te perdoné.

Yunho siente que el pecho va a estallarle.

Se hace a un lado en la cama.

—Estoy soñando...

Ríe entre lágrimas.

—No quiero despertar.

Jaejoong acaricia lentamente su rostro.

—Ámame, Yunho...

Los besos llegan con una dulzura imposible.

Las palabras de amor.

El calor de un abrazo que había extrañado demasiado.

La paz.

Y, como todo sueño...

El amanecer lo deshace.

Yunho abre los ojos.

Está solo.

Mira el lugar vacío a su lado.

Sonríe con tristeza.

—Era... un sueño...


Un poco más tarde...

Changmin observa por la ventana.

—¿Y tu vecino?

Yunho se encoge de hombros.

—Supongo que en la clínica.

—¿Todavía sigue con las terapias?

—Eso creo.

Changmin permanece unos segundos en silencio.

—¿Y tú?

Yunho tarda en responder.

—Estoy intentando sacarlo de mi vida.

Changmin gira lentamente hacia él.

—¿Y cómo piensas hacer semejante cosa?

Yunho dirige la vista hacia la ventana de la casa vecina.

Después de un largo silencio, responde casi en un susurro.

—El amor... no dura para siempre.

Changmin niega con la cabeza.

—Tal vez los amores pasajeros.

Da una palmada sobre el hombro de Yunho.

—Los verdaderos... esos se quedan para siempre.

Hace una pausa.

Luego se lleva una mano a la frente.

—¡¡Aggg!! ¿Qué me pasa? ¡Me estoy convirtiendo en un cursi!

Yunho no puede evitar reír.

Y, por primera vez en muchos días...

La risa le sale de verdad.

En la clínica...

El doctor Shirota revisa por última vez los resultados.

Sonríe satisfecho.

—Bien...

Levanta la vista.

—Es oficial. Te daré el alta.

Los ojos de Jaejoong se iluminan.

—¡¿En serio?!

—Sí.

El doctor ríe.

—Aunque, para ser sincero... es una lástima.

Jaejoong alza una ceja.

—¿Una lástima?

—Claro.

Cierra la carpeta.

—Dejaré de ver a mi paciente favorito.

Jaejoong sonríe con cierta timidez.

—No sabía que tenía ese honor.

—No lo desaproveches.

Ambos ríen.


De regreso...

Al llegar a la calle...

Las miradas vuelven a encontrarse.

Solo unos segundos.

Ninguno dice una palabra.

Yunho entra lentamente en su casa.

Jaejoong hace lo mismo.

Pero, una vez dentro...

Permanece varios segundos apoyado contra la puerta.

Suspira.

Su corazón late demasiado rápido.

Y, por un instante...

Tiene el impulso absurdo de volver a salir.

Solo para verlo una vez más.

Entonces escucha la voz de su madre.

—¡Hijo! ¿Ya llegaste? Cuéntame, ¿qué dijo el doctor?

Jaejoong se aparta de la puerta.

Sonríe.

—Me dio el alta.

Hace una pequeña reverencia teatral.

—Oficialmente soy un hombre sano.

Intenta volver a sonreír.

Pero aquella sonrisa dura apenas un instante.


La señora Kim aplaude emocionada.

—¡Eso hay que celebrarlo!

Piensa unos segundos.

—¿Qué te parece si este fin de semana hacemos una comida especial?

Jaejoong se rasca la nuca.

—Lo siento...

La madre entrecierra los ojos.

—Tengo... una cita.

Silencio.

La señora Kim sonríe con picardía.

—A ver, jovencito...

Cruza los brazos.

—Cuéntale todo a tu madre.

Jaejoong ya conoce esa expresión.

—Mamá...

Ella sonríe todavía más.

—¡No me digas que saldrás con Yunho!

La expresión de Jaejoong cambia por completo.

—¡No!

Hace una pausa.

—No tengo nada que ver con... con Yunho.

La señora Kim lo observa con ternura.

—Hijo...

Se acerca y acomoda un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Yo siempre supe que ese amor platónico de tu infancia era Yunho.

Sonríe.

—Y también sé que el de ahora sigue siendo Yunho.

Jaejoong baja la mirada.

Aprieta lentamente los puños.

—Ya no...

Su voz apenas se escucha.

—Ya no es...

No consigue terminar la frase.

La señora Kim espera unos segundos.

Luego pregunta con suavidad:

—Entonces... ¿con quién vas a salir?

Jaejoong respira profundamente.

—Solo es un amigo.

Hace una pequeña mueca.

—No empieces a imaginar cosas.

La señora Kim sonríe para sí.

No insiste.

Porque las madres...

A veces entienden mucho más de lo que dicen.





En la casa vecina...

—Sería bueno que comenzaras a hacer tu equipaje. Solo queda una semana. No quiero andar con apuros después —dijo el señor Jung sin apartar la vista del periódico.

—No te preocupes. Ya está casi listo.

—Lleva solo lo importante. Lo demás podremos comprarlo allá.

Yunho bajó la mirada.

—Lo más importante...

Sin darse cuenta, dejó escapar un suspiro.

El periódico golpeó la mesa.

—¿Ahora suspiras como una niña?

La señora Jung intervino enseguida.

—Yunho está cansado por los exámenes y las competencias deportivas. Déjalo descansar.

El hombre se levantó.

—Ojalá sea solo eso.

Subió las escaleras sin añadir una palabra más.

Cuando quedaron solos, Yunho habló en voz baja.

—Mamá... yo...

—Mejor no digas nada. Tu padre sabe qué es lo mejor para ti.

—No lo dudo... pero ¿y lo que siento?

Ella permaneció en silencio unos segundos.

—Haré de cuenta que no escuché eso.

Antes de subir también, añadió:

—Sueño con ver esta casa llena de nietos correteando algún día.

Yunho intentó sonreír.

—Todavía soy muy joven para pensar en hijos.

—Con mayor razón. Es mejor enderezar el tronco mientras aún es joven.

Yunho cerró los ojos.

No respondió.


Más tarde...

—Perdona que lo diga... —comenzó Yoochun con cautela—, pero creo que tus padres...

Changmin terminó la frase.

—Necesitan un buen psicólogo. Esa homofobia que cargan no le hace bien a nadie.

Yunho hizo un pequeño puchero.

