martes, 21 de enero de 2014

PROMESA FINAL

Yunho se mantenía apoyado en la baranda del balcón de aquella casa que guardaba tantos recuerdos.

Changmin se acercó de fondo, frotándose los brazos para mitigar el frío. —Hace frío... Será mejor que entres —le sugirió con suavidad.

Yunho no respondió. Su mente y sus pensamientos volaban lejos de allí, remontándolo al mismo lugar, a ese mismo balcón donde, un año atrás, le había confesado a Jaejoong que se había enamorado de otra persona.

Un año antes, después de un largo tiempo de viaje, los miembros de JYJ daban por terminada su gira.

—¡Ah, mi cama! ¡Cómo te amo! —exclamó Jaejoong, dejándose caer en ella. —Yo me meteré directo al jacuzzi... —anunció Junsu, arrastrando los pies. —Y yo dormiré una semana entera —agregó Yoochun, dejándose caer en el sofá.

Jaejoong era incapaz de disimular su alegría. Sus ojos brillaban de una manera especial.

—Estás muy contento... ¿Acaso hay algo más que no nos hayas contado? —le pinchó Junsu con una sonrisa pícara. —Supe que cierto dúo estará de regreso la próxima semana —intervino Yoochun, guiñándole un ojo. —Después de mucho tiempo, por fin lo veré... —admitió Jaejoong en un susurro.

Esa noche, Jaejoong, Yoochun y Junsu durmieron con la paz de los niños pequeños.

Mientras tanto, al otro lado del mundo, la atmósfera era muy distinta. Yunho miraba con fijeza a través de la ventana de un hotel cuando Changmin entró a la habitación, rompiendo el silencio.

—¿Cuándo se lo dirás? —La semana que viene... —respondió Yunho, sin apartar la vista del cristal.

Los días pasaron rápido y el esperado reencuentro llegó.

—¡No sé qué ponerme! —exclamó Jaejoong, desesperado, mientras sacaba y sacaba ropa del armario. —Ponte esto y esto —sugirió Junsu, arrojándole un par de prendas al azar.

 —¿Estás loco? ¡Estos trapos son de la temporada pasada! 

—¿Qué sucedió aquí? —preguntó Yoochun, asomándose a la habitación—. ¿Pasó un huracán y no me di cuenta? 

—Es Jaejoong, que no sabe qué ponerse —explicó Junsu, rodando los ojos. 

—Quiero que cuando me vea se quede mudo de la impresión —confesó Jaejoong, mirándose al espejo. —Ve desnudo —bromeó Yoochun. Jaejoong sonrió, divertido por la ocurrencia. —Buena idea, pero eso será después de la cena. 

—Pícaro... Ya quieres hacer travesuras con el morenito —se burló Junsu. 

—¿Y dónde será el ferviente encuentro? —preguntó Yoochun, recuperando un poco la seriedad. —En nuestra antigua casa —respondió Jaejoong, y una chispa de melancolía cruzó su rostro. Junsu suspiró. —Qué nostalgia...

Lleno de ilusiones, Jaejoong preparó una deliciosa y romántica cena. La mesa estaba exquisitamente decorada; cada cubierto había sido colocado con amor y esmero.

De pronto, el sonido de un auto estacionándose afuera hizo que su corazón se disparara. Escuchó unos pasos pesados y firmes en el porche, pasos que conocía de memoria.

«Debo comportarme», se dijo a sí mismo, intentando respirar profundo. «Pero tengo tantas ganas de arrojarme a sus brazos y que me abrace fuerte, como lo hacía antes».

La puerta se abrió. Al segundo, Jaejoong ya estaba colgado del cuello de Yunho.

—Lo siento —sonrió, un poco avergonzado por su propio impulso.

El moreno apenas esbozó una sonrisa forzada. Paseó la mirada por el lugar hasta detenerla en la mesa. —Todo está... bien —dijo con voz apagada.

Jaejoong lo miró, confundido por su frialdad. —¿Estás muy cansado? —Fueron muchas horas de vuelo, Jaejoong. —Sí, sí, claro... ¿Quieres beber algo? —Lo necesito.

Jaejoong sirvió dos copas del mejor vino que tenía guardado, intentando disipar la tensión.

