Era una fría mañana de otoño y Jaejoong aguardaba en el andén apoyado a una columna, con las manos en los bolsillos de su abrigo. La lluvia iniciaba su golpeteo constante contra el techo. El tren venía retrasado.
Respiró profundamente.
Caminó algunos pasos.
Entonces escuchó una melodía lejana. Se detuvo y agudizando el oído para reconocer las notas, hasta que una tenue sonrisa se dibujó en sus labios. Era su canción; la de ellos. Esa melodía que compartía con la persona que aún habitaba en un rincón de su corazón.
Habían pasado dieciséis años. Dieciséis años desde la última vez que lo había visto.
No lo había olvidado.
Para algunos olvidar es sencillo: una fotografía que pierde la nitidez con los años, una voz que se vuelve imposible de evocar, un nombre que queda en silencio. Pero él había permanecido como permanecen esas canciones que no escuchas en mucho tiempo y que, sin embargo, bastan con sonar una sola vez para recordar exactamente dónde estabas cuando las oíste por primera vez.
Y entonces, aquella mañana...
—El tren presenta un retraso de veinte minutos —retumbó la voz metálica por el altavoz, perdiéndose entre el murmullo de los pasajeros que recién llegaban, encogidos por el frío.
Jaejoong suspiró, y de pronto un pálpito brusco le aceleró el pulso, levantó la mirada.
Había un hombre sentado en uno de los bancos al otro extremo del andén. Al principio creyó que se trataba de un extraño parecido. Pero hay rasgos que el tiempo no conseguía borrar.
Y de pronto todo lo demás pareció desaparecer, a excepto de ese hombre.
Era Yunho, el hombre que habitaba en un rincón de su corazón.
Él también lo reconoció al instante.
Dieciséis años enteros parecieron caber en ese único silencio.
Yunho se levantó del banco y caminó hacia él despacio. Cada uno de sus pasos parecía arrastrar consigo la sombra de lo que alguna vez fueron: la versión de los dieciocho años, la que se reía por cualquier tontería, la que prometía que, aunque la vida cambiara, siempre volverían a encontrarse.
—Hola —dijo Yunho al llegar frente a él.
Solo una palabra. Y, sin embargo, Jaejoong sintió como si se abriera una puerta que llevaba más de una década cerrada con llave.
—Hola.
Jaejoong sonrió y Yunho le devolvió el gesto. Fue una sonrisa nostálgica, como si ambos supieran que le sonreían al recuerdo de los adolescentes que fueron.
Hablaron de cosas sin importancia, sonrieron, rieron, pero los momentos en silencio eran más significativos. Una mirada fugaz ocultaba tantas palabras que ninguno de los dos se atrevía a decir.
Durante un brevísimo instante, volvieron a ser esos dos chicos burlándose del mundo. Luego, el silencio los envolvió de nuevo.
—Ha pasado mucho tiempo —dijo Yunho.
—Dieciséis años —contestó Jaejoong.
Otro silencio.
El altavoz anunció una nueva demora; el destino decidió regalarles unos minutos más.
—Te fuiste sin despedirte —soltó Jaejoong de pronto, rompiendo la calma.
Yunho tardó en responder.
—Tú tampoco te despediste.
—Yo esperaba que vinieras.
—Y yo esperaba que me pidieras que me quedara.
Yunho apretó los labios. Ahí estaba: la frase amarga que había permanecido oculta durante doce años debajo de todas las demás. No habían dejado de quererse de golpe, no había habido una tragedia ni una pelea feroz. Simplemente habían llegado a ese punto en que dos personas pueden amarse profundamente y, aun así, no saber cómo quedarse juntas.
Jaejoong fijó la vista en los rieles.
—Éramos muy jóvenes.
—Sí.
—Pensé que ibas a volver.
Yunho tragó saliva.
—Y yo pensé que irías a buscarme.
Jaejoong soltó una risa, aunque los ojos se cristalizaron.
Durante un largo momento, el único sonido en la estación fue la lluvia golpeando las estructuras metálicas.
—¿Eres feliz? —preguntó Jaejoong. La pregunta era sencilla; la respuesta, no tanto.
Yunho meditó antes de contestar.
—Sí.
—Me alegro.
—¿Y tú?
Jaejoong miró su reloj y luego fijó sus ojos en los de Yunho.
—Sí.
No hubo necesidad de preguntar más. Habían vivido, era evidente. Habían transcurrido años enteros sin el otro, repletos de mañanas, trabajos, viajes, personas nuevas, ausencias y pequeños momentos que ninguno conocía del otro. El tiempo había hecho su trabajo construyendo vidas completas alrededor de un vacío.
—¿Te acuerdas de la primera vez que nos vimos? —preguntó Jaejoong.
Yunho sonrió.
—Cómo olvidarlo.
Jaejoong lo observó en silencio. Había algo hermoso y desgarrador en descubrir que ciertos momentos compartidos sobrevivían al tiempo.
A lo lejos surgió el tren. Ambos sintieron que algo se terminaba otra vez.
Jaejoong lo miró a los ojos.
—Me alegró verte.
—A mí también —contestó Yunho.
Quiso decirle muchas cosas: que había pensado en él en incontables ocasiones, que durante años imaginó cómo sería la vida juntos. Pero algunas palabras llegan demasiado tarde, incluso cuando se ha tenido dieciséis años para prepararlas.
—Esperaré el próximo —dijo Yunho de pronto, inventando una excusa al recordar un recado pendiente.
—Cuídate —se despidió Jaejoong.
Yunho asintió.
—Tú también.
Las puertas se abrieron. Jaejoong subió al vagón, se giró para mirarlo una última vez, le dedicó una sonrisa serena. Las puertas se cerraron y el tren comenzó su marcha.
Yunho permaneció en el andén. Mientras las luces del tren se desvanecían entre la llovizna, comprendió algo que le dolió con una resignada tranquilidad: tal vez algunas personas no regresan a nuestra vida para quedarse. Quizá solo vuelven para demostrarnos que aquello que vivimos fue real; que alguna vez fuimos plenamente felices y quisimos a alguien con toda la fuerza de la que éramos capaces. Y que, aunque el tiempo haya cambiado nuestras rutinas, hay recuerdos que siguen aguardando intactos. Como un tren retrasado. Como una tarde de lluvia.
Respiró profundamente. Por primera vez en dieciséis años, no sintió que aquella historia hubiera quedado inconclusa. No habían vuelto, pero no hacía falta; se habían encontrado y, a veces, eso era suficiente.
Aunque... otras veces, si la vida es lo bastante piadosa, las cosas simplemente vuelven a empezar.
...
Este es un pequeño regalo para las personas que aún siguen visitando este blog. Las recuerdo con mucho cariño. Hasta pronto.
Gracias!!
ResponderEliminarHola soy Reina, espero que te acuerdes de mí . Divino me encantó , me pareció que tú historia estaba inspirada en la nueva canción de nuestro amado ❤️ Yunho. Espero de todo corazón que te encuentres bn y gracias por acordarte de nosotras . Un abrazo grande , hasta pronto.
ResponderEliminarHola Reina, claro que me acuerdo de ti. Gracias por leer y comentar. Hasta pronto.
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