—No me gustan los hombres.

Los dos lo miraron.

—Solo me gusta Jaejoong.

Changmin soltó una carcajada.

—Entonces eres jaesexual.

Yunho terminó riéndose también.

—Qué bueno que alguien pueda reírse... Yo ya me compliqué demasiado.

Bajó la vista.

—Él ya no me quiere ni como amigo. Pronto me iré... y todo se arreglará.

Hizo una pausa.

—Yo también... estoy intentando olvidarlo.

Changmin lo observó unos segundos.

—¿Te creíste tú mismo eso que acabas de decir?

Yunho dejó escapar una risa cansada.

—No tienes compasión.


En ese momento Yoochun vio pasar a Junsu.

—Ahora vuelvo.

Y salió prácticamente corriendo.

Yunho lo siguió con la mirada.

—Los envidio. Se ven tan bien juntos.

Changmin sonrió de lado.

—Yo que tú agarraría a esa muñequita de porcelana, la besaría hasta dejarlo sin aire y le demostraría quién manda aquí.

Yunho abrió mucho los ojos.

—¡Estás loco! Me odiaría para siempre.

Hizo una pausa.

—...Aunque ganas no me faltan.

Changmin le dio una palmada en el hombro.

—Ven. Te invito algo dulce.

—¿Eso cura corazones rotos?

—No.

—Entonces...

—Pero al menos distrae.

Los dos terminaron sonriendo.


Mientras tanto...

—¿¡Que tiene una cita!? —exclamó Yoochun.

—¡Shhh! ¡Baja la voz! —susurró Junsu.

—Esto va a matar a Yunho.

—Pues no se lo cuentes. Tienes la pésima costumbre de contarle absolutamente todo.


Una mañana...

Jaejoong salió al jardín.

Las hojas amarillas del otoño cubrían por completo un pequeño rosal.

Se agachó despacio y comenzó a retirarlas una por una.

—La próxima primavera volverás a florecer...

Sonrió.

—Yo te cuidaré.

—Parece que estoy viendo al Principito hablando con su rosa.

Jaejoong levantó la vista.

Yunho estaba apoyado en la reja.

—Envidio a ese rosal. Le dedicas la atención que yo quisiera recibir.

Jaejoong se incorporó lentamente.

—¿No te cansas?

Yunho negó con una pequeña sonrisa.

—El amor no cansa.

Jaejoong dio un paso.

Todavía no recuperaba del todo el equilibrio y trastabilló apenas.

Yunho avanzó por instinto.

—¡Cuidado...!

Lo sostuvo del brazo antes de que cayera.

—...mi amor.

Silencio.

Jaejoong retiró lentamente el brazo.

—No me llames así.

Yunho bajó la mirada.

—Lo siento... Mi corazón todavía no aprende.

Volvió a hacerse el silencio.

Por un instante, ambos se quedaron mirándose.

Ninguno fue capaz de apartar la vista.

—¡Yunho!

La voz grave del señor Jung rompió el momento.

Jaejoong dio un paso atrás.

—Buenos días, señor Jung.

El hombre apenas inclinó la cabeza.

—Yunho. Vamos.

Subieron al automóvil.

Durante unos minutos nadie habló.

Finalmente Yunho rompió el silencio.

—Fuiste muy frío con Jaejoong.

El señor Jung siguió mirando al frente.

—He sido demasiado tolerante contigo.

Entonces giró apenas la cabeza.

—No pongas a prueba mi paciencia.



Fin de semana...

Yunho volvía del supermercado cuando un automóvil estacionado frente a la casa vecina llamó su atención.

Frunció el ceño.

Era el auto del doctor Shirota.

Se quedó inmóvil observando.

Un momento después, Jaejoong salió de la casa. Reía por algo que el médico acababa de decir. Hacía mucho tiempo que Yunho no veía aquella sonrisa tan despreocupada.

El doctor le abrió la puerta del automóvil con naturalidad.

Jaejoong subió aún sonriendo.

El coche se alejó lentamente.

Yunho permaneció de pie hasta que desapareció al final de la calle.

Las bolsas del supermercado pesaban cada vez más entre sus manos.

—¿Qué está pasando...? —murmuró.

Las preguntas comenzaron a acumularse en su cabeza.

Ninguna tenía respuesta.


Un poco más tarde...

Sonó el teléfono.

—Vamos a algún lado —propuso Yoochun—. Changmin también vendrá.

—No tengo ánimo. Estoy preocupado por Jaejoong.

—¿Y ahora por qué? ¿No le dieron el alta?

—Sí... pero su doctor vino a buscarlo.

Al otro lado hubo un breve silencio.

—Ah... era eso...

Yunho frunció el ceño.

—¿Sabes algo que yo no?

—Bueno...

—¿Junsu te dijo algo?

—Este...

—¡Yoochun, habla de una vez!

Yoochun suspiró.

—No era una consulta médica...

...

...

...

—Salieron juntos.

Silencio.

—¿Yunho?

...

—¿Sigues ahí?

La voz del moreno apenas fue un susurro.

—Eso creo...

Yoochun intentó arreglar la situación.

—Solo fue una salida entre amigos.

Yunho dejó escapar una risa amarga.

—¿Con el doctor?

Hizo una pausa.

—No intentes verme la cara.


Más tarde...

Yunho aceptó salir con una compañera de la escuela.

Ella hablaba sin parar.

Le contaba anécdotas, se reía, hacía preguntas.

Él sonreía por educación.

Pero apenas escuchaba.

Su mente estaba en otra parte.

—¿Yunho?

Él levantó la vista.

—¿Eh?

—Hace rato que no me estás escuchando.

Yunho sonrió con culpa.

—Perdón...

La muchacha sonrió con amabilidad.

—No te preocupes.

Sin embargo, ambos entendieron que aquella salida no tenía sentido.

Poco después la acompañó hasta su casa.

—Gracias por venir.

—Gracias a ti...

Ella entró a su casa.

Yunho permaneció unos segundos mirando la puerta.

Luego dio media vuelta.


Más tarde...

Changmin caminaba junto a él mirando la vitrina de una pastelería.

De pronto frunció el ceño.

—¿Dónde está mi pastel de chocolate?

Entró decidido.

—¡Oye, Minho!

El vendedor levantó la cabeza, sorprendido.