Yunho se mordió los labios, visiblemente tenso. —Debemos hablar... —Estamos hablando —respondió Jaejoong con una sonrisa tímida, intentando aligerar el ambiente. Yunho movió la cabeza, serio. —Esto es en serio... Lo que debo decirte es muy serio. —Me estás asustando...

Yunho lo miró fijamente a los ojos. —Quiero que me escuches muy bien, sin interrupciones. Trata de comprender. —¿Comprender qué...? —Dije que sin interrupciones.

El moreno tomó aire y comenzó a hablar...

—Han sido años difíciles para ambos... para todos —comenzó Yunho, con la voz apagada—. Tú bien sabes que, después de la separación, quedamos destrozados y...

—Pero poco a poco lo hemos superado —lo interrumpió Jaejoong, buscando desesperadamente una pizca de optimismo—. A pesar de no estar cerca, a pesar de la distancia, yo...

—Por favor, Jaejoong... No me interrumpas. No hagas más difícil decir lo que tengo que decirte.

Jaejoong guardó silencio, con el corazón en la garganta. El moreno tomó aire y prosiguió.

—Lo nuestro, lo que vivimos, fue hermoso. Pero... —Yunho soltó un suspiro pesado, incapaz de mirarlo a los ojos—. Hubo momentos en los que sentí una gran soledad. De verdad te añoraba. Y en esos momentos de angustia, Changmin fue... ha sido una gran compañía. No sé si es amor, pero...

—¿Qué? —susurró Jaejoong. El aire pareció evaporarse de la habitación.

—Pero sé que quiero estar con él. Lo siento.

Jaejoong se llevó las manos a la boca, intentando contener un grito. Sus dedos temblaban descontrolados ante aquellas palabras. Yunho y Changmin. No, eso no podía ser real. Yunho, el amor de su vida, y Changmin, su miembro favorito, el menor del grupo... lo estaban traicionando.

—¿Estás... estás bien? —preguntó Yunho, rompiendo el doloroso silencio—. Di algo, lo que sea.

—¿Me preguntas si estoy bien? —La voz de Jaejoong salió rota, escalando rápidamente en incredulidad y furia—. ¿¡Me preguntas si estoy bien!? Acabas de matarme, Yunho.

—Déjame explicarte, yo...

—¡Cállate! —gritó, tapándose los oídos—. ¡No quiero... no quiero escuchar más tu voz!

—¡Trata de entender! —le pidió el moreno, dando un paso hacia él.

—¿Entender? ¿¡Entender qué!?

—Entiende que no voy a cambiar de opinión.

Jaejoong soltó una carcajada amarga, llena de dolor. —¡Idiota! ¿Piensas que te voy a rogar? ¿Qué te voy a suplicar? —Lo señaló con el dedo índice, con el desprecio quemándole el pecho—. Ustedes dos se merecen. ¡Son tal para cual!

—Ah, Jaejoongie... —suspiró Yunho, exhausto.

—¿¡Jaejoongie!? ¡No vuelvas a llamarme así en tu vida!

—Las cosas no deberían terminar así entre nosotros.

—¿Y qué quieres? ¿¡Que les dé mi bendición!? —Jaejoong caminó hacia la puerta y la abrió de par en par—. Pues vete. ¡Vete! Él debe estar esperándote afuera, ¿verdad?

Yunho bajó la mirada, guardando un silencio sepulcral.

—¿Te avergüenzas? —escupió Jaejoong, con los ojos inyectados en llanto—. Siempre lo mismo contigo. Eres un cobarde. Siempre lo fuiste.

—Déjame decirte que...

—Ya no hay nada que decir. Vete... ¡Vete de aquí!


Mientras Yunho estuvo allí, Jaejoong luchó con todas sus fuerzas para contener el llanto. Pero en el instante en que la puerta se cerró tras el moreno, la represa se rompió. Todas las lágrimas que se habían agolpado en sus ojos cayeron sin freno, dejando su corazón completamente vacío.

