Dos meses después...
Cada tarde, al terminar las clases, Jung Yunho recorría corriendo el mismo camino hasta la clínica.
Ya era parte de su rutina.
Se sentaba en el pasillo, frente a la habitación donde permanecía internado Jaejoong, y esperaba pacientemente a que la puerta se abriera, aunque supiera de antemano que no le permitirían entrar.
Jaejoong seguía sin despertar.
Los médicos lo habían mantenido en coma inducido para intervenir el coágulo que se había formado en su cerebro tras el accidente.
Aun así, Yunho no faltó ni un solo día.
Cuando el doctor salió de la habitación, encontró al muchacho esperándolo, como siempre.
El hombre suspiró con discreta resignación.
—Deberías ir a descansar, Yunho. Estar aquí todos los días no cambiará las cosas. Solo sus padres pueden entrar.
Yunho bajó la cabeza.
—Solo... dígame cómo está.
El médico lo observó unos instantes antes de responder.
—Ha evolucionado muy bien. La cirugía fue un éxito y todo indica que despertará pronto.
El pecho de Yunho pareció aflojarse apenas un poco.
—¿De verdad?
El doctor asintió.
—Ahora ve a casa. Tú también necesitas descansar.
Yunho hizo una leve reverencia, pero no se movió hasta que el médico desapareció por el pasillo.
Fue Changmin quien terminó tomándolo del brazo.
—Vamos.
Al salir de la clínica, el silencio terminó por quebrarse.
Yunho se cubrió el rostro con ambas manos.
—Fue mi culpa...
Su voz apenas era un susurro.
—Todo esto fue por mi culpa.
Changmin permaneció a su lado unos segundos antes de responder.
—No cargues con todo tú solo.
Yunho negó lentamente.
—No.
Levantó la vista, con los ojos completamente enrojecidos.
—Yo fui quien decidió hacerle daño.
Changmin bajó la cabeza.
—Yo sabía que pensabas darle una lección... y no hice nada para detenerte.
Durante unos instantes ninguno de los dos habló.
—Tal vez los dos seamos responsables.
Yunho esbozó una sonrisa amarga.
—No existe una culpa compartida cuando alguien termina luchando por su vida.
Las palabras dejaron a Changmin sin respuesta.
Yunho respiró hondo.
—Lo único que hizo fue quererme.
Siempre lo supe.
Y aun así...
Nunca dejé de lastimarlo.
Desde aquel día rompió con todo.
Se alejó de su novia.
Dejó de salir con sus amigos.
Incluso abandonó las competencias deportivas que tanto disfrutaba.
Solo había una cosa que daba sentido a sus días.
Esperar el momento en que Jaejoong despertara.
Y, si la vida le concedía esa oportunidad...
Pedirle perdón.
Durante la clase de educación física, Yunho recuperó el balón cerca del arco rival.
Estaba a punto de anotar cuando una voz atravesó la cancha.
—¿Qué pasa, Yunho? ¿Extrañas a la princesita de porcelana que se rompió?
El balón rodó sin que nadie volviera a tocarlo.
Yunho caminó lentamente hacia el muchacho.
Nadie alcanzó a detenerlo.
El primer puñetazo lo derribó.
—No vuelvas a hablar de él.
El segundo llegó antes de que pudiera levantarse.
—¡No vuelvas a burlarte de Jaejoong!
Cuando Yoochun y Changmin consiguieron sujetarlo, Yunho seguía intentando soltarse.
—¡Déjenme!
—¡Yunho, basta! ¡Te van a expulsar!
—¡No me importa!
El otro estudiante terminó en la enfermería.
Y Yunho fue suspendido durante una semana.
Aquella tarde, como todas las anteriores, corrió hasta la clínica.
Esperó frente a la misma puerta.
No pudo verlo.
No importaba.
Volvería al día siguiente.
Y al siguiente.
Y al siguiente también.
Esperaría todo el tiempo que fuera necesario.
Porque, si Jaejoong abría los ojos algún día...
Quería ser la primera persona en pedirle perdón.
Más tarde...
Los tres muchachos permanecían sentados frente a la clínica, envueltos en un silencio que parecía no tener fin.
Fue Yoochun quien se atrevió a romperlo.
—Tienes que seguir adelante, Yunho. Lo que pasó... fue un accidente.
Yunho apretó la mandíbula.
—No.
Su voz sonó firme, aunque apenas era un murmullo.
—Yo provoqué ese accidente.
Changmin suspiró con cansancio.
—Si de verdad quieres ayudar a Jaejoong, empieza por ayudarte a ti mismo. Mírate... ya casi no comes, no duermes y apenas hablas.
Yunho no respondió.
En ese momento, Junsu pasó frente a ellos.
Yoochun se levantó de inmediato.
—¡Junsu! Espera... ¿podemos hablar?
Junsu ni siquiera disminuyó el paso.
Los miró apenas un instante y continuó caminando con absoluta indiferencia.
Yoochun dejó caer los hombros.
—Vaya... me odia.
Yunho desvió la mirada.
—Es por mi culpa.
Guardó silencio unos segundos antes de añadir:
—Ustedes no deberían seguir siendo mis amigos.
Changmin le dio un ligero golpe en el brazo.
—Deja de decir tonterías.
Yoochun intentó sonreír.
—Cuando Jaejoong despierte... todo volverá a ser como antes.
Yunho cerró lentamente los ojos.
—Como antes...
Sabía que eso era imposible.
Otro mes pasó.
Y, como cada tarde, Yunho llegó corriendo a la clínica.
Aquella vez, la señora Kim lo esperaba junto a la puerta.
Lo observó durante unos segundos.
Después sonrió con tristeza.
—Puedes entrar.
Yunho levantó la vista sorprendido.
Entró despacio.
Cada paso parecía más pesado que el anterior.
Al acercarse a la cama, sintió un nudo en la garganta.
Jaejoong seguía dormido.
Los vendajes cubrían parte de su cabeza y algunos hematomas aún permanecían sobre su piel.
Aun así...
Seguía pareciéndole la persona más hermosa que había visto.
La señora Kim observó el temblor de sus manos.
Sin decir una palabra, lo abrazó.
—Va a ponerse bien.
Su voz se quebró al pronunciar aquellas palabras.
Cuando salió unos minutos para hablar con el médico, Yunho quedó completamente solo.
Se acercó hasta la cama.
Cayó de rodillas.
Apoyó la frente sobre el borde del colchón y permaneció inmóvil.
Las lágrimas comenzaron a caer en silencio.
Con infinita delicadeza tomó una de las manos de Jaejoong entre las suyas.
Estaba fría.
La sostuvo con cuidado, como si temiera romperla.
—No soy una buena persona... —susurró.
Respiró profundamente antes de continuar.
—Hay muchas cosas que desearía no haber hecho.
Cerró los ojos.
—Perdóname por todo el daño que te causé.
Cada día daría cualquier cosa por borrar tu dolor... por ser quien pudiera secar cada una de tus lágrimas.
Antes no entendía lo que significabas para mí.
Ahora sí.
Y, si despiertas...