—¿Sabes cómo me llamo?

—Claro.

El muchacho sonrió, ligeramente sonrojado.

—¿En serio?

—Lo tienes escrito en el delantal.

Minho soltó una pequeña risa.

—Ah... cierto.

—Quiero el pastel de chocolate de siempre. Uno grande... y otro para mi amigo.

Minho hizo una mueca.

—Lo siento... se acabó.

—Solo quedan de manjar y vainilla.

La expresión de Changmin cambió por completo.

—¿Cómo que se acabó?

—Lo siento mucho...

—Vengo todos los días.

—Lo sé.

—Entonces deberías reservarme uno.

El pobre Minho ya no sabía dónde mirar.

Yunho negó con la cabeza.

—Changmin... todos los pasteles te gustan.

Changmin se quedó pensando unos segundos.

...

—Tienes razón.

Minho dejó escapar el aire que llevaba conteniendo.

Yunho no pudo evitar reír.

Una risa breve.

Pequeña.

Pero sincera.

Changmin sonrió satisfecho.

—¿Ves? Para algo sirven los pasteles.

Ya en casa...

Yunho permanecía inmóvil.

Las palabras de su padre seguían resonando en su cabeza.

"Mañana nos vamos."

Las clases habían terminado.

Los negocios también.

No quedaba ninguna excusa para permanecer allí.


Más tarde...

Los tres amigos estaban reunidos.

—¿Tan urgente tiene que ser? —preguntó Yoochun—. Puedes estudiar aquí.

Changmin negó con la cabeza.

—Esto nunca fue por los estudios.

Yunho sonrió con tristeza.

—Es para alejarme de él.

Nadie respondió.

Después de unos segundos Changmin suspiró.

—Ni siquiera alcanzamos a hacer un paseo de despedida... o una comida con muchas cosas deliciosas.

Yoochun lo miró.

—Siempre pensando en comer.

—Cada uno enfrenta el dolor como puede.

Los tres terminaron sonriendo.

Changmin volvió a ponerse serio.

—¿Qué harás con Jaejoong?

Yoochun añadió:

—¿Piensas despedirte?

Yunho bajó la mirada.

—Los voy a extrañar.

Yoochun sonrió.

—Nosotros también.

Changmin apoyó una mano en su hombro.

—Estamos juntos desde el jardín infantil.

Hubo un largo silencio.

—Supongo que ya es hora de abandonar el nido.


Más tarde...

—Hoy no logré tener tu atención —comentó Shirota mientras conducía.

Jaejoong sonrió.

—¿Qué dices? Me divertí mucho.

El médico también sonrió.

—Sí...

Hizo una breve pausa.

—Pero nunca dejaste de pensar en él.

Jaejoong guardó silencio.

—Doctor...

—Entonces deja de llamarme doctor.

Jaejoong levantó la vista.

—Llámame Yuu.

Después de unos segundos, sonrió con timidez.

—Está bien...

—Yuu.

Ambos rieron.

En ese momento sonó el teléfono.

Shirota respondió.

Su expresión cambió enseguida.

—Lo siento... surgió una emergencia.

Jaejoong sonrió.

—La vida de un doctor.

—Nos vemos.

—Cuídate.

El automóvil desapareció calle abajo.

Jaejoong caminó hacia la puerta de su casa.

Entonces alguien sujetó suavemente su brazo.

—¿Qué haces? Suéltame.

Era Yunho.

—Por favor...

Jaejoong retiró el brazo.

—No me toques.

Yunho respiró hondo.

—Solo quiero que me escuches una última vez.

Silencio.

—Cuando éramos niños, nunca entendí por qué me ponía tan nervioso cuando estabas cerca.

Sonrió con tristeza.

—Con los demás me sentía fuerte.

Contigo...

Negó con la cabeza.

—Las piernas me temblaban.

Jaejoong permanecía inmóvil.

—Fui un cobarde.

Pensé que, si te alejaba, dejaría de sentir todo aquello.

Pero solo conseguí hacerte daño.

Mucho daño.

Jaejoong desvió la mirada.

—Hace frío.

Adiós.

Se dio media vuelta.

Entonces escuchó aquella frase.

—Mañana me voy.

Se detuvo.

No giró.

Yunho continuó hablando.

—Mañana me iré del país.

Te esperaré hasta el último momento.

Si no vienes...

No volveré a molestarte.

Respiró profundamente.

—Estoy enamorado de ti.

No me avergüenza decirlo.

Cambiaste mi vida.

Gracias a ti aprendí en qué clase de persona quiero convertirme.

No espero que me perdones hoy.

Solo deseo que algún día...

cuando pienses en mí...

ya no recuerdes al niño que te hizo llorar.

Ojalá puedas regalarme una sonrisa.

Aunque sea una sola.

Silencio.

El viento movía lentamente las hojas secas del jardín.

Jaejoong seguía de espaldas.

Sin moverse.

Sin decir una palabra.

Yunho sonrió con tristeza.

Luego dio media vuelta.

Y comenzó a caminar.














CONTINUARÁ...















martes, 24 de junio de 2014

ME AMARÁS MAÑANA? 4

Más tarde...

Yunho dejó la mochila sobre la cama, se cambió de ropa a toda prisa y bajó las escaleras.

—Un momento, jovencito. ¿Adónde vas con tanta prisa?

—Voy a ver a Jaejoong.

La señora Jung suspiró.

—Sé que son vecinos desde pequeños y que todo lo del accidente te afectó mucho, pero... últimamente ya casi no paras en esta casa.

Yunho sonrió con cierta timidez.

—¿Te molesta?

—No.

Negó con la cabeza.

—Solo me preocupa que estés dejando de lado otras responsabilidades. Siempre has sido muy solidario...

Yunho bajó la mirada.

—No es solidaridad.

Hizo una breve pausa.

—Es algo mucho más importante.

La señora Jung entendió que no obtendría más respuestas.

—Está bien. No vuelvas muy tarde. Prepararé la cena.

Cuando Yunho ya iba a salir, ella volvió a llamarlo.

—Ah... tu padre telefoneó.

Yunho sonrió de inmediato.

—¿Volverá pronto?

—Quiere que termines tus estudios en el extranjero.

La sonrisa desapareció.

—¿Qué?

—Pensé que era tu sueño.