El tiempo pasó con una lentitud aplastante. Trabajar y trabajar sin descanso se convirtieron en las únicas terapias que Jaejoong encontró para no pensar. Sin embargo, su mente lo traicionaba: las letras de sus nuevas composiciones eran un reflejo crudo del inmenso amor que aún sentía por Yunho. A su lado, Yoochun y Junsu se sentían tan devastados como él; se transformaron en un apoyo imprescindible, sosteniéndolo en sus peores noches.

Por otro lado, aunque Yunho se sentía a gusto con Changmin, la realidad en la intimidad era muy distinta. Aquella pasión desbordante que solía experimentar al estar con Jaejoong nunca más volvió a manifestarse. Al principio de la relación, las cosas habían sido confusas; ahora que compartían una vida juntos, la seguridad flaqueaba. Ninguno de los dos se atrevía a ponerlo en palabras, tal vez para no herirse mutuamente, o tal vez por el orgullo de no admitir que habían cometido un error garrafal.

Cuando se tocaban, lo último que surgía era pasión. Cada uno fingía por el bien del otro. Intentaron forzar un sentimiento que no existía, pero la verdad era innegable.

Una noche, el peso de la mentira se volvió insoportable.

Yunho se sentó en el borde de la cama, sintiendo el pecho oprimido por una angustia asfixiante y el calor de las lágrimas a punto de brotar. Miró de reojo a Changmin, quien parecía dormir plácidamente. Se levantó despacio, cuidando cada movimiento para no despertarlo, caminó hacia la ventana y, finalmente, abandonó la habitación en busca de aire.

En la cama, Changmin dejó de actuar. Había estado fingiendo todo el tiempo. Abrió los ojos en la penumbra y apretó los puños con fuerza, tragándose su propia frustración.

Minutos después, el menor decidió seguirlo. Encontró a Yunho sumido en la oscuridad, se sentó a su lado y, sin pausas ni rodeos, soltó la verdad que ambos callaban:

—Nos equivocamos —dijo Changmin, con la voz firme pero teñida de tristeza—. Confundimos la amistad con algo que no es.

Yunho escondió el rostro entre las manos, derrotado. —Ah... Lo siento tanto.

—¿Cómo podremos enmendar este error?

—No lo sé... —admitió el moreno en un susurro—. Lo único que tengo claro es que... necesito verlo.

Pero recuperar el tiempo perdido no sería fácil. Jaejoong estaba demasiado herido; el nombre de Yunho era un tema vetado, una herida prohibida que nadie se atrevía a tocar en su presencia. Era una tarea titánica, considerando que seguían siendo los reyes del K-pop; no había rincón en Corea donde no se hablara de ellos o donde no sonara alguna de sus canciones.

Pronto, la agenda de Jaejoong se llenó con ofertas para series y películas. Entre los rodajes, la música y sus composiciones, apenas le quedaba tiempo libre. «Dormir cansado para no pensar», ese se convirtió en su lema de vida. Sin embargo, había algo que no podía controlar: sus propios sueños. Esos estúpidos sueños que insistían en traerle el pasado de vuelta, susurrándole al oído: «Jaejoong, te veo en mis sueños...».

No podía evitarlo. Atrapado entre la rabia y el amor, se vio obligado a esconder su frustración detrás de una máscara. Tenía que sonreír. Frente a las cámaras, frente a los fans y frente al mundo, siempre tenía que sonreír.


En el plató de televisión, las luces brillaban con intensidad mientras el presentador se inclinaba hacia su invitado con una sonrisa astuta.

—Díganos, Jaejoong... ¿Está saliendo con alguien actualmente?

Un murmullo de expectación y sorpresa recorrió a toda la audiencia en el estudio. Jaejoong mantuvo la compostura, ofreciendo su sonrisa más encantadora frente a la cámara.

—No estoy saliendo con nadie ahora... —respondió con calma, haciendo una breve pausa dramática—, pero mi corazón ya tiene dueño.

El público estalló en un grito unísono de asombro. El presentador, encantado con la exclusiva, no tardó en presionar un poco más.

—¡Vaya! Cuéntenos más... Por ejemplo, ¿cuál fue el último regalo que le dio a ella?