Quiero aprender a ser alguien digno de estar a tu lado.
He encontrado una razón para cambiar.
Una razón para empezar de nuevo.
Y esa razón...
Eres tú.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Solo el sonido constante del monitor respondía a sus palabras.
Cuando la señora Kim regresó unos minutos después, encontró a Yunho profundamente dormido junto a la cama.
Todavía sujetaba la mano de Jaejoong.
La mujer sonrió con ternura.
Le acarició el cabello para despertarlo.
—Será mejor que vuelvas mañana.
Yunho abrió lentamente los ojos.
—Quisiera quedarme un poco más... para cuidarlo.
Ella negó con dulzura.
—Si tú también enfermas, ¿quién vendrá a hacerle compañía todos los días?
Yunho sonrió por primera vez en mucho tiempo.
—Entonces volveré mañana.
Y así fue.
Cada tarde, sin falta, ocupaba la misma silla junto a la ventana.
Le hablaba de la escuela.
Le contaba historias.
Leía en voz alta.
A veces incluso le cantaba, convencido de que, en algún lugar, Jaejoong podía escucharlo.
Las enfermeras terminaron acostumbrándose a su presencia.
—Buenas tardes, señoritas.
—Buenas tardes, Yunho.
Siempre lo recibían con una sonrisa.
Aquella tarde encontró a la señora Kim cabeceando de sueño junto a la cama.
—Señora... ¿por qué no va a tomar un café? Yo me quedo con él.
Ella dudó unos instantes.
Finalmente aceptó.
Cuando la puerta se cerró, Yunho volvió a tomar la mano de Jaejoong.
La apoyó con cuidado contra su mejilla.
—Hoy hace un día bonito... ¿lo sabías?
Entonces sintió un leve movimiento.
Al principio creyó haberlo imaginado.
Pero los dedos de Jaejoong volvieron a moverse.
Yunho levantó la cabeza de golpe.
—¿Jaejoong...?
Los párpados comenzaron a temblar.
Muy despacio...
Jaejoong abrió los ojos.
Durante un instante, ambos permanecieron inmóviles.
Después Yunho sonrió con una felicidad que hacía meses no conocía.
—¡Enfermera! ¡Enfermera! ¡Despertó! ¡Jaejoong despertó!
Salió corriendo al pasillo sin darse cuenta de un pequeño detalle.
Mientras él pedía ayuda desesperadamente...
Una única lágrima resbaló lentamente por la mejilla de Jaejoong.
Tras varios días de observación y una larga serie de exámenes, los médicos llegaron a una conclusión alentadora.
La cirugía había sido un éxito.
La recuperación avanzaba incluso mejor de lo esperado.
Jaejoong respondía a estímulos, obedecía instrucciones sencillas y recuperaba poco a poco la lucidez.
Aun así, el equipo médico decidió actuar con cautela.
Durante algunos días más prohibieron las visitas, permitiendo únicamente la presencia de sus padres.
Yunho esperó.
Como siempre.
Cada tarde ocupaba el mismo lugar frente a la puerta de la habitación.
A veces Changmin o Yoochun se sentaban a su lado.
La mayor parte del tiempo nadie decía una palabra.
Solo esperaban.
Los días siguieron pasando.
Jaejoong hablaba cada vez con mayor claridad.
Comenzaba a recordar pequeños detalles de su infancia.
Sin embargo, el médico tratante advirtió a la familia que aún podían aparecer algunas secuelas propias del traumatismo.
La memoria era impredecible.
Solo el tiempo diría hasta dónde lograría recuperarse.
Finalmente llegó el día.
Yunho podía entrar.
Se quedó inmóvil frente a la puerta.
Las manos le temblaban.
Al otro lado escuchaba una risa.
La risa de Jaejoong.
También la voz de Junsu.
Durante un instante pensó en dar media vuelta.
No estaba seguro de tener derecho a entrar.
—Vamos —dijo Changmin, apoyando una mano sobre su hombro.
Yoochun asintió.
—Llevas meses esperando este momento.
Yunho respiró hondo.
Empujó lentamente la puerta.
Dentro de la habitación encontró una escena que no esperaba.
Jaejoong sostenía un pequeño espejo entre las manos.
Observaba con atención los hematomas que aún quedaban sobre su rostro.
Hizo una mueca de disgusto.
La señora Kim soltó una risa cariñosa.
—Ay, mi vanidoso... sigues siendo muy hermoso.
—Eso es verdad.
La voz de Yunho rompió el ambiente.
Todos volvieron la cabeza hacia él.
La señora Kim sonrió con amabilidad.
—Yunho... ven.
Luego miró a su hijo.
—Mira quién vino a visitarte.
Jaejoong levantó lentamente la vista.
La sonrisa que compartía con Junsu desapareció.
Observó a Yunho durante largos segundos.
Como si buscara algo familiar en aquel rostro.
Yunho sintió que el corazón le golpeaba con fuerza contra el pecho.
—Ho... hola.
Su voz apenas salió.
—¿Cómo... cómo te sientes?
Changmin murmuró por lo bajo:
—Qué pregunta más tonta...
Yoochun le dio un codazo para hacerlo callar.
Jaejoong siguió observando a Yunho.
Después miró a su madre.
Luego a Junsu.
Finalmente volvió la vista hacia el muchacho que tenía delante.
Frunció ligeramente el ceño.
—Perdón...
Hubo una breve pausa.
—¿Quién eres?
El mundo pareció detenerse.
Yunho sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
La señora Kim intentó sonreír.
Aunque la tristeza se reflejaba claramente en sus ojos.
—Cariño... él es Yunho.
Tu vecino.
Tu amigo desde la infancia.
Jaejoong volvió a mirar al muchacho.
Lo estudió con atención.
Después negó lentamente con la cabeza.
—Lo siento...
No lo recuerdo.
Changmin dio un paso al frente.
—¿Y a nosotros?
Jaejoong hizo un gesto de incertidumbre.
—Sus caras me resultan un poco familiares... pero no sé quiénes son.
La señora Kim bajó la mirada.
—El doctor nos advirtió que esto podía pasar.
Su voz se quebró apenas un instante.
—Dijo que algunos recuerdos podían tardar en volver... o regresar de forma incompleta.
Nadie volvió a decir una palabra.
El silencio que llenó la habitación fue mucho más doloroso que cualquier respuesta.
Yunho permanecía inmóvil.
Había esperado meses para escuchar una sola palabra de Jaejoong.
Y, cuando por fin abrió los ojos...
Ya no existía en sus recuerdos.
Pasaron varias semanas.
Los ejercicios de rehabilitación avanzaban lentamente y, aunque Jaejoong aún debía desplazarse en silla de ruedas, cada día recuperaba un poco más de fuerza.
Aquella tarde, Junsu dejó una pila de cuadernos sobre la cama.
—Tienes tanta materia atrasada que podrías llenar otra escuela.
Jaejoong hizo un puchero.
—No tiene ninguna gracia.
Junsu soltó una carcajada.
—La tiene un poco.
Yunho, que permanecía unos pasos más atrás, reunió el valor para hablar.