Yunho permaneció inmóvil.

—Sí...

Miró hacia la ventana de la casa vecina.

—Lo era.


Mientras caminaba hacia la casa de los Kim, aquellas palabras no dejaban de darle vueltas.

El extranjero.

Hasta hacía unos meses habría aceptado sin pensarlo.

Ahora...

Ahora significaba alejarse de Jaejoong.

Y eso le resultaba insoportable.


La señora Kim abrió la puerta.

Su expresión bastó para inquietarlo.

—Buenos días.

—Qué bueno que llegaste...

Parecía realmente preocupada.

—¿Pasó algo? ¿Jaejoong está bien?

Ella suspiró.

—Desde que vino aquel muchacho... está muy extraño.

—¿Junsu?

—No, él no.

Negó enseguida.

—Otro chico.

Frunció el ceño, intentando recordar.

—¿Cómo era su nombre...? ¿Karma?

Yunho sintió un vuelco en el pecho.

—¿Karam?

—¡Ese mismo!


Yunho subió casi corriendo.

Frente a la puerta respiró profundamente.

Entró.

Jaejoong permanecía sentado, con la mirada fija en el suelo.

Ni siquiera levantó la cabeza.

—No te acerques.

Yunho dio un paso.

—Jae...

—No te acerques.

Esta vez su voz fue firme.

—Desde ahí puedes escucharme.

Entonces levantó lentamente la mirada.

Sonreía.

Pero era una sonrisa completamente vacía.

—¿Sabes?

Cuando éramos niños... no había nadie más valiente para mí que tú.

Yunho sintió un nudo en la garganta.

—Te admiraba tanto...

Suspiró.

—Que un día descubrí que ya no solo quería estar contigo.

Te amaba.

Bajó la vista un instante.

—Cada vez que te veía me ponía nervioso.

Me temblaban las manos.

Me daba miedo hasta hablarte.

Esbozó una pequeña sonrisa.

—Cuando me enfermé, tu madre te obligó a visitarme.

Tú lanzaste un osito sobre la cama...

Se inclinó hacia el velador y tomó el viejo peluche.

—Todavía lo conservo.

Lo sostuvo unos segundos.

—¿Sabes por qué enfermé aquella vez?

Porque me enteré de que tenías novia.

Sentí que todo mi pequeño mundo se hacía pedazos.

Respiró con dificultad.

—Después vino el golpe...

Después...

Aquella noche.

Y luego...

El accidente.

Yunho dio otro paso.

—Jaejoong...

—¡No!

Su voz tembló.

—No hables.

Porque tu voz...

Me duele.

Tus palabras...

Me duelen.

Y hasta tu presencia...

Me duele.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control.

—Dime...

¿Hasta cuándo pensabas seguir fingiendo?

¿Hasta cuándo?

Yunho sintió que el pecho se le rompía.

—Escúchame...

Por favor...

—No.

Jaejoong negó lentamente.

—Ese día...

Yo estaba completamente destrozado.

Solo quería entender.

Solo quería preguntarte por qué.

Pero ni siquiera me escuchaste.

Se llevó una mano al pecho.

—Te vi alejarte.

Seguí llamándote.

Hasta el último momento.

Su voz se quebró.

—Cuando el auto me golpeó...

Lo último que vi...

Fuiste tú.

Te tendí la mano.

Grité tu nombre.

Esperé...

Pero nunca llegaste.

El silencio que siguió fue insoportable.

Yunho lloraba sin ocultarlo.

—Mi amor...

Yo...

—¡No me llames así!

Jaejoong retrocedió un paso.

—Nunca fui tu amor.

¿Querías limpiar tu conciencia?

Pues no lo lograste.

Solo volviste a romperme.

Yunho levantó la vista.

Por primera vez dejó de intentar justificarse.

—Tuve miedo.

Nada más.

Miedo.

Y por ese miedo...

Te destruí.

No tengo ninguna excusa.

Solo...

Lo siento.

Jaejoong soltó una risa amarga.

—Qué decepción, Jung Yunho.

Yo pensaba que eras valiente.

Resultó que eras un cobarde.

Yunho cerró los ojos.

—Lo fui.

Pero jamás dejé de amarte.

Aquella noche...

No fue una mentira para mí.

—Para mí sí.

Respondió Jaejoong con una calma que dolía todavía más.

—Porque al día siguiente me hiciste creer que nunca había significado nada.

Cada palabra cayó como una sentencia.

Yunho ya no tenía fuerzas para responder.

Solo pudo bajar la cabeza.

Después de un largo silencio, Jaejoong habló por última vez.

—Puedes irte.

No voy a perdonarte.

Tal vez algún día deje de odiarte.

Pero perdonarte...

No.

Ve a buscar tu perdón en otra parte.

Yo ya no puedo dártelo.

Yunho respiró con dificultad.

—Ojalá pudiera borrar todo lo que hice.

Pero no puedo.

Solo puedo arrepentirme cada día.

Y seguir amándote...

Aunque ya no quieras volver a verme.


En ese momento llamaron suavemente a la puerta.

—¿Muchachos?

Era la señora Kim.

—Escuché gritos... ¿todo está bien?

Jaejoong respiró hondo.

Se secó rápidamente las lágrimas.

Cuando habló, su voz volvió a sonar tranquila.

—Sí, mamá.

Todo está bien.

Hazme un favor...

Acompaña a Yunho hasta la puerta.

Él ya se iba.

Yunho abrió la puerta antes de que ella pudiera entrar.

—No se preocupe.

Conozco el camino.

La señora Kim observó a ambos con preocupación.

Algo había cambiado.

Lo sintió de inmediato.

Pero ninguno de los dos dijo una palabra.


Esa noche, Yunho llegó a su casa sin mirar a nadie.

Subió directamente a su habitación.

Entró al baño.

Abrió la ducha.

El agua comenzó a caer con fuerza.

Solo entonces se permitió llorar.

No quería que nadie escuchara el sonido de su corazón rompiéndose.





Al día siguiente...

La madre de Yunho golpea la puerta.

—¡Hijo, levántate! ¡Llegarás tarde a clases!

—¿Qué hora es...?

Yunho mira el reloj. Luego dirige la vista hacia la ventana y suspira.

Afuera, la mañana es espléndida.

Para él, en cambio, todo luce gris.