Jaejoong sonrió de medio lado, aunque una sombra de melancolía cruzó sus ojos por una fracción de segundo. —Compré dos anillos. Uno para mí y otro para... ella. —Apuesto a que quedó impresionada —comentó el presentador. —La verdad es que no —Jaejoong soltó una risa ligera, casi restándole importancia—. Me dejó antes de que pudiera entregárselo.

Un coro de lamentos y exclamaciones de simpatía resonó en las gradas.

—Lo bueno de todo aquello —continuó Jaejoong, manteniendo el tono bromista— fue que me reembolsaron el dinero de uno de los anillos, ya que el mío ya lo llevaba puesto.

La audiencia estalló en vítores y aplausos, conmovida por la aparente ligereza con la que el idol manejaba su supuesto desamor. El conductor, cambiando de rumbo para suavizar el ambiente, continuó con la entrevista.

—¿Y cuáles son sus próximos proyectos?

—Con JYJ tenemos una agenda bastante copada —explicó Jaejoong, enderezándose en su asiento—. Iniciaremos una gira por Sudamérica. Después de eso, Yoochun protagonizará una serie de época, Junsu lanzará su álbum como solista y, en cuanto a mí, hay proyectos para una película y tal vez un mini álbum en solitario también.

Los fans volvieron a gritar entusiasmados ante las noticias.

—Entonces, no hay tiempo para nada más —concluyó el presentador. —Estamos en esto porque lo elegimos, y no queremos defraudar a nuestras fans bajo ninguna circunstancia.

Los chillidos de emoción inundaron el estudio una vez más, cerrando el bloque.

Al otro lado de la pantalla, la agenda de Yunho estaba igual de saturada, pero su mente se encontraba en otra parte. Aprovechando un breve descanso en los camerinos, marcó un número de teléfono en su móvil, repitiendo un ritual que se había vuelto diario.

La operadora le devolvió la misma respuesta automática de siempre: El número marcado no existe.

Changmin, que lo observaba desde el otro lado de la habitación, rompió el silencio. —¿Lograste comunicarte con él? Yunho dejó caer el teléfono sobre sus piernas, exhausto. —Cambió su número.

—Ánimo... —Changmin dudó un momento, rascándose la nuca con culpa—. Si quieres, yo puedo intentar hablar con él. No sé, tal vez podría... —No creo que sea conveniente, no por ahora —lo cortó Yunho con voz apagada. —Lo sé. Debe odiarme tanto como a ti... Lo siento, no quise decir eso. —Pero es cierto —admitió el moreno, clavando la mirada en el suelo—. Debe odiarme.

Yunho se acercó a la ventana del camerino, observando el cielo gris de la ciudad.

«Ah, Jaejoong... Estás tan lejos», pensó, sintiendo que la distancia entre ambos era insalvable. «Solo puedo decirte que lo siento... y rogarle al cielo que algún día me perdones».


En otro lugar, lejos del bullicio de las cámaras, Jaejoong observaba los árboles desnudos. Sus ramas secas se movían con violencia, danzando al ritmo de un viento helado. Había sido un invierno duro, el más crudo que recordara, especialmente por el vacío que llevaba dentro.

Pero el tiempo pasa. Y, como reza el viejo refrán, el tiempo lo cura todo. Jaejoong se aferró a esa promesa como a un salvavidas y continuó con su vida, forzando la distancia con el hombre que tanto amaba.

Los meses transcurrieron arrastrando a cada uno en sus extenuantes actividades. El tiempo pasó sin piedad, recordándoles que la vida no se detiene por un corazón roto. Y así, Jaejoong aprendió a vivir con el dolor; ese infinito dolor que se guarda secretamente en el fondo del alma y que se convierte en un compañero silencioso.