—Yo... también podría ayudarte a estudiar... si quieres.
Jaejoong volvió la cabeza hacia él.
Su expresión era completamente neutra.
—Gracias... pero creo que con Junsu basta.
La sonrisa de Yunho se desvaneció apenas un instante.
—Entiendo.
En ese momento una enfermera entró empujando una silla de ruedas.
—Es hora de la rehabilitación.
Jaejoong dejó escapar un profundo suspiro.
—Otra vez...
La señora Kim sonrió con paciencia.
—Será mejor que nos vayamos. Ya sabes cómo se pone cuando le toca hacer ejercicios.
Jaejoong hizo un gesto de fastidio mientras la enfermera comenzaba a sacarlo de la habitación.
Yunho observó la escena en silencio.
El simple hecho de ver aquella silla de ruedas le oprimía el pecho.
Fuera de la clínica, los tres amigos permanecían apoyados contra la pared.
—¿Por qué no puede recordarme...? —preguntó Yunho casi en un susurro.
Nadie respondió enseguida.
Finalmente, Junsu habló sin mirarlo.
—Quizá su mente decidió olvidar todo aquello que le hizo daño.
Changmin giró de golpe.
—¡Oye!
Lo señaló con el dedo.
—¿Quieres dejar de decir esas cosas?
Junsu sostuvo su mirada.
—Solo estoy diciendo lo que pienso.
Yunho levantó una mano para detener a Changmin.
—Déjalo.
Respiró hondo.
—Puede que tenga razón.
Junsu bajó la vista y continuó su camino.
Yoochun observó cómo se alejaba sin decir una sola palabra.
Los días siguieron pasando.
Yunho continuó visitando la clínica todas las tardes.
Siempre encontraba la misma respuesta.
Educación.
Distancia.
Indiferencia.
Una tarde, cuando Yunho aún no llegaba, Jaejoong miró a Junsu con curiosidad.
—Hay algo que no entiendo.
—¿Qué cosa?
—Ese chico...
Junsu supo de inmediato de quién hablaba.
—¿Yunho?
Jaejoong asintió.
—No sé por qué... pero no termina de agradarme.
Permaneció pensativo unos segundos.
—¿De verdad éramos amigos desde pequeños?
Junsu guardó silencio.
—Éramos vecinos —respondió al fin.
Jaejoong hizo una mueca.
—Eso no responde mi pregunta.
Junsu sonrió con cierta incomodidad.
—Compartían muchas cosas... pero su relación era complicada.
Jaejoong lo observó con atención.
—Ya veo...
Después se encogió de hombros.
—Entonces no entiendo por qué viene todos los días.
—Supongo que él tendrá sus razones.
Jaejoong decidió cambiar de tema.
—Oye... ¿te has fijado en lo guapo que es el doctor Shirota?
Los ojos de Junsu se iluminaron.
—¡Claro que sí! Es muy atractivo.
—Y altísimo.
Los dos comenzaron a reír.
—Aunque creo que es un poco mayor para ti.
—¡Qué va! El otro día me contó que apenas lleva un año ejerciendo.
Jaejoong sonrió divertido.
—Además... cuando habla japonés no entiendo absolutamente nada.
Junsu arqueó una ceja con picardía.
—Capaz que te esté diciendo cosas indecentes.
Jaejoong abrió mucho los ojos.
—¡Qué tonto eres!
Los dos estallaron en carcajadas.
En ese momento apareció Yunho.
—Hola...
Jaejoong respondió con un gesto amable, aunque distante.
—Hola.
Yunho extendió una pequeña caja envuelta con cuidado.
—Te traje esto.
Jaejoong la observó un momento.
—¿Bombones?
—Recordé que eran tus favoritos.
Jaejoong negó lentamente.
—Ahora no puedo comer chocolate.
—¿Por qué?
—Me produce alergia desde el accidente.
Yunho bajó la caja lentamente.
—Lo... lo siento.
No tenía idea.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
Entonces la puerta se abrió.
—Buenas tardes.
El doctor Shirota entró revisando una carpeta.
Jaejoong levantó la vista de inmediato.
Intercambió una mirada con Junsu y ambos sonrieron con disimulo.
El médico los observó divertido.
—¿Qué ocurre? ¿Qué les resulta tan gracioso?
Los dos negaron al mismo tiempo, intentando contener la risa.
Shirota sonrió y tomó la muñeca de Jaejoong para revisar su pulso.
—Veamos cómo va ese paciente.
Las mejillas de Jaejoong adquirieron un leve tono rosado.
Yunho lo notó enseguida.
Sin saber por qué...
Sintió que algo se apretaba dolorosamente dentro de su pecho.
Un rato después...
Yunho dio un paso hacia la puerta.
—Bueno... será mejor que me vaya.
Jaejoong levantó apenas la vista de la revista que tenía entre las manos.
—¿Todavía sigues aquí?
La pregunta, dicha con absoluta naturalidad, le arrancó una pequeña punzada en el pecho.
Justo en ese momento, la señora Kim entró en la habitación.
Esperó a que Jaejoong desviara nuevamente la atención antes de acercarse a Yunho.
—No te desanimes.
Él intentó sonreír.
—Estoy bien.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—La vida de Jaejoong cambió de un día para otro. A veces ni él mismo entiende lo que siente. Si llega a parecer frío o hiriente... no lo hace con mala intención.
Yunho bajó la mirada.
—Lo sé.
Y era verdad.
No podía culparlo.
En la escuela, Changmin observó a Yunho durante toda la hora del almuerzo.
—Se ha vuelto bastante caprichoso.
Yunho hizo una leve mueca.
—Tiene derecho.
Yoochun dejó la bandeja sobre la mesa.
—¿Qué piensas hacer ahora?
Yunho permaneció unos segundos en silencio.
—Necesito seguir cerca de él.
Aunque sea desde lejos.
Quiero verlo recuperarse por completo.
Changmin apoyó los codos sobre la mesa.
—¿Y después?
Yunho tardó en responder.
—No lo sé.
Aquella tarde, una fisioterapeuta masajeaba cuidadosamente las piernas de Jaejoong.
Cada movimiento iba acompañado de un gesto de dolor.
Yunho observaba desde la puerta, en completo silencio.
Por cada vez que Jaejoong fruncía el ceño...
Él apretaba un poco más los puños.
Los días siguieron pasando.
—¡Yunho!
Changmin señaló discretamente hacia un grupo de estudiantes.
—Mira... esas chicas llevan media hora intentando llamar tu atención.
Yunho ni siquiera volvió la cabeza.
—No estoy de humor.
Suspiró con cansancio.
—Últimamente no soy buena compañía para nadie.
Hizo una pausa.
—Además...
Solo puedo pensar en él.
Changmin lo observó con seriedad.
—Respóndeme una cosa.
—¿Qué?
—¿Todo esto lo haces porque te sientes culpable...
...o porque lo amas?
Yunho permaneció inmóvil.
No contestó.
Después de un largo silencio sonrió con tristeza.
—¿Alguna vez te han dicho que eres demasiado directo?
Changmin cruzó los brazos.