En la casa vecina...

—¡Buenos días, jovencito! Vamos, mira qué lindo día. —La señora Kim corre las cortinas.

Jaejoong hace una mueca.

—¿Dónde está lo lindo?

—Ah... mi pequeño está deprimido...

Le besa la frente con cariño y, mientras acomoda las almohadas, comenta distraídamente:

—Yunho debe estar por llegar. Ese muchacho nunca deja de visitarte...

La expresión de Jaejoong cambia de inmediato.

—¡¡No quiero que venga más!!

La señora Kim se sobresalta.

—¿Eh?

—¡¡Por favor, dile que no venga!! ¡¡No quiero verlo!!

Ella lo observa unos segundos, sorprendida.

—Está bien... tranquilo. Si no quieres recibirlo, así será. Pero cálmate, por favor.

Jaejoong simplemente gira el rostro hacia la ventana.


Un rato después...

—Lo siento, Yunho... pero Jaejoong no quiere verte.

El muchacho permanece inmóvil.

—Pero... necesito decirle tantas cosas...

La señora Kim suspira.

—No sé qué ocurrió entre ustedes... pero, por ahora, déjalo tranquilo.

Yunho baja la mirada.

—...Entiendo.

Aunque, en realidad, sabía que no era cierto.


En la escuela...

Yoochun observa a su amigo.

—¿Qué le sucede?

Changmin niega con la cabeza.

—No ha dicho una sola palabra desde que llegó.

En ese momento aparece Karam.

—Yun...

No alcanza a terminar.

Yunho se pone de pie de golpe y lo sujeta con fuerza del brazo.

—¡¡Estás enfermo!!

Todo el salón queda en silencio.

—¡¡Nunca te di esperanzas!! ¡Te dije claramente que solo te parecías a una persona! ¡Nada más!

Karam intenta soltarse.

—¡Suéltame!

Pero Yunho continúa, temblando de rabia.

—¡¡Qué mente tan retorcida tienes!! ¡Apenas te conozco! ¡No quiero volver a verte jamás!

Karam lo desafía con la mirada.

—¿Es por ese?

Los ojos de Yunho se endurecen.

—Ese tiene nombre.

Hace una pausa.

Kim Jaejoong.

Su voz ya no tiembla.

—Y lo amo.

El silencio pesa sobre todos.

—¿Entendiste? ¡Lo amo! ¡Jamás ocuparás su lugar!

Changmin y Yoochun intercambian una mirada.

Entonces llega Junsu, jadeando.

—¡Esa basura fue a ver a Jaejoong!

Changmin cierra los ojos con fastidio.

—Lo sabía...

Yoochun frunce el ceño.

—¿Qué pasó?

Junsu aprieta los puños.

—Le contó todo.

El ambiente se vuelve helado.

—¿Cómo se enteró? —pregunta Yoochun.

Changmin responde con amargura.

—Nos escuchó hablar. Después solo tuvo que unir las piezas.

Mira a Junsu.

—¿Y Jaejoong?

Junsu baja la cabeza.

—Ni siquiera quiso verme...

Su voz se quiebra.

—Gritó que todos éramos unos traidores.

Yoochun, sin decir nada, lo abraza.

Changmin mira a Karam.

Su paciencia se termina.

—Ya decía yo que no te ibas a quedar tranquilo.

Karam intenta retroceder.

Yoochun lo toma del cuello de la camisa.

—¿Y tú adónde crees que vas?

Changmin sonríe de lado.

—Gracias. Muy amable.

Yoochun lo empuja hacia él.

—Todo tuyo.

Junsu suspira.

—Yo vigilaré... por si viene alguien.

Karam apenas alcanza a protestar.

—¡¡Ustedes son unos...!!

No termina la frase.

Changmin lo encara.

—Escúchame bien.

Su voz es peligrosamente tranquila.

—Si vuelves a acercarte a Jaejoong, no responderé de mí.

Lo suelta de un empujón.

Karam tropieza.

Antes de que Changmin pueda hacer algo más...

—¡Déjalo!

Es Yunho.

Changmin lo mira incrédulo.

—¿Después de todo lo que hizo?

—Golpearlo no arreglará nada.

Yunho baja la cabeza.

—Si yo hubiera dicho la verdad antes... esto nunca habría pasado.

Las palabras pesan más que cualquier golpe.

Changmin afloja lentamente los puños.

Karam aprovecha para salir corriendo.

Changmin resopla.

—Está bien... ya me dolían las manos.

Yoochun observa a Yunho.

—No sé qué decir.

Changmin intenta aliviar un poco la tensión.

—¿Ves? Esta vez ni siquiera tuve que decir "te lo dije".

Yoochun le da un codazo.

—Por una vez en tu vida, intenta no sonar como Changmin.

Eso consigue arrancar apenas una sombra de sonrisa.

Solo una.

Yunho mira hacia la ventana del salón.

Su voz sale casi en un susurro.

—Nada puede doler más...

Hace una pausa.

—...que el desprecio de la persona que amas.


Mientras tanto, Junsu intenta llamar una y otra vez a Jaejoong.

El teléfono suena.

Nadie responde.

Una vez.

Otra.

Y otra más.

Esa noche...

Yunho permanece durante largas horas frente a la ventana de su habitación.

Su mirada nunca se aparta de la casa vecina.

De pronto, una silueta aparece detrás del cristal.

Su corazón late con fuerza.

Es él.

Permanece inmóvil, esperando que levante la vista.

Pero las luces se apagan.

Y con ellas, la pequeña esperanza de volver a verlo.


A la mañana siguiente...

Lo primero que hace al despertar es mirar hacia la ventana.

Ve a Jaejoong subir al automóvil.

Sin pensarlo, baja corriendo las escaleras.

—¡¡Jaejoong!!

Golpea suavemente el vidrio del automóvil.

—¡¡Jaejoong!!

Como si fuera invisible, nadie responde.

Jaejoong mantiene la mirada fija al frente.

La señora Kim baja un poco la ventanilla.

—Ah... Yunho, no insistas.

Él intenta sonreír.

—Lo siento... pero su hijo... es muy importante para mí.

La mujer suspira con tristeza.

—Ahora iremos a la clínica. Tal vez más tarde puedas verlo. Por ahora debemos irnos.

El automóvil comienza a avanzar.