Este ha sido el invierno más largo sin ti. Hubo días en los que ni siquiera sabía a dónde ir. Y ya ves que, de alguna manera, sigo sin poder olvidarte. Porque después de todo lo que nosotros vivimos, de tanto entrar y salir... A veces creo escuchar que golpean la puerta. ¿Quién está allí? ¿Nadie? Me quedo pensando que quizás me lo merezco. Ahora comprendo que realmente no sabía nada. ¿No te diste cuenta de que tú lo eras todo? Rápidamente estoy aprendiendo a amar otra vez. Todo lo que sé es que estaré bien. Yo pensé que no podría vivir sin ti... ¿Va a doler también cuando la herida sane? Dicen que todo mejorará con el tiempo. Y aunque realmente te amo, voy a sonreír porque me lo merezco. Todo mejorará con el tiempo... ¿Cómo podría encender el televisor sin encontrar algo allí que me te recuerde? ¿Fue todo así de fácil para ti? ¿Dejar a un lado tus sentimientos? Si estoy soñando, no quiero reír; eso hiere mis sentimientos. Pero todo eso ya pertenece al pasado y el tiempo lo curará. Desde que se terminó nuestra relación, ya no hay más un "tú y yo". Esta vez te dejaré ir... Para poder ser libre y vivir mi vida como debería ser. No importa qué tan difícil sea. Yo estaré bien sin ti.

Desesperado por romper el muro de silencio, Yunho acudió a uno de sus pocos amigos en común; alguien en quien Jaejoong aún confiaba plenamente.

—Por favor, dile que necesito hablar con él —le suplicó Yunho, con los ojos cargados de ansiedad—. Donde y cuando él elija. Yo estaré esperando. Heechul lo miró fijamente, suspirando con pesadez. —Sabes que no será nada fácil, Yunho. Pero lo intentaré. —No sabes el favor que me haces —respondió el moreno, sintiendo un leve rayo de esperanza.

Algunos días después, en un reservado de un restaurante discreto, Heechul intentaba convencer a un Jaejoong visiblemente reacio.

—Solo te pide que lo escuches —insistió Heechul, cruzándose de brazos. —¿Que lo escuche? —Jaejoong soltó una risa amarga—. Ya escuché demasiado la última vez. —Esta vez es diferente. Él quiere enmendar su error.

—¿Así de fácil? —El tono de Jaejoong se elevó, tiñéndose de una rabia contenida—. He pasado meses en una constante agonía, Heechul. Y justo ahora, cuando estoy logrando dejar todo atrás y ponerme en pie, viene a derrumbar todo lo que he construido. Heechul lo observó con fijeza. —Eso significa que aún lo amas...

—No lo niego —admitió Jaejoong, bajando la mirada hacia su copa mientras las lágrimas amenazaban con volver—. Pero es mejor seguir adelante. El tiempo lo curará. Todo mejorará con el tiempo.

Y aferrado a esa dolorosa convicción, dejó pasar un año entero.


De vuelta al presente, Yunho continuaba apoyado en la baranda del balcón de aquella casa que guardaba tantos recuerdos.

Changmin se acercó, frotándose los brazos por el frío. —Hace frío... Será mejor que entres —le sugirió.

El mayor no respondió. Su mente y sus pensamientos volaban lejos de allí, remontándolo a ese mismo lugar, a ese mismo balcón donde, un año atrás, le había confesado a Jaejoong que se había enamorado de otra persona.

—No quiere saber nada de mí... —susurró Yunho, quebrando el silencio—. Lo entiendo y lo comprendo, pero lo necesito. Necesito, al menos, una pequeña esperanza. ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? ¿Cómo pude...? —¿Cómo pudimos? —lo corrigió Changmin con suavidad—. Ambos compartimos la misma culpa.

Yunho se quedó un rato más en la terraza, contemplando la noche y añorando el amor del pasado.

El tiempo siguió su curso, implacable, como si intentara borrar cualquier indicio de dolor de su corazón. Yunho renovó todo su guardarropa y se mudó de casa en un intento de empezar de cero; sin embargo, al final, sus pasos siempre lo traían de vuelta al mismo lugar. Se descubría esperando, quizás con la absurda ilusión de verlo llegar.

«Ah... ¿puedes oírme? Escúchame...»

Vuelvo a recordar, sentado en el mismo lugar donde la historia comenzó, bajo la sombra del viejo reloj. Casi son las seis cuando empieza a atardecer y siento una lágrima llegar. Si lo eras todo para mí... ¿En qué momento se me ocurrió la gran idea de dejarte ir?

Arrepentido, arrepentido en el dolor. Sin salida, a la deriva de tu amor. Arrepentido, quiero decirte que me equivoqué. ¿Qué puedo hacer? Perdóname... No sabes cuánto duele.