—¿Y tú piensas responderme?
Yunho se marchó sin hacerlo.
Ni siquiera él conocía la respuesta.
En la clínica, el doctor Shirota acompañaba a Jaejoong durante una nueva sesión de rehabilitación.
Yunho observaba desde el pasillo.
A veces Jaejoong reía.
Otras protestaba con un adorable gesto de fastidio.
Sujetándose de las barras paralelas, dio un paso.
Luego otro.
Al final del recorrido, el doctor extendía los brazos para animarlo.
—Muy bien... uno más.
Jaejoong respiró hondo.
Intentó avanzar.
Pero las piernas cedieron.
Su cuerpo cayó pesadamente al suelo.
El golpe resonó dentro de Yunho como un eco.
Por un instante volvió a verse años atrás.
El gimnasio de la escuela.
Las burlas.
Los empujones.
Jaejoong cayendo una y otra vez.
Y él...
Riéndose.
La voz del doctor lo arrancó de aquellos recuerdos.
—¿Te duele?
Jaejoong hizo un pequeño puchero.
—Mucho...
Shirota sonrió con paciencia.
—Lo sé.
Pero nadie dijo que sería fácil.
Hizo una pausa antes de añadir:
—Yo sé que eres muy valiente.
¿Verdad que sí?
Jaejoong respondió con una sonrisa cansada.
En ese momento una enfermera llamó al médico desde la puerta.
—Doctor, ¿puede venir un momento?
—Enseguida.
Ambos salieron unos instantes.
La sala quedó en silencio.
Jaejoong miró las barras.
Respiró profundamente.
Volvió a intentarlo solo.
Se incorporó con esfuerzo.
Avanzó apenas un paso.
Cayó otra vez.
Lo intentó de nuevo.
Y volvió a caer.
Cada golpe parecía desgarrar algo dentro de Yunho.
Quiso marcharse.
No soportaba verlo sufrir.
Entonces escuchó un sollozo.
Sin pensarlo, cruzó la puerta.
—Déjame ayudarte.
El fin de semana llegó más rápido de lo esperado.
Como de costumbre, Yunho apareció temprano en la clínica.
La habitación estaba vacía.
Alarmado, buscó a una enfermera.
—¿Dónde está Jaejoong?
—En el jardín.
Está aprovechando el buen tiempo.
Yunho salió casi de inmediato.
Lo encontró sentado bajo un árbol.
La luz de la mañana se filtraba entre las hojas y caía sobre su rostro.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Simplemente observándolo.
Sintió un leve ardor en los ojos.
Se secó discretamente una lágrima con la manga de la camisa.
Entonces un libro resbaló del regazo de Jaejoong.
Él intentó recogerlo.
Pero no alcanzó.
Yunho se acercó.
Se agachó para tomarlo.
—No importa cuántas veces me rechaces...
No pienso rendirme.
Antes de devolvérselo leyó el título.
El niño que enloqueció de amor.
No pudo evitar sonreír.
Jaejoong hizo una mueca.
—Mi madre insiste en que lo lea.
Pero me parece un libro bastante tonto.
Yunho acarició distraídamente la portada.
—Yo lo he leído varias veces.
Jaejoong lo miró sorprendido.
—Es ridículo.
Nadie puede volverse loco por amor.
Yunho permaneció unos segundos en silencio.
Después levantó la vista.
—Yo también pensaba eso.
Ahora...
Ya no estoy tan seguro.
En ese momento apareció una enfermera.
—Bien, señor Kim. Es hora de la rehabilitación.
Jaejoong dejó escapar un suspiro dramático.
—Otra vez...
Yunho dio un paso atrás.
—Te esperaré.
Jaejoong negó con la cabeza.
—Mejor no.
Cuando termine solo voy a querer dormir.
Yunho sonrió con una calma que hacía meses no conocía.
—No importa.
Aquí estaré.
Esperando.
Los minutos parecían avanzar con una lentitud desesperante.
Yunho caminaba de un extremo a otro del pasillo hasta que, casi sin darse cuenta, volvió a detenerse frente a la sala de rehabilitación.
A través del vidrio observó la rutina de siempre.
El doctor Shirota masajeaba cuidadosamente las piernas de Jaejoong antes de ayudarlo a incorporarse.
Después venían las barras paralelas.
Los primeros pasos.
Las caídas.
El enojo.
Y, aun así...
Volver a empezar.
—Un paso más —animó el médico.
Jaejoong resopló.
—No puedo.
—Claro que puedes.
Shirota sonrió.
—Si consigues llegar hasta la mitad, te ganarás un caramelo.
Jaejoong arqueó una ceja.
—¿Y si logro caminar solo?
El doctor fingió pensarlo unos segundos.
—Entonces dejaré de tratarte como mi paciente favorito.
Jaejoong hizo un puchero.
—Eso no suena a premio.
Los dos rieron.
Fue entonces cuando Shirota levantó la vista y descubrió a Yunho observando desde la puerta.
—Yunho.
Él dio un paso al frente.
—¿Sí?
—Ven un momento.
Cuando estuvo a su lado, el médico le dio una rápida palmada en el brazo.
—Necesito esos brazos fuertes.
Jaejoong frunció inmediatamente el ceño.
—¿Por qué él?
—Porque necesito otra persona que pueda sostenerte si pierdes el equilibrio.
Luego añadió con tranquilidad:
—Confía en mí.
Yunho asintió.
—¿Qué debo hacer?
Shirota le explicó con calma dónde colocarse mientras él atendía a otro paciente durante unos minutos.
Yunho ocupó el extremo opuesto de las barras.
Jaejoong permaneció inmóvil.
Con los brazos cruzados.
Sin la menor intención de obedecer.
Yunho sonrió apenas.
—¿Vas a quedarte ahí como una muñeca de porcelana?
Jaejoong levantó la cabeza de golpe.
—¡Cállate!
—Utiliza ese enojo.
Haz que te ayude a avanzar.
Jaejoong apretó los dientes.
—¿Y tú qué sabes de lo que siento?
Con un esfuerzo enorme logró ponerse de pie.
—Eso...
Muy bien.
Ahora da un paso.
—¡Cállate!
Un paso.
Luego otro.
Las piernas temblaban.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Cada movimiento parecía arrancarle una mueca de dolor.
Cuando apenas faltaban unos centímetros para llegar al otro extremo, sus rodillas cedieron.
Yunho reaccionó por instinto.
Lo sostuvo antes de que golpeara el suelo.
Durante un instante quedaron inmóviles.
Muy cerca.
Jaejoong respiraba con dificultad.
—Suéltame...
murmuró con un hilo de voz.
Pero Yunho seguía sujetándolo para que no cayera.
—No quiero que me abraces...
repitió con los ojos cerrados.
Hizo una pausa.
Su respiración comenzó a acelerarse.
—No quiero...
pero...
No terminó la frase.
Toda la fuerza abandonó su cuerpo.
Sus brazos cayeron inertes a los costados.
—¡Jaejoong!
Yunho sintió cómo el peso del muchacho descansaba por completo sobre él.
—¡Doctor!