Yunho permanece inmóvil hasta que desaparece al final de la calle.

Ni una sola mirada.


Al volver a casa, encuentra a su madre esperándolo en el comedor.

Tiene el ceño fruncido.

—¿Podrías explicarme qué fue todo eso?

—¿Qué...?

—Sales corriendo sin escucharme, pasas las noches despierto... te he oído suspirar... incluso llorar.

Yunho baja lentamente la cabeza.

Respira hondo.

—Mamá... yo estoy enamorado de...

La señora Jung levanta una mano.

—No lo digas.

Yunho reúne todo el valor que le queda.

—...de Jaejoong.

El silencio parece detener el tiempo.

—Oh, Dios...

Retrocede un paso.

—No...

Yunho continúa con la voz quebrada.

—Él ya no quiere verme.

La señora Jung niega una y otra vez.

—Estás confundido... Todo esto es consecuencia del accidente. Pasará.

—No, mamá.

La mira fijamente.

—Yo ya lo amaba antes.

Ella siente que el suelo desaparece bajo sus pies.

Yunho vuelve a hablar.

—Tengo que contarte algo.

Hace una larga pausa.

—La noche antes del accidente...

Traga saliva.

—Jaejoong y yo estuvimos juntos.

Su madre lo observa sin poder reaccionar.

—¿Qué... estás diciendo?

—Después discutimos.

Su voz apenas se sostiene.

—Él salió corriendo. Quiso hablar conmigo... y yo no lo escuché.

Cierra los ojos.

—No fui detrás de él.

Respira con dificultad.

—Y entonces ocurrió el accidente.

Las lágrimas comienzan a caer sin que pueda detenerlas.

—Mamá... Jaejoong tuvo ese accidente porque yo le rompí el corazón.

La señora Jung se lleva ambas manos al rostro.

—¡¡Cállate, Yunho!!

Su voz también tiembla.

—¡¡No quiero escuchar más!!

Niega desesperadamente.

—Eso que sientes... es un error.

—No lo es.

—¡Sí lo es!

Respira agitadamente.

—No me has dicho nada. Yo... no he escuchado nada.

Sale casi huyendo de la habitación.


Esa misma tarde llama a su esposo.

Necesita que regrese cuanto antes.

Está convencida de que debe alejar a Yunho antes de que termine destruyendo su propia vida.


En la clínica...

El doctor Shirota termina de revisar a Jaejoong.

—Físicamente estás excelente.

Sonríe satisfecho.

—Ahora hablemos de otra cosa.

La señora Kim se inquieta.

—Doctor... ¿mi hijo tiene algo? ¿Es por el golpe en la cabeza? Últimamente ha estado tan tenso...

Shirota niega con tranquilidad.

—No se preocupe. No tiene relación con el accidente.

La mujer suspira aliviada.

Pero el doctor continúa.

—Es algo mucho más profundo.

Ella vuelve a tensarse.

—¿Eh?

Shirota sonríe con picardía.

—Parece que nuestro Jaejoong está enamorado.

La señora Kim abre los ojos con sorpresa.

Luego ríe.

—¡Eso ya lo había escuchado!

Mira a su hijo con ternura.

—Cuando tenía doce años un doctor me dijo exactamente lo mismo.

Jaejoong baja la mirada.

Las mejillas se le tiñen de rojo.

—No es verdad...

Hace un pequeño puchero.

—Ya no soy un niño.

Shirota ríe.

—Precisamente por eso me preocupa.


Más tarde, en la escuela...

Changmin observa a Yunho.

—Así que... le contaste todo a tu madre.

Yoochun lo mira con curiosidad.

—¿También le dijiste que estás enamorado de... otro chico?

Yunho asiente en silencio.

Changmin suspira.

—Me sorprendes.

Yoochun rompe la tensión.

—Ah... el amor. Qué cosa tan complicada.

Se lleva una mano al estómago.

—Por eso yo amo la comida. Nunca me contradice.

Changmin alza una ceja.

—¿Y en terapia también sirven almuerzo?

Yoochun lo mira.

—Estás perdido.

Por primera vez en varios días, Yunho sonríe.

Es una sonrisa pequeña.

Pero sincera.

Changmin también sonríe.

—Bueno... algo es algo.

Yunho baja la mirada.

—No voy a rendirme.

Aprieta los puños.

—Esperaré todo el tiempo que sea necesario.

Aunque tenga que pasar horas frente a su puerta.

Aunque nunca vuelva a mirarme.


Los días comenzaron a repetirse.

Al salir de la clínica...

Yunho estaba allí.

Al regresar de las terapias...

También.

Cuando Jaejoong miraba distraídamente por la ventana...

Volvía a encontrar aquella misma figura esperándolo.

Nunca insistía.

Nunca levantaba la voz.

Solo permanecía allí.

En silencio.

Pero Jaejoong seguía pasando de largo.

Sin detenerse.

Sin una palabra.

Sin regalarle siquiera una mirada.

Esa noche...

Yunho permanece durante largas horas frente a la ventana de su habitación.

Su mirada nunca abandona la casa vecina.

De pronto distingue una silueta.

Su corazón comienza a latir con fuerza.

Es él.

Permanece inmóvil, esperando que levante la vista.

Pero las luces se apagan.

Y con ellas desaparece también la esperanza de volver a verlo.


A la mañana siguiente...

Lo primero que hace al despertar es pensar en Jaejoong.

Se acerca a la ventana y lo ve subir al automóvil junto a su madre.

Sin pensarlo dos veces, baja corriendo las escaleras.

—¡¡Jaejoong!!

Golpea suavemente el vidrio.

—¡¡Jaejoong!!

Pero es como si no existiera.

Jaejoong mantiene la vista al frente.

La señora Kim baja un poco la ventanilla.

—Ah... Yunho. No insistas.

Él baja la mirada.

—Lo siento... pero su hijo... es muy importante para mí.

La mujer suspira con tristeza.

—Ahora iremos a la clínica. Tal vez más tarde puedas verlo. Por ahora debemos marcharnos.

El automóvil se aleja lentamente.

Yunho permanece de pie en medio de la calle.

Ni una sola mirada.

Ni un solo gesto.


Al regresar a casa encuentra a su madre esperándolo.

Tiene el ceño fruncido.