Los días pasaron y la vida continuó su marcha entre extenuantes actividades: conciertos, grabaciones, entregas de premios y el eco constante de los aplausos.

Una tarde, el destino dio un vuelco. Yunho regresó a la antigua casa y, al salir al balcón donde tantas veces había llorado su nombre, se congeló. Aquella persona estaba allí, observando el horizonte.

—¿Eres tú...? —alcanzó a decir Yunho, con el corazón desbocado—. ¿Estoy soñando otra vez, como tantas noches? Jaejoong giró el rostro lentamente, con una expresión indescifrable.

 —Soy tan real como tus pesadillas. 

—No me hables así... Yo te... —No lo digas —lo interrumpió Jaejoong, levantando una mano—. No vaya a ser que después te arrepientas. 

—Nunca he estado tan seguro de mis sentimientos como ahora. Jaejoong soltó una risa amarga. —¿Sentimientos? No me hagas reír. Tus sentimientos son demasiado cambiantes.

 —No... Me equivoqué, Jaejoong. Cometí el peor error de mi vida. 

—Y por tu equivocación, fui yo quien tuvo que pagar los platos rotos —sentenció con frialdad. 

—¿Cómo puedo hacer que vuelvas a creer en mí? Dime qué tengo que hacer para que confíes otra vez.

Jaejoong suspiró, clavando sus ojos oscuros en los del moreno. —Te aseguro que si hubiera sido cualquier otro... yo te habría perdonado. Incluso te habría olvidado con el tiempo. Pero no fue cualquiera. Fue Changmin, Yunho. Y eso es algo que no puedo tolerar. Lo siento, pero supera mis fuerzas.

Yunho, desesperado, dio un paso al frente. —¿Entonces tu amor no era tan grande como decías? 

—Mi amor no tiene nada que ver con esto —replicó Jaejoong, y por primera vez, la voz le tembló—. Creí morir. Pensaba que la vida se había acabado para mí. Lloré noches enteras en la absoluta soledad y, al día siguiente, tenía que salir a sonreírle al mundo entero. ¿Y tienes el descaro de decir que mi amor no era verdadero?

—Estoy desesperado, Jaejoong. Recomencemos. Olvidemos todo lo que pasó.

Jaejoong negó con la cabeza, dedicándole una mirada llena de una triste madurez. —Te equivocas. No es tan fácil. Ya te lo dije. 

—¿Entonces qué sugieres que haga?

 —Escúchame... Poco a poco te has ido quedando en mis recuerdos. Por ahora... quédate allí.

En mi soledad me ahoga tanta libertad, y entre las memorias del ayer, veo mis alas rotas al caer. No puedo entender... si lo eras todo para mí, ¿en qué momento se me ocurrió la gran idea de dejarte ir? Arrepentido, estoy perdido en el dolor. Sin salida, a la deriva de tu amor. Arrepentido, quiero decirte que me equivoqué. ¿Qué puedo hacer? Perdóname... No sabes cuánto duele. Sé que soy esclavo de un grave error, hoy quiero dar marcha atrás, quiero ganarme tu fe... y entregarte mi ser. Te amo.

—¿Te volveré a ver? —preguntó Yunho, con un hilo de voz.

Jaejoong esbozó una pequeña y nostálgica sonrisa antes de darse la vuelta. —Algún día... No cabe duda.

Con esa promesa final suspendida en el aire, Jaejoong caminó hacia la salida y abandonó la casa.

Yunho se quedó solo en el balcón, añorando ese próximo encuentro. Y pensó: «Esta vez... quizás... Cuando el color de nuestros recuerdos finalmente se desvanezca y todo se nuble, entonces trataré de apagar tu amor de mi corazón. Adiós, mi amor».

El tiempo siguió pasando y, al parecer, las heridas comenzaron a sanar. A la distancia, bajo el mismo cielo, pero en mundos separados, el eco de sus pensamientos volvió a cruzarse.

—Es un día hermoso... —susurró Jaejoong, contemplando el sol. 

—Pero... ¿por qué mis ojos se vuelven a llenar de lágrimas? —se preguntó Yunho en la lejanía.

FIN