Shirota acudió de inmediato.
—Llévenlo a la habitación.
Ahora.
Minutos después...
La señora Kim esperaba angustiada frente al médico.
—¿Cómo está mi hijo?
Shirota cerró cuidadosamente la carpeta clínica antes de responder.
—No fue un retroceso físico.
Eso es lo importante.
La mujer respiró un poco más tranquila.
—Entonces... ¿qué ocurrió?
El médico permaneció pensativo unos segundos.
—Creo que Jaejoong está sometido a una presión emocional muy fuerte.
Todavía hay recuerdos o emociones que su mente no logra ordenar.
A veces, después de un traumatismo, el cuerpo reacciona antes que la memoria.
La señora Kim llevó una mano hasta su boca.
—Pobre de mi hijo...
Shirota asintió con serenidad.
—No debemos forzarlo.
Necesita tiempo.
Solo tiempo.
Aquella tarde decidieron suspender las visitas.
La habitación volvió a quedar en silencio.
Y, por primera vez desde el accidente...
Yunho sintió que había estado más cerca de Jaejoong que nunca.
Y, al mismo tiempo...
Más lejos que jamás.
Al día siguiente...
Como si su vida dependiera de ello, Yunho volvió a llegar a la clínica a la misma hora de siempre.
Se detuvo frente a la puerta y llamó con suavidad.
—¿Puedo pasar?
Jaejoong levantó apenas la vista.
—Ah... eres tú.
Guardó un breve silencio.
—Sí... pasa.
Mientras tanto, el doctor Shirota pidió a la señora Kim que lo acompañara unos minutos al pasillo.
Dentro de la habitación quedó un incómodo silencio.
Jaejoong permanecía sentado sobre la cama, mirando por la ventana.
No volvió la cabeza.
Sin embargo, sus dedos comenzaron a arrugar lentamente las sábanas al notar que Yunho se acercaba.
Yunho tardó unos segundos en encontrar algo que decir.
—Pronto será el aniversario de la escuela.
Jaejoong hizo una leve mueca.
—No sé si participaré este año.
La respuesta llegó seca.
—¿Qué haces aquí?
Yunho bajó la mirada.
—Solo quería saber cómo estabas.
Jaejoong suspiró.
—No hace falta que vengas todos los días.
Prefiero estar con Junsu.
Aquellas palabras dolieron más de lo que Yunho esperaba.
Pero aun así sonrió.
—Lo sé.
Ustedes siempre se llevan muy bien.
Jaejoong cerró lentamente los ojos.
—Tengo sueño.
¿Podrías dejarme descansar?
—Claro.
Perdón por molestarte.
Cuando Yunho se disponía a salir, la almohada resbaló y cayó al suelo.
Él se agachó por instinto.
—Déjame ayudarte.
Jaejoong extendió una mano.
—No es necesario.
Yunho acomodó la almohada con cuidado antes de retroceder.
Su voz apenas fue un susurro.
—Por favor...
Déjame cuidar de ti, aunque sea un poco.
Jaejoong no respondió.
En el pasillo...
Shirota hablaba con la señora Kim.
—Por ahora creo que debemos limitar las visitas.
Ella frunció el ceño.
—¿Ha empeorado?
—No.
Pero aún está muy vulnerable emocionalmente.
Hay personas cuya presencia parece alterarlo más de la cuenta.
Y eso puede dificultar su recuperación.
La mujer comprendió enseguida de quién hablaba.
Shirota continuó con serenidad.
—No significa que Yunho le haga daño.
Simplemente despierta emociones que Jaejoong todavía no entiende.
Y no sería prudente forzarlo.
Necesita recuperarse primero.
Después veremos qué hacer.
La señora Kim asintió con tristeza.
Aquella misma tarde...
Yunho regresó, como siempre.
La señora Kim lo esperaba antes de que pudiera entrar.
Él sonrió con esperanza.
Ella, en cambio, no pudo devolverle la sonrisa.
—Lo siento.
Hoy no podrás verlo.
La expresión de Yunho cambió de inmediato.
—¿Qué ocurrió?
—Estuvo muy alterado después de la rehabilitación.
El médico cree que, por ahora, lo mejor es suspender tus visitas.
Yunho permaneció inmóvil.
—¿Solo... las mías?
La señora Kim cerró los ojos un instante.
—Es una indicación médica.
Lo siento mucho.
Él quiso decir algo.
Cualquier cosa.
Pero las palabras parecían negarse a salir.
Solo consiguió asentir.
Después dio media vuelta.
Caminó sin rumbo.
Como un hombre que hubiera olvidado cómo regresar a casa.
Al llegar al pequeño parque frente a la clínica, se dejó caer sobre un banco.
Levantó lentamente la vista.
Buscó la ventana de la habitación de Jaejoong.
Todavía había luz.
Sus labios temblaron.
—Jaejoong...
Lo llamó una sola vez.
Su voz apenas logró cruzar la distancia.
Después escondió el rostro entre las manos.
Y lloró.
En la habitación...
Los calmantes comenzaban a hacer efecto.
Jaejoong luchaba por mantener los ojos abiertos.
Creyó escuchar algo.
Muy a lo lejos.
Como si alguien pronunciara su nombre.
Abrió lentamente los párpados.
Miró hacia la ventana.
No había nadie.
Cerró nuevamente los ojos.
Instintivamente abrazó el libro que descansaba junto a él.
El niño que enloqueció de amor.
Y, poco a poco, terminó por quedarse dormido.
Al día siguiente, en la escuela...
Yoochun miró alrededor del salón.
—Junsu no vino hoy.
Yunho dejó de escribir.
—Debe de estar con Jaejoong.
Changmin levantó una ceja.
—Pero las visitas estaban prohibidas...
Hizo una breve pausa.
—¿O solo estaban prohibidas para ti?
Yoochun le lanzó una mirada de advertencia.
—¿Qué?
¿Qué dije ahora?
Yunho sonrió con amargura.
—Seguramente es eso.
Desde que despertó...
No soporta verme.
Changmin permaneció unos segundos en silencio.
Después preguntó con mucho cuidado:
—¿Y si algún día recupera la memoria...
...crees que eso cambiará las cosas?
Yoochun respondió antes que Yunho.
—Claro que sí.
Recordará cuánto lo quería.
Changmin bajó la vista.
—También recordará todo lo que sufrió por su culpa.
El silencio cayó sobre los tres.
Finalmente murmuró:
—Lo siento.
Yunho observó distraídamente el patio de la escuela.
Su voz sonó extrañamente tranquila.
—No existe recuerdo que pueda herirme más de lo que ya lo hace mi propia conciencia.
Esa noche...
El sueño tampoco quiso visitarlo.
Aquella noche...
Jaejoong soñó.
No recordaba rostros.
Tampoco voces.
Solo una sensación cálida que, de pronto, se transformó en una profunda tristeza.
Abrió los ojos sobresaltado.
Se incorporó lentamente sobre la cama.
Llevó una mano a su pecho.
—Yo...
Frunció el ceño.
—Yo amaba a alguien...