—¿Podrías explicarme qué fue todo eso?

—¿Qué...?

—Sales corriendo sin escucharme. Pasas las noches despierto. Suspiras... y hasta te he escuchado llorar.

Yunho baja lentamente la cabeza.

Respira hondo.

—Mamá... yo estoy enamorado de...

Ella levanta una mano.

—No lo digas.

Él reúne fuerzas.

—...de Jaejoong.

La señora Jung retrocede un paso.

—Oh, Dios...

Niega una y otra vez.

—No...

Yunho continúa.

—Él ya no quiere tenerme a su lado.

La mujer intenta convencerse a sí misma.

—Eso es bueno...

Respira agitadamente.

—Sí... eso es bueno. Así nada ocurrirá entre ustedes.

Lo mira con desesperación.

—Estás confundido. Todo esto es consecuencia de lo que vivieron.

Yunho niega.

—No, mamá.

Hace una pausa.

—Yo ya lo amaba antes.

Su madre guarda silencio.

Entonces Yunho reúne el valor que le queda.

—Tengo que contarte algo.

Traga saliva.

—La noche anterior al accidente...

Hace una larga pausa.

—Jaejoong y yo estuvimos juntos.

La señora Jung lo observa sin comprender.

—¿Qué... estás diciendo?

—Después discutimos.

Su voz apenas se sostiene.

—Él quiso hablar conmigo... pero no lo escuché.

Cierra los ojos.

—Lo dejé ir.

Las lágrimas vuelven a aparecer.

—Y poco después ocurrió el accidente.

Su madre permanece inmóvil.

—Mamá...

Su voz se rompe.

—Jaejoong tuvo ese accidente porque yo le rompí el corazón.

Ella se lleva ambas manos al rostro.

—¡¡Cállate, Yunho!!

Niega con desesperación.

—¡No quiero escuchar más!

Respira con dificultad.

—Debes darte cuenta de que todo esto es un error.

—No lo es.

—¡Sí lo es!

Su voz también se quiebra.

—Eso que sientes... es un error.

Yunho intenta acercarse.

—Mamá...

Ella da un paso atrás.

—No me has dicho nada.

Niega lentamente.

—Yo... no he escuchado nada.

Sale de la habitación.


Esa misma tarde llama a su esposo.

Necesita que regrese cuanto antes.

En su mente solo existe una idea.

Debía alejar a Yunho de todo aquello.


Otro día...

Junsu permanece de pie frente a la puerta de la habitación.

Baja la cabeza.

Balbucea varias veces.

Parece incapaz de encontrar las palabras.

Después de un largo silencio consigue decir:

—Eres mi mejor amigo.

Hace un pequeño puchero.

Jaejoong sonríe.

—Ah... no puedo seguir enojado contigo.

Junsu ríe aliviado y se lanza sobre la cama para abrazarlo.

Jaejoong protesta enseguida.

—¡Somos amigos, pero no tanto!

Ambos terminan riendo.


Los días continúan pasando.

Los avances de Jaejoong son cada vez más evidentes.

Las muletas finalmente quedan atrás.

Todavía camina con cuidado.

Pero, poco a poco, vuelve a llevar una vida casi normal.


Una tarde, durante una sesión, el psicólogo lo observa con atención.

—Tu cuerpo está sanando muy bien.

Hace una breve pausa.

—Ahora falta que sanen tu corazón... y tu mente.

Jaejoong baja la mirada.

—¿Y cómo podría hacerlo?

El doctor sonríe con calidez.

—Olvida por un momento que soy tu psicólogo.

Cruza los brazos.

—Tómalo como el consejo de un amigo.

Jaejoong levanta la vista.

—¿Cuál?

—Escucha a tu corazón.

Él frunce ligeramente el ceño.

—¿Escuchar el corazón?

El doctor ríe.

—Sí.

Se recuesta en el respaldo de la silla.

—Es curioso que un psicólogo diga esto... pero no siempre le hagas caso a la razón.

Hace una pequeña pausa.

—A veces...

Sonríe.

—El corazón tiene razones que la razón desconoce.

Jaejoong permanece en silencio.

Sin darse cuenta...

Lleva varios días intentando convencer a su cabeza de olvidar a Yunho.

Pero cada vez que cierra los ojos...

Es su corazón el que sigue pronunciando el mismo nombre.


Una tarde...

Jaejoong y Junsu van de compras.

—Ahhhh, hace mucho que no tenía nada a la moda. ¿Cómo me veo?

Junsu hace una mueca.

—Caprichoso... sabes que con cualquier cosa te ves bien.

—Eso es cierto... —responde con una enorme sonrisa.

Pero aquella sonrisa desaparece en cuanto escucha una voz.

—¿Puedo acompañarte?

—No estoy solo.

Yunho se acerca con cautela.

—Jaejoong... por favor, perdóname.

Jaejoong guarda silencio unos segundos.

—Está bien...

Los ojos de Yunho se iluminan.

—¿De verdad?

—Sí... pero no me aburras.

Sin pensarlo, Yunho lo abraza. Jaejoong se tensa y lo aparta con suavidad.

—Lo siento... fue la emoción. Paso a paso... ¿de acuerdo?

—Tengo que irme.

—¿Te acompaño?

—Junsu lo hará.

Yunho asiente, ocultando su decepción.

—Me alegra tanto verte caminar sin dificultad...

Jaejoong solo le dedica una breve mirada antes de seguir su camino.


Habla el corazón...

Junsu sonríe.

—Qué bueno...

—¿Qué cosa?

—Que lo perdonaste. El pobre estaba...

Jaejoong niega con la cabeza.

—Solo fingí para que me deje tranquilo. Estoy cansado de que me siga a todas partes.

Junsu se queda inmóvil.

—Tú... no eres así.

Jaejoong baja la mirada unos segundos.

—¿Y cómo quieres que sea? ¿Que siga creyendo en cualquiera? ¿Que vuelva a entregar el corazón como si nada hubiera pasado? No... ya no soy ese.

Respira hondo.

—Déjame solo.

—¿Eh?

—Supongo que querrás pasar la noche con el amigo de ese...

—Pero...

—Desde aquí puedo ver mi casa. Vete.

Junsu suspira.

—Mañana pasaré a verte.

Jaejoong cierra los ojos.

—Lo siento...