El corazón comenzó a latirle con fuerza.
—¿Pero... a quién?
Mientras tanto, en casa de los Jung...
—¡No!
La voz de la señora Jung resonó por toda la sala.
—Hasta que no mejores tus notas, no volverás a la clínica.
Yunho intentó protestar.
—Pero mamá...
—No, Yunho.
Durante meses has descuidado la escuela.
Tus profesores están preocupados.
Tú mismo prometiste que terminarías el año siendo el mejor alumno.
Yunho bajó la cabeza.
—Ya soy lo bastante grande para decidir.
Su madre suspiró.
—Precisamente porque estás creciendo, debes aprender que no puedes abandonar tu vida por sentirte culpable.
Se acercó y le acomodó el cuello del uniforme.
—Sé cuánto te preocupa Jaejoong.
Pero, por mucho que quieras...
Hay cosas que no puedes hacer por él.
Yunho levantó lentamente la vista.
—Seguiré a su lado.
No importa cuánto tiempo tenga que esperar.
Ella sonrió con tristeza.
—Ese cariño que sientes por él...
Hace mucho dejó de parecerme el de un simple amigo.
Yunho desvió la mirada.
No fue capaz de negarlo.
La señora Jung comprendió que había preguntas que todavía no debían hacerse.
En la clínica...
Junsu notó que Jaejoong no dejaba de observarlo.
—¿Qué pasa?
Me estás poniendo nervioso.
Jaejoong permaneció pensativo.
—¿Somos amigos?
—Claro.
—Entonces...
No me ocultarías algo importante, ¿verdad?
Junsu soltó una risa incómoda.
—Depende.
—Respóndeme una cosa.
¿Yo tenía novia?
Junsu estuvo a punto de atragantarse.
—¿Novia tú?
Jaejoong frunció el ceño.
—¿Y qué tiene de raro?
—No...
Nada.
Es solo que...
Se quedó callado.
Jaejoong respiró hondo.
—Recordé algo.
Junsu dejó de sonreír.
—¿Qué recordaste?
—Que estaba enamorado.
Pero no recuerdo de quién.
Lo miró directamente a los ojos.
—Y tú lo sabes.
Dímelo.
Junsu cerró los ojos un instante.
Aquella respuesta podía cambiar demasiadas cosas.
Finalmente habló casi en un susurro.
—No era...
ella.
Jaejoong parpadeó.
—¿Cómo?
Junsu tragó saliva.
—Era...
él.
El silencio fue absoluto.
Antes de que Jaejoong pudiera reaccionar, una enfermera apareció en la puerta.
—Señor Kim.
Es hora de la rehabilitación.
Junsu soltó el aire lentamente.
Nunca una enfermera le había parecido una salvación.
Mientras Jaejoong se alejaba en la silla de ruedas, una sola palabra daba vueltas dentro de su cabeza.
Él.
Solo...
Él.
La semana siguiente estuvo llena de exámenes.
Yunho estudió como hacía tiempo no lo hacía.
Recuperó el primer lugar de la clase.
Volvió a destacar en los deportes.
Las chicas parecían interesarse cada vez más por él.
Pero Yunho ni siquiera lo notaba.
Su mente seguía en otro lugar.
Durante el almuerzo, Changmin rompió el silencio.
—Ya han pasado varios meses.
Deberías empezar a seguir adelante.
Yunho negó con firmeza.
—No puedo.
Yoochun suspiró.
—Y mientras tanto, mi Susu pasa más tiempo con Jaejoong que conmigo.
Yunho sonrió apenas.
—Qué suerte tiene Junsu.
Changmin resopló.
—Ustedes dos me desesperan.
Y cuando me desespero...
Me da hambre.
Yoochun soltó una carcajada.
—Como si necesitaras una excusa.
Aquella tarde, Jaejoong permanecía solo en la habitación.
Cambió de canal varias veces.
Nada lograba entretenerlo.
Con esfuerzo tomó el libro que descansaba sobre la mesa de noche.
El niño que enloqueció de amor.
Lo observó unos segundos.
—¿Tan enamorado estaba...?
Las mejillas se le tiñeron de un leve rubor.
En ese momento, un pequeño papel cayó de entre las páginas.
Lo recogió con curiosidad.
Era una nota escrita de su puño y letra.
Es doloroso que todos lo sepan.
Tal vez para ti solo soy un tonto.
Pero no me importa.
Siempre estaré aquí, amándote con todo lo que soy.
No importa si nunca me correspondes...
Yo seguiré enamorado.
Jaejoong acarició distraídamente aquellas palabras.
—Es mi letra...
Sus ojos comenzaron a apagarse.
—Entonces...
Nunca fui correspondido.
Cerró lentamente el cuaderno.
Sintió una tristeza imposible de explicar.
Después sonrió con ironía.
—Qué curioso...
No sé por qué...
Pero este lugar era mucho menos aburrido cuando venía ese chico.
Se quedó inmóvil.
Él mismo parecía sorprendido por lo que acababa de decir.
Ese mismo día, un alumno nuevo llegó a la escuela.
Cuando Yunho lo vio entrar al salón, el tiempo pareció detenerse.
Durante un segundo creyó estar viendo al Jaejoong de años atrás.
El muchacho levantó la vista.
Le sonrió con amabilidad.
Yunho sintió cómo el rostro comenzaba a arderle.
¡Paf!
Un coscorrón lo devolvió a la realidad.
—Ya sé lo que estás pensando.
Changmin cruzó los brazos.
—Sí.
Se parece un poco.
Pero no es Jaejoong.
¿Te quedó claro?
Yunho se frotó la cabeza.
—Solo fue la impresión del primer momento.
—Más te vale.
Los días siguieron pasando.
—¿No has vuelto a la clínica? —preguntó Yoochun.
—¿Para qué?
Ni siquiera me dejan esperar en el pasillo.
En ese momento el estudiante nuevo pasó junto a ellos.
Volvió a dedicarle una sonrisa a Yunho antes de seguir caminando.
Yoochun observó la escena divertido.
—Ese chico acaba de lanzar el anzuelo.
Changmin sonrió de medio lado.
—La pregunta es...
¿Vas a morderlo?
Yunho ni siquiera respondió.
Su silencio fue suficiente.
El muchacho volvió a pasar frente a ellos. Esta vez, en lugar de limitarse a sonreír, se detuvo.
—Soy Park Hyun Cheol... pero puedes llamarme Karam.
Extendió una mano con naturalidad.
—Soy tu admirador.
Y, ya que estamos... ¿me invitas un helado? Dicen que en la esquina venden unos deliciosos.
Changmin soltó una carcajada.
—Vaya... no manda a nadie a hacer el trabajo por él.
Yoochun fingió abanicar su rostro.
—Qué chico tan directo. Hasta me sonrojé.
Yunho iba a responder cuando vio a Junsu cruzando el patio.
Sin pensarlo dos veces, dejó a Karam con la palabra en la boca y corrió hasta él.
—Junsu... por favor. Dime cómo está. ¿Ha preguntado por mí?
Junsu desvió un instante la mirada hacia Karam y luego volvió a Yunho.
—Jaejoong está mejor. Ha reaccionado muy bien.
Yunho contuvo la respiración.
—¿Él... dijo que quería verme?
—No.
Los médicos simplemente dijeron que ya puede recibir visitas.
La ilusión del moreno vaciló apenas un segundo.
Después volvió a sonreír.
—Eso es suficiente.
Miró a Changmin y Yoochun.
—Voy a verlo. Ahora mismo.
Ni siquiera esperó a que terminaran las clases.
Saltó el muro de la escuela como tantas otras veces, impulsado únicamente por la esperanza.
Changmin observó cómo desaparecía.
—Yo, en tu lugar, me daría por vencido.
Karam siguió la dirección en la que Yunho había salido corriendo.
—¿Quién es ese tal Jaejoong?
Yoochun sonrió con cierta nostalgia.
—La persona más importante para Yunho.
Luego añadió con amabilidad:
—Hazle caso a Changmin.
Te ahorrarás un desengaño.
En la clínica...
Jaejoong permanecía recostado, observando cómo el viento hacía danzar las hojas de los árboles.
Bailar...
Aquella palabra despertó una sensación extraña.
—Esa persona...
Sabía bailar muy bien...
Cerró los ojos con fuerza.
—¿Por qué no puedo recordar su rostro? ¿Ni siquiera su nombre?
Suspiró.
Miró el ejemplar de El niño que enloqueció de amor que descansaba sobre la mesa.
Entonces un recuerdo cruzó fugazmente por su mente.
Abrió los ojos de golpe.
Se incorporó en la cama.
—Yo... no estaba solo.
Su respiración se aceleró.
—Había alguien conmigo...
Poco a poco comenzaron a regresar fragmentos.
Una voz.
Un susurro.
Canciones cantadas muy cerca de él.
—Era...
Era ese sujeto.
Yunho.
Recordaba su voz.
La había escuchado una y otra vez mientras permanecía dormido.
Frunció el ceño.
—Pero... ¿por qué?
Se dejó caer nuevamente sobre la almohada.
—¿Qué me pasa con ese tipo?
Cuando está aquí...
me desespera.
Y cuando no viene...
El silencio terminó la frase por él.
Negó con la cabeza.
—No.
Tengo que descubrir quién era la persona de la que estaba enamorado.
En ese momento entró la señora Kim.
Sonreía.
—Hay alguien que quiere verte.
—¿Quién?
—Yunho.
Si prefieres, puedo decirle que vuelva otro día.
La señora Kim ya caminaba hacia la puerta cuando escuchó la voz de su hijo.
—¡Espera!
Ella se volvió.
—¿Cambiaste de opinión?
Jaejoong vaciló unos segundos.
—Sí...
Puede entrar.
La señora Kim sonrió satisfecha.
Entonces volvió a escuchar su voz.
—¡Espera otra vez!
—¿Ahora qué sucede?
Jaejoong carraspeó con cierta vergüenza.
—¿Dónde está mi espejo?
Su madre soltó una suave risa.
Mientras tanto...
Yoochun alcanzó a Junsu antes de que abandonara la escuela.
—Necesito hablar contigo.
Junsu lo miró con resignación.
—¿Ahora qué hiciste?
Yoochun respiró hondo.
Por una vez, no estaba bromeando.
—Respóndeme una sola cosa.
Si me dices que jamás podrías quererme...
dejaré de insistir.
Junsu quedó sorprendido.
Nunca lo había visto tan serio.
Bajó lentamente la mirada.
—No puedo responderte.
—¿Por qué?
—Porque ni yo mismo entiendo todavía lo que siento.
El silencio duró apenas unos segundos.
Yoochun sonrió.
Era una sonrisa pequeña.
Honesta.
—Entonces...
todavía tengo una oportunidad.
Junsu negó con la cabeza, incapaz de ocultar una tímida sonrisa.
—Eres un caso perdido.
—Eso significa que seguiré intentándolo.
En la clínica...
—Hola.
—Hola.
Un silencio incómodo cayó entre ambos.
—¿Cómo te has sentido?
—Bien.
—Te ves mucho mejor.
Jaejoong hizo una leve mueca.
Yunho buscó cualquier tema de conversación.
—¿Qué hacías?
—Leía.
El moreno no pudo evitar sonreír.
La revista estaba completamente al revés.
Jaejoong siguió la dirección de su mirada.
Se sonrojó.
—Bueno...
No estaba leyendo.
Solo... fingía.
Yunho soltó una risa suave.
Era la primera vez, desde el accidente, que reían por la misma razón.
Sobre la mesa descansaban varios libros escolares.
—Si quieres...
puedo ayudarte a estudiar.
—No hace falta.
Haré exámenes libres.
—Aun así puedo ayudarte.
Jaejoong levantó una ceja.
—¿Y para qué eres bueno?
Yunho sonrió.
—No es por presumir...
pero bastante bueno en todo.
—Qué modesto.
Ambos rieron.
Jaejoong tomó uno de los cuadernos.
—Entonces explícame este ejercicio.
Ayer Junsu intentó hacerlo y terminé más confundido que antes.
Yunho observó la hoja.
—No parece tan difícil.
—Para ti.
Yo juraría que los números cambian de lugar cuando los miro.
Yunho volvió a reír.
Sin darse cuenta, aquel instante sencillo le devolvió una felicidad que creía perdida.
Los días comenzaron a transcurrir de otra manera.
Aunque jamás lo hubiera reconocido en voz alta, Jaejoong empezaba a acostumbrarse a la presencia de Yunho.
Ya no ocupaba cada minuto intentando descubrir de quién había estado enamorado.
Había algo mucho más inmediato.
Esperar la hora de las visitas.
Cuando Yunho tardaba unos minutos más de lo habitual, miraba el reloj con impaciencia.
Y fingía que aquello no significaba nada.
Un día...
La puerta se abrió.
Jaejoong levantó la cabeza casi de inmediato.
Su expresión se apagó apenas un poco.
—Ah...
Eres tú, Junsu.
Junsu arqueó una ceja.
—¿Esperabas a alguien más?
—¿Yo?
Claro que no.
Cambió rápidamente de tema.
—Tú me debes explicaciones.
—¿Yo?
—Me contó un pajarito que tú y Yoochun...
Junsu sintió que las mejillas comenzaban a arder.
—Apuesto a que ese pajarito se llama Yunho.
Jaejoong soltó una carcajada.
—¡Entonces era verdad!
¿Y por qué no me contaste?
¿No se supone que somos amigos?
Junsu sonrió.
—Tú tampoco me cuentas todo.
—Sí lo hago.
—¿Seguro?
Hace unos días decías que Yunho te caía mal.
Jaejoong carraspeó.
—Bueno...
Estoy enfermito.
Tengo derecho a cambiar de opinión.
Ambos rieron.
Después de unos segundos, Jaejoong habló con aparente indiferencia.
—No es que me importe...
pero...
¿Yunho tiene novia?
Junsu sonrió para sus adentros.
—No.
—Ah.
—Aunque tiene bastantes admiradores.
Chicas...
y chicos.