—Está bien. Un amigo comprende el mal humor de otro amigo... porque un amigo es un amigo y...

—Ya vete...

Ambos sonríen apenas.


Jaejoong continúa caminando solo.

Al llegar al cruce de calles se detiene.

Sin darse cuenta, ha llegado exactamente al mismo lugar donde cambió su vida.

Su respiración se acelera.

Las imágenes regresan como un golpe.

Su propia voz llamando desesperadamente a Yunho...

El sonido de los frenos...

El impacto...

Las lágrimas comienzan a caer.

El semáforo cambia a verde.

Da un paso.

Se detiene.

Vuelve a rojo.

Permanece inmóvil.

Otra vez cambia a verde.

Esta vez avanza sin mirar.

Entonces...

—¡¡Jaejoong!!

Unos brazos lo sujetan con fuerza por la cintura y lo arrastran hacia atrás.

Un automóvil pasa a toda velocidad frente a ellos.

—¡¡Tonto!! ¿En qué estabas pensando? ¡¡Tonto!!

Jaejoong levanta lentamente la vista.

Yunho llora.

Llora como nunca antes lo había visto.

—¡¡Tonto... en qué estabas pensando!!

Durante un instante, Jaejoong recuerda otra caída.

Pero esta vez...

Yunho había llegado a tiempo.

—¡Suéltame! ¡No me toques! ¡No quiero verte! ¿Qué parte no entiendes?

Yunho se seca las lágrimas con el dorso de la mano.

—Está bien... no me ames.

Respira profundamente.

—No me perdones.

Hace una pausa.

—Pero déjame quedarme cerca. Déjame asegurarme de que nunca vuelvas a caer.


Noviembre ha llegado junto con los exámenes finales.

—Es increíble —dice Yoochun—. ¿Cómo sacaste tan buenas calificaciones?

Yunho sonríe apenas.

—Soy un genio.

Luego suspira.

—¿Y tú? Nunca te veo estudiar y tienes notas tan buenas como las de Yunho.

Changmin se encoge de hombros.

—Tengo mis métodos didácticos.

—¿Cuáles?

—Muy simples. Pongo varios pocillos con comida sobre una bandeja. Cada plato representa una materia distinta. Mientras más como... más estudio.

Yoochun lo mira horrorizado.

—Estás enfermo.

Changmin sonríe satisfecho.

—No. Solo soy eficiente.

Yunho deja escapar una pequeña risa.

Luego vuelve a quedarse pensativo.

—Me pregunto cómo le habrá ido a Jaejoong...

Sonríe con nostalgia.

—Siempre fue brillante.


Una mañana...

La señora Kim no puede acompañar a Jaejoong a su control médico.

—¡Mamá! Iré solo.

—No.

—Entonces no iré.

La mujer piensa unos segundos.

—Ya sé. Ve por Yunho.

—¡No!

Pero al ver la preocupación en el rostro de su madre termina cediendo.

Minutos después toca el timbre de la casa vecina.

La señora Jung abre la puerta.

—Qué sorpresa... ¿Cómo estás?

—Bien... gracias. ¿Está Yunho?

La mujer duda apenas.

Mira hacia el interior de la casa.

—Lo siento... salió muy temprano.

Jaejoong baja la cabeza.

—Ya veo...

Da media vuelta.

—¿Quieres que le deje algún mensaje?

—No... solo dígale que vine.

La puerta se cierra.

Dentro de la casa...

—¿Quién era? —pregunta Yunho mientras baja las escaleras, todavía adormilado.

Su madre responde con aparente tranquilidad.

—Un muchacho... creo que se había equivocado de casa.

Yunho no sospecha nada.


Habla el corazón...

Jaejoong vuelve a encontrarse frente al mismo cruce.

El semáforo cambia.

Respira hondo.

Duda.

Mucho.

Entonces escucha una voz.

—Dame tu mano.

Levanta lentamente la vista.

Yunho está frente a él.

Con la mano extendida.

—Crucemos juntos.

Durante un instante, Jaejoong permanece inmóvil.

Su razón le dice que retroceda.

Pero su corazón avanza antes que él.

Con timidez...

Toma la mano de Yunho.

—Esto no significa nada...

Yunho sonríe con tristeza.

—Lo sé.

—Y lo acepto.

Cruzan lentamente.

Paso a paso.

Cuando llegan al otro lado, Jaejoong deja escapar una pequeña sonrisa.

Yunho lo observa como si acabara de recibir el regalo más valioso del mundo.

Sin poder contenerse, murmura:

—No sabes cuánto te amo...

Jaejoong baja la mirada.

—Por favor... no vuelvas a hablarme de amor.

Yunho asiente despacio.

—Lo intentaré... pero no puedo prometerte que dejaré de sentirlo.

Jaejoong aprieta los labios.

—Tus palabras siguen sonando falsas. ¿No sientes vergüenza por lo que pasó aquella noche? ¿De verdad crees que existe alguna forma de borrar ese dolor?

Yunho responde con la voz quebrada.

—La vergüenza vive conmigo todos los días... pero, si algún día me lo permites, quiero reemplazar esos recuerdos por otros mejores.

Jaejoong niega lentamente.

—No confío en ti.


Otro día más.

Changmin suspira.

—Creo que deberías dejar de perseguirlo un tiempo.

Yoochun asiente.

—Haz que te extrañe.

Yunho hace un puchero.

—Pero... ¿quién lo va a cuidar?

Changmin sonríe.

—Podrás hacerlo... sin que él lo note.

Yunho suspira.

—¿Alejarme un tiempo...?


Al regresar a casa encuentra una visita inesperada.

—¡Papá!

El hombre mantiene la misma expresión seria de siempre.

—Tengo algunos asuntos que resolver aquí.

Hace una breve pausa.

—Cuando termines el año...

Yunho espera.

—Harás las maletas.

—¿Cómo?

—Nos iremos al extranjero.

El corazón de Yunho se detiene por un instante.


Más tarde, solo en su habitación, abre las cortinas.

La ventana de Jaejoong permanece cerrada.

Permanece varios minutos observándola en silencio.

Apoya lentamente la frente contra el vidrio.

—Ojalá no fuera amor...

Cierra los ojos.

—Porque, si realmente lo es...

...creo que jamás podré dejarlo ir.






CONTINUARÁ.