Jaejoong bajó la vista.
—Ya veo.
—Hay uno nuevo en la escuela que prácticamente lo sigue a todas partes.
Jaejoong frunció el ceño sin darse cuenta.
—¿Y él?
Junsu suspiró.
—No parece verlo.
El silencio se instaló entre ambos.
Junsu no podía evitar preguntarse qué ocurriría cuando Jaejoong recuperara todos sus recuerdos.
¿Sería capaz de perdonar?
¿O volvería a romperse?
—¿En qué piensas?
—En Yoochun.
Jaejoong sonrió.
—Bien que te gusta.
Junsu soltó una risa resignada.
—Supongo que sí.
En ese momento entró el doctor Shirota.
—Veamos cómo están esas piernas.
Descubrió cuidadosamente las piernas de Jaejoong y comenzó la revisión.
Los músculos respondían cada vez mejor.
Aunque los ejercicios seguían siendo dolorosos.
—Si continúas así...
muy pronto volverás a caminar.
—Yo me encargaré de que eso ocurra.
Jaejoong levantó la vista hacia la puerta.
Y sonrió.
Yunho acababa de llegar.
Solo entonces pareció recordar que tenía las piernas descubiertas.
Con un gesto apresurado se cubrió con la sábana.
Yunho sonrió para sí.
Aquel rubor...
Aquella inocencia.
Seguían siendo parte del verdadero Jaejoong.
El doctor observó la escena con una sonrisa divertida.
—Veo que he sido desplazado al segundo lugar.
Jaejoong bajó la mirada, completamente avergonzado.
Yunho, en cambio, frunció el ceño.
Junsu no pudo contener la risa.
—Los dejo un momento.
No lo cansen demasiado.
Cuando el médico salió de la habitación, Jaejoong comentó con total naturalidad:
—Mi doctor es muy guapo.
Yunho hizo una mueca.
—No es para tanto.
Junsu soltó una carcajada.
—Yo también me voy.
Tengo una cita.
Jaejoong sonrió con picardía.
—Promete que te cuidarás.
Dicen que ahora cualquiera sale embarazado.
Junsu abrió mucho los ojos.
Por alguna razón, imaginar a Yoochun embarazado le provocó un escalofrío.
Los tres terminaron riendo.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, el silencio regresó a la habitación.
Jaejoong observó unos segundos a Yunho.
Después habló muy despacio.
—Sé que eras tú.
Yunho sintió que el corazón dejaba de latir.
—¿Lo... lo recuerdas?
Jaejoong negó lentamente.
—No.
Tu rostro sigue siendo un misterio.
Pero tu voz...
esa sí la recuerdo.
Cuando estaba dormido...
siempre estaba ahí.
A veces me hablaba.
A veces me pedía que despertara.
Y...
sonrió con timidez.
—También me cantabas.
Yunho bajó la mirada.
Jamás imaginó que aquellas canciones hubieran logrado atravesar el silencio del coma.
Se hizo un largo silencio.
Hasta que Jaejoong volvió a hablar.
—¿Podrías hacerlo otra vez?
Yunho levantó lentamente la vista.
—¿Qué cosa?
—Cantar para mí.
Porque...
creo que esa voz...
me hace sentir en casa.
Una cosa más...
las partes que me gustan de ti, no sé por qué pero creo que esas son las partes malas de ti....
Eres torpe y caes con facilidad pero pones un fuerte frente...siempre y para siempre solo quedate así, voy a protegerte...
baby una cosa más, aquí mismo a tu lado el amor que has estado buscando , estaré aquí siempre para ti...
Cuando la vida se vuelva dura, simplemente cae en mis brazos...
puedes ser un niño poco pequeño llorando hasta quedar dormido, oh no...
cualquier sueño, cualquier deseo, incluso las inseguridades que tengas...todo, todo va a estar bien...
Yo estoy aquí para ti...
baby una cosa más, eres una especie única en este mundo. Voy a seguir amándote tal y como eres...
baby una cosa más, voy a ayudarte a seguir adelante...
seguramente, incluso las lágrimas voy a transformarlas en sonrisas...
Tu eres la persona más preciada en mi vida y si eres feliz, esa será mi mayor felicidad...
baby una cosa más, aquí mismo a tu lado el amor que has estado buscando...estaré aquí, siempre para ti...
La habitación quedó en silencio.
Por primera vez en mucho tiempo, ninguno de los dos sintió la necesidad de llenarlo.
Jaejoong bajó la mirada.
—Lo siento...
Yunho lo observó sorprendido.
—¿Por qué?
El menor apretó suavemente las sábanas.
—He sido muy difícil contigo.
Te he tratado mal...
Yunho negó lentamente.
—No tienes que disculparte.
La culpa hizo que su voz se volviera más baja.
—Soy yo quien debería hacerlo.
Yo...
Antes de que pudiera continuar, la puerta se abrió.
—Es hora de la medicina y luego debes descansar.
La enfermera sonrió.
Jaejoong hizo una mueca de disgusto.
Yunho no pudo evitar sonreír.
Esa expresión...
Seguía siendo la misma.
—Entonces volveré mañana.
Si tú quieres.
Jaejoong se encogió de hombros, intentando aparentar indiferencia.
—Haz lo que quieras.
Pero una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Y para Yunho fue suficiente.
Una pequeña esperanza.
Una que cuidaría como si fuera lo más frágil del mundo.
Al día siguiente, en la escuela...
—Así que está cediendo —comentó Yoochun con una sonrisa.
Yunho bajó la mirada, incapaz de ocultar la felicidad.
—Solo quiero verlo bien.
Changmin permaneció serio.
—Sé que no te gusta escuchar esto.
Yunho levantó la vista.
—¿Qué?
—¿Qué harás si recuerda todo?
El silencio cayó entre los tres.
Changmin continuó.
—Y cuando digo todo...
me refiero a todo.
La sonrisa de Yunho desapareció.
—No me hagas pensar en eso.
—Pero debes hacerlo.
Porque puede pasar.
Y entonces...
¿qué ocurrirá?
Yunho apretó los puños.
No tenía respuesta.
Porque por más que soñara con que Jaejoong recuperara sus recuerdos...
había una parte de él que temía exactamente eso.
A unos metros de distancia, alguien había escuchado parte de la conversación.
Karam permanecía apoyado contra la pared.
No había entendido todo.
Pero sí lo suficiente.
"Una verdad".
"Recuerdos".
"Algo que Jaejoong no sabe".
Sonrió levemente.
—Así que hay algo más...
Miró hacia donde Yunho se encontraba.
—¿Qué estás escondiendo?
Y si hay una verdad...
yo voy a descubrirla.
¿Jaejoong se está enamorando nuevamente de yunho?...
¿Que pasará cuando recuerde que es a yunho a quien amaba y este solo lo rechazaba?...
¿Que pasará cuando se entere que por causa de yunho tuvo aquel accidente?
¿Se quedará tranquilo karam?...
¿Se sentirá engañado?...
CONTINUARÁ....
(canción.. one more thing_tvxq)...
depende todo depende...de que